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Nuestras heridas, nuestros dones y nuestro poder de curar a otros

Ron Rolheiser (Trad. Benjamín Elcano, cmf) -

Hace cerca de cincuenta años, Henri Nouwen escribió un libro titulado The Wounder Healer (El sanador herido).  Su acogida constituyó su reputación como  único mentor espiritual, y a continuación llegó a ser uno de los escritores espirituales más influyentes del pasado medio siglo. ¿Qué es lo que hizo tan prestigiosos sus escritos? ¿Su brillantez? ¿Su don para  la expresión? Estaba dotado de talento, sí, pero también lo están otros muchos. Lo que le hizo ser  distinto fue que era un hombre profundamente herido, y desde ese turbado lugar interior emitió palabras que fueron un curativo bálsamo para millones.

¿Cómo funciona esto? ¿Cómo nuestras heridas ayudan a curar a otros? No lo hacen. No son nuestras heridas lo que ayuda a curar a otros. Más bien, nuestras heridas pueden colorear nuestros dones y talentos de tal modo que ya no eduzcan resistencia y envidia en otros sino que vengan a ser, en cambio, lo que Dios pretendió que fueran: dones para favorecer a los demás.

Tristemente, a menudo es verdad lo contrario. Nuestros dones y talentos con frecuencia vienen a ser la razón por la que somos aborrecidos y quizás incluso odiados. Hay aquí una curiosa dinámica. No dejamos, ni automática ni fácilmente, que los dones de los demás nos favorezcan. Más a menudo, somos reacios a admitir su belleza y poder, y resistimos y envidiamos a quien los poseen; y a veces, incluso los odiamos a causa de sus dones. Esa es una de las razones por las que encontramos complicado simplemente  admirar a alguien.

Pero esta nuestra renuencia no sólo dice algo sobre nosotros. Con frecuencia dice algo también  sobre las personas que poseen esos dones. El talento es una cosa ambigua; puede ser usado para asegurarnos a nosotros mismos, para separarnos de los demás, para sobresalir y colocarnos por encima, más bien que como un don para ayudar a otros. Nuestros talentos pueden ser usados simplemente para señalar lo brillantes, talentosos, guapos y exitosos que somos. Entonces vienen a ser simplemente una fuerza que pretende achicar a los demás y separarnos.

¿Cómo podemos hacer de nuestros talentos un don para los demás? ¿Cómo podemos ser amados por nuestros talentos más bien que odiados a causa de ellos? Aquí está la diferencia: seremos amados y admirados a causa de nuestros dones cuando nuestros dones sean coloreados por nuestras heridas, de modo que los demás no los vean como una amenaza o como algo que nos aparte, sino más bien  como algo que les favorezca en sus propias deficiencias. Cuando son compartidos de una cierta manera, nuestros dones pueden llegar a ser dones para todos los demás.

Así es como funciona esa álgebra: Nuestros dones se nos dan no para nosotros, sino para los demás. Pero,  para ser así, necesitan estar coloreados por la compasión. Nosotros llegamos a la compasión al permitir que nuestras heridas favorezcan a nuestros dones. He aquí dos ejemplos:

Cuando la Princesa Diana murió en 1997, hubo una masiva efusión de amor por ella. Por temperamento y como sacerdote católico, yo normalmente no soy  dado a apenarme por las celebrities, y en cambio sentí un profundo pesar y amor por esta mujer ¿Por qué? ¿Porque era bella y famosa? Nada de eso. Muchas mujeres que son bellas y famosas son odiadas por serlo. La princesa Diana era amada por tantos porque era una persona herida, alguien cuyas heridas coloreaban su belleza y fama de un modo que inducía al amor, no a la envidia.

Henri Nouwen, que popularizó la expresión “el sanador herido”, compartía un rasgo similar. Era un hombre brillante, autor de más de cuarenta libros, uno de los más populares oradores religiosos de su generación, perteneciente a Harvard y Yale, una persona con amigos por todo el mundo; pero también un hombre profundamente herido, que -como él mismo admitió repetidamente- sufría inquietud, ansiedad, celos y obsesiones que lo llevaron ocasionalmente a ser ingresado en una clínica. También, -como él mismo admitió repetidamente- en medio de este éxito y popularidad, durante la mayor parte de su vida adulta luchó por aceptar simplemente el amor. Sus heridas siempre se interpusieron en su camino. Y esto, su yo herido, colorea básicamente todas páginas de cada uno de los libros que escribió. Su brillantez estuvo siempre coloreada por sus heridas, y por eso nunca fue autoritario sino siempre compasivo. Nadie envidió la brillantez de Nouwen; estaba demasiado herido para ser envidiado. Por el contrario, su brillantez nos impresionaba siempre de una manera saludable. Era un sanador herido.

Esas palabras, “herido” y “sanador”, se ordenan mutuamente. Estoy convencido de que Dios nos llama a cada uno de nosotros a una vocación y a un trabajo especial aquí, en la tierra, más en base a nuestras heridas que en base a nuestros dones. Nuestros dones son reales e importantes; pero sólo favorecen a otros cuando son ordenados en una especial forma de compasión por la singularidad de nuestras propias heridas. Nuestras únicas y especiales heridas pueden ayudar a hacer a todos nosotros un único y especial sanador.

Nuestro mundo está lleno de gente brillante, dotada de talento, altamente favorecida por el éxito y bella. Esos dones son reales, proceden de Dios y nunca deberían ser denigrados en el nombre de Dios. Sin embargo, nuestros dones no ayudan automáticamente a los demás; pero pueden hacerlo si son coloreados por nuestras heridas, de modo que afloren como compasión y no como orgullo.      

 

 

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Comentarios

MARTHA MARTHA
hace 4 semanas, 1 día
Muy interesante el comentario sobre el escritor espiritual Henri Nouwen, estoy de acuerdo con el Padre Ron cuando nos advierte que los dones y talentos que nos ha regalado nuestro Senor hay que tener extremo cuidado en no usarlos como un medio de engrandecerse uno mismo sino que sirvan para ayudar a nuestros semejantes; yo pienso que estemos heridos o no lo estemos ese debe ser siempre el objetivo de usar los dones y talentos, si Dios nos ha bendecido al regalarnolos . He conocido algunas personas que no toman en cuenta ese aspecto de colorear aunque no sea con heridas, sino simplemente darlos a conocer de un modo especial, tal como leimos en el comentario, no para hacerse superiores , estar por encima de todos sino para Glorificar a Dios, Jesus dijo en una de sus ensenanzas que nos compar ... » ver comentario
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