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Teresita de Lisieux: Una Vivencia Mística para el Servicio

Ron Rolheiser (Traducción Carmelo Astiz) -
Cuando la joven mística francesa, Santa Teresita de Lisieux, intentaba explicar su vocación, se refirió a una vivencia interior que le abrasó el alma y que había recibido como don:

Un domingo, mirando a un cuadro de Nuestro Señor en la Cruz, me impresionó poderosamente la sangre que fluía de una de sus divinas manos. Sentí una punzada de gran pesar en mi corazón al pensar que esta sangre iba cayendo al suelo sin que nadie se apresurara a recogerla. Entonces resolví permanecer en espíritu al pie de la cruz para recibir su “rocío”. …No quiero que esta preciosa sangre se pierda. Gastaré mi vida recogiéndola para el bien de las almas. …Vivir desde el amor es enjugar Tu Rostro.

A un cierto nivel, esto puede interpretarse como una descripción de simple exceso de piedad;  una monja joven y mojigata sentada en una capilla, admirando un crucifijo y sintiéndose emocionalmente sobreexcitada en una escena imaginativa de un Jesús abusado y crucificado.

Pero esto es una metáfora, una imagen mística, por cierto muy retadora.

Cuando Teresa de Lisieux habla aquí de Cristo no se está refiriendo solamente, ni incluso primariamente, al cuerpo del Jesús histórico, sino al Cuerpo de Cristo en este nuestro mundo de hoy. Cristo sigue todavía sufriendo y la sangre sigue fluyendo de su rostro y de sus manos en muchas partes del orbe. Una de nuestras tareas como cristianos, y simplemente como seres humanos, es, hablando metafóricamente, percatarse de esa sangre, recogerla y honrarla adecuadamente. La tarea cristiana, siempre, es estar al pie de la cruz y recoger su “rocío”, de modo que su preciosa riqueza no se pierda.

¿Cómo logramos esto?

  • Cuando Amnistía Internacional o cualquier grupo o individuo dedicado a la justicia, van a zonas de nuestro mundo que viven en la violencia y en el tormento de la guerra; cuando documentan allí la violencia, y dan públicamente la lista de los desaparecidos, están de pie junto a la cruz, recibiendo su flujo y apresurándose a recogerlo.
  • Cuando una monja deja la seguridad de su comunidad y de su propio país y viaja a Sudán para estar al lado de mujeres que han sido violadas, y documenta sus historias, está de pie junto a la cruz, recibiendo su rocío y apresurándose a recogerlo.
  • Cuando una amiga en un patio de recreo, después de un incidente, se apresura a consolar a la joven vulnerable que ha sido humillada por el matón de la escuela, ella está también a los pies de la cruz, recibiendo su rocío y apresurándose a recogerlo.
  • Cuando un hombre, como Grez Mortenson, deja atrás una vida de privilegio y confort y arriesga todo, incluso su vida, con el fin de construir escuelas en las zonas más rurales de Pakistán para que jóvenes musulmanes, especialmente muchachas, puedan recibir educación, está a los pies de la cruz, recibiendo su rocío y apresurándose a recogerlo.
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