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¿Tenemos ángeles de la guarda?

Ron Rolheiser (Trad. Benjamín Elcano, cmf) -

De niño, me enseñaron que tenía un ángel de la guarda, un verdadero ángel dado por Dios para acompañarme por todas partes y protegerme de todo peligro. Recuerdo una estampa piadosa que me dio mi madre y que mostraba a un niño pequeño jugando peligrosamente junto al borde de un acantilado y a un ángel protegiéndolo allí. La mayoría de los católicos romanos de mi generación -supongo yo- recuerda una piadosa oración que rezábamos todos los días pidiendo la guía y protección de nuestro ángel custodio: Ángel de mi guarda, dulce compañía…

¿Qué hay que decir de los ángeles de la guarda? ¿Existen verdaderamente tales espíritus personificados o son los ángeles de la guarda simplemente criaturas de nuestra imaginación creadas para favorecer el desarrollo religioso de los niños? ¿Somos ya mayores para creer en ellos?

Seamos o no mayores para esa creencia, el hecho es que hoy, en su mayoría, la hemos abandonado. La mayor parte de los adultos, en todas denominaciones cristianas, o ven la existencia de los ángeles de la guarda como piadosa fantasía o son simplemente indiferentes a la idea.

¿Debemos aún creer en los ángeles custodios? En caso de que sí, ¿en qué exactamente debemos creer? ¿Son los ángeles verdaderos seres personificados, o son simplemente otra palabra para significar la presencia de Dios en nuestras vidas?

Los eruditos en la escritura no nos dan una respuesta definitiva sino más bien sugieren que la cuestión puede ser respondida de una manera u otra. En la escritura, la palabra ‘ángel’ podría estar haciendo referencia a un verdadero espíritu personificado, o podría estar haciendo referencia a una  especial presencia de Dios en alguna situación. La tradición de la Iglesia afirma más fuertemente que los ángeles son reales. Aquí, los ángeles tienen una rica historia y, para la mayor parte, son tenidos como verdaderas personas (aun siendo espíritus). La iconografía y música cristiana abundan en ángeles, y la Iglesia Católica Romana celebra con categoría litúrgica de fiesta a los ángeles y ángeles custodios. El cuarto Concilio de Letrán (que tuvo lugar en 1215, mucho antes de la Reforma Protestante) aseguró que la creencia de los ángeles de la guarda está implícita en la escritura. El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que “desde la infancia hasta la muerte, la vida humana está envuelta por su [de ángeles custodios] cuidado e intercesión. Junto a cada creyente, se halla un ángel como protector y pastor que lo conduce a la vida.”

¿En qué situación nos deja eso? Divididos. Los cristianos conservadores generalmente afirman la existencia de los ángeles como una enseñanza dogmática. Los ángeles son reales. Los cristianos liberales tienden a dudar de eso o al menos son agnósticos al respecto. Para ellos, ‘ángel’ más verosímilmente se refiere a una especial presencia de Dios. Por ejemplo, toman la declaración de los evangelios donde el evangelista nos dice que mientras Jesús estaba orando “un ángel vino y lo confortó”, para significar que fue la gracia de Dios que vino y lo fortaleció.

¿Quién está en lo cierto? Tal vez no importe, dado que la realidad es idéntica en ambos casos. Dios nos ofrece revelación, guía, protección y fuerza, y lo hace de maneras “angelicales”, que están por encima de nuestras normales conceptualizaciones.

Quienes creen que los ángeles son reales tienen razones poderosas. Incluso si miramos sólo a los orígenes y dimensiones de la creación física (cualquier versión científica de esto a la que te suscribas) el misterio empequeñece inmediatamente nuestras capacidades imaginativas. ¡Es demasiado ingente para comprenderlo! Nosotros sabemos ahora que hay miles de millones de universos (no sólo planetas) y ahora sabemos que nuestro  planeta tierra, y nosotros en este planeta, somos las partículas más insignificantes en la impensable magnitud de la creación de Dios. Si esto es verdad, y lo es, entonces difícilmente es este el momento de ser escépticos sobre el alcance de la creación de Dios, creyendo que nosotros, humanos, somos el centro y que no puede haber realidades personificadas por encima de nuestra carne y sangre. Tal razonamiento es estrecho, tanto desde el punto de vista de la fe como desde la prespectiva de la ciencia misma.

A pesar de todo, el agnosticismo de los que ponen en duda la existencia de los ángeles es, al fin y al cabo, benigno. Cuando la escritura nos dice que el ángel Gabriel se apareció a María para anunciar la concepción de un hijo y cuando nos dice que después Jesús quedó exhausto con el combate en Getsemaní, un ángel vino y lo cconfortó, sin importar si esto ocurrió por mediación de un espíritu personificado o por alguna otra mediación de la presencia de Dios. De cualquier manera, fue real. De cualquier manera, fue una real y particularizada entrada de Dios en la vida de alguien.

Así pues, ¿tenemos ángeles custodios? En el nacimiento o en el bautismo, ¿nos asigna Dios un particular ángel que nos acompañe a lo largo de nuestras vidas, dándonos guía y protección celestial e invisible?

Sí, tenemos un ángel de la guarda, al margen de cómo podamos imaginar o concebir esto. Dios es más íntimo a nosotros que nosotros mismos, y el solícito amor, guía y protección de Dios está con nosotros siempre. Al final del día, importa poco si esto viene por un particular espíritu personificado (que tiene un nombre en el cielo) o si viene simplemente por la amorosa omnipresencia de Dios.

La presencia de Dios es real; y nosotros nunca estamos solos, sin el amor, guía y protección de Dios.         

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