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¿Quién acompaña el itinerario conyugal?

Bonifacio Fernandez, cmf -

Según las últimas estadísticas del INE el número de matrimonios sigue descendiendo en España, teniendo en cuenta sus diversas formas. Aumentan las separaciones, los divorcios. Se mantiene el número de matrimonios entre viudos y también los matrimonios entre homosexuales. Pero tal vez el dato más preocupante e interpelante desde el punto de vista humano y pastoral es el aumento de matrimonios civiles y la disminución correspondiente de los matrimonios canónicos. Según los datos del año 2017, publicadas recientemente, los matrimonios civiles suman el 69% del total, mientras que los matrimonios canónicos descienden al 31%.
Preparación.

La pastoral de la Iglesia lleva muchos años haciendo un esfuerzo notable en la preparación de los novios a su nueva forma de vida. Parejas, con larga trayectoria en la relación de amor, muestran a los novios indicaciones importantes para tener en cuenta en su vida de relación conyugal. Están tomadas de la propia experiencia. Tratan de la importancia de la comunicación profunda, del desafío de forjar juntos y mantener un proyecto común, el ideal de ser feliz ayudando a ser feliz al cónyuge. Este gran esfuerzo de la preparación para el matrimonio se topa con la resistencia inicial de los participantes. Hay demasiados prejuicios. Tampoco la sociedad parece tener en cuenta esta aportación a la felicidad y estabilidad de la vida matrimonial y, por consiguiente, al bienestar social. El coste social de los matrimonios rotos para los cónyuges y para los hijos tiene la sombra muy alargada.

¿Divorcios felices?

A poco que haya significado la historia de amor de una pareja, la separación y el divorcio siempre son acontecimientos dolorosos.  Por más que se presenten como divorcios de común acuerdo o divorcios civilizados, tiene una gran repercusión de la vida de las personas. Deja heridas profundas difíciles de sanar en toda historia de amor hay momentos de decepción. Cuando estos son repetidos vienen las crisis, el replanteamiento: ¿Qué nos une realmente? ¿Por qué seguimos juntos? ¿Nos habremos equivocado?  Mi vida, ¿va a seguir siendo así en el futuro? Tras esas preguntas dramáticas está en juego la fe en el otro y la confianza en la belleza del proyecto de vida soñado en el noviazgo. Si la ruptura no llevara consigo ningún tipo de desgarro, la situación sería todavía más grave. Pondría en cuestión la calidad de la propia historia de amor. Estaría en cuestión la capacidad de amar de las personas.

Consejeros y abogados

En los momentos de crisis puede resultar decisivo para la felicidad de una pareja el poder encontrar personas capaces de ayudar y de acompañar. Las orientaciones pastorales por parte de la Iglesia insisten en la importancia del acompañamiento a los matrimonios. ” Los matrimonios, que tienen una buena experiencia de aprendizaje, pueden aportar los recursos prácticos que les han sido de utilidad...Pero también pueden enseñar recursos que ayudan a llenar de contenido y de sentido esos momentos, para aprender a comunicarse mejor. Eso es de suma importancia cuando se ha apagado la novedad del noviazgo” (Amoris Laetitia,225). La experiencia dice que las crisis comienzan por la falta de comunicación. En cualquier caso, la falta de comunión es un factor importante en la rutinización de la relación.Cuando ya no se sabe qué hacer con el tiempo de estar juntos, la búsqueda de compensaciones se hace inevitable.

Existen ayudas personales y grupales en la pastoral de la Iglesia para mejorar la comunicación y para orientar con respecto a otras situaciones que tienen que ver directamente con cuestiones de salud o con cuestiones jurídicas. Seguramente no son suficientes ni se encuentran en el tiempo adecuado en el sitio adecuado, es decir, cuando una pareja las necesita. Lograr un mejor nivel de comunicación siempre será una buena noticia.

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