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Nuestros hermanos musulmanes

Ron Rolheiser (Trad. Benjamín Elcano) -

Este no un es buen tiempo para ser musulmán en el mundo occidental. Mientras la violencia perpetrada por grupos islámicos radicales tales como ISIS, Al Qaeda y Boko Haram viene a ser más y más prevalente, un inmenso número de gente se está volviendo paranoide a propósito de esto e incluso abiertamente hostil hacia la religión del Islam, viendo a todos los musulmanes como una amenaza. La opinión popular condena más y más  a la religión musulmana  por esa violencia, sugiriendo que hay algo inherente en el Islam mismo que es responsable de esta clase de violencia. Esa ecuación necesita ser desafiada, tanto en el nombre de la verdad como en el nombre de lo mejor que hay en nosotros como cristianos.

Lo primero de todo, eso es falso: Pintar a todos los musulmanes con la misma brocha es como hacer lo mismo con todos los cristianos, como mirando al más depravado hombre que se llama cristiano y decir: “¡Eso es ser cristiano para ti! ¡Todos son iguales!”  Segundo, es también injusto: Los militantes islámicos no expresan más la visión del islam de lo que Hitler expresa la visión de la Cristiandad (y esa comparación no está elegida en vano). Finalmente, tal ecuación pierde nuestra simpatía. La primera víctima del terrorismo islámico es el Islam mismo, a saber, los auténticos musulmanes temerosos de Dios son las primeras víctimas de esta violencia.

Cuando miramos la historia de cualquier grupo islámico terrorista, como ISIS o Al Qaeda, vemos que primeramente se constituye aterrorizando y matando a miles de su propio pueblo, musulmanes honrados y temerosos de Dios. Y continúan matándolos. ISIS, Al Qaeda y Boko Haram han matado a miles más de musulmanes que a cristianos o personas de cualquier otra religión. Si bien su último objetivo puede muy bien que sea el occidente secularizado y cristiano, con todo, su verdadera guerra es, más inmediatamente, contra el auténtico Islam.
Por otra parte, las víctimas de los terroristas islámicos no son solamente los miles de musulmanes moderados que han sido víctimas directas de su violencia y matanzas, sino también todos otros musulmanes que ahora son pintados con la misma brocha y juzgados negativamente en su religiosidad y su sinceridad. Siempre que los terroristas islámicos perpetran un acto de violencia, sus víctimas no son solamente aquellos que mueren, son heridos o pierden a sus seres queridos, sino también todos los verdaderos musulmanes, particularmente los que viven en Occidente, porque ahora son vistos a través de los ojos de la sospecha, terror y odio.

Pero no es para culpar aquí a la religión musulmana. No hay nada inherente al Corán ni al Islam mismo que ampare moral o religiosamente esta clase de violencia. Gritaríamos “injusto” si alguien dijera que lo que sucedió durante la Inquisición es inherente a los Evangelios. Nosotros debemos al Islam el mismo juicio. Uno de los grandes estudiosos de las religiones del mundo, el renombrado Houston Smith, expone que deberíamos juzgar siempre a una religión por sus mejores expresiones, por sus santos y su historia agraciada, más bien que por sus psicópatas y sus equivocaciones. Espero que otros nos ofrezcan a nosotros, cristianos, esta cortesía. Hitler fue, de alguna manera, un producto del Occidente cristiano, como también Madre Teresa. El punto de vista de Houston Smith es que ésta, no aquél, es un principio fundamental más propio para juzgar a la Cristiandad. Nosotros debemos a nuestros hermanos islamistas la misma cortesía.

Y eso es más un reconocimiento de la verdad que una cortesía. La palabra “Islam/Musulmán” tiene su origen en la palabra “paz”, y esa connotación, junto con el concepto de “entregarse a Dios”, constituye la esencia de lo que significa ser musulmán. Y para más del 90% de los musulmanes del mundo, eso es exactamente lo que significa ser musulmán, a saber, ser una persona de paz que se ha entregado a Dios y que ahora trata de vivir una vida que está centrada en la fe, oración, responsabilidad y hospitalidad. Cualquier interpretación del Islam hecha por un grupo radicalizado que da derecho divino a la violencia terrorista es falsa y defrauda al Islam. Los extremistas islámicos no hablan de parte de Dios, Mahoma, Islam o lo que significa entregarse en fe, sino sólo de parte de una ideología auto-sirviente, y los verdaderos musulmanes son, al fin, las verdaderas víctimas de eso.

Los ataques terroristas, como los recientes de París y Malí, nos llaman a más, no a menos, simpatía por los auténticos musulmanes. Es tiempo de establecer una solidaridad más grande con el Islam a pesar del terrorismo extremista. Ambos somos parte de la misma familia: tenemos el mismo Dios, sufrimos las mismas ansiedades, estamos sujetos a la misma mortalidad y compartiremos el mismo cielo. Los musulmanes necesitan más que nunca nuestra comprensión, simpatía, apoyo y compañía en fe.

Christian de Cherge, el monje trapense que fue martirizado por terroristas islámicos en Argelia en 1996, escribió una interesante carta a su familia de Francia poco antes de morir. Bien consciente de que él estaba en verdadero riesgo de ser asesinado por terroristas islámicos, comunicó a su familia que, si sucedía eso, ellos sabían que él ya había perdonado a sus asesinos, y que preveía a sí mismo y a ellos, sus verdugos, en el mismo cielo, jugando juntos bajo la mirada de Dios, una mirada que abarca amorosamente a todos sus hijos, a musulmanes no menos que a cristianos.

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