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91. Jerusalén y yo

 Viene a mi memoria, ahora con esperanza gozosa, el recuerdo de un amigo y hermano que a los sesenta años fue atrapado por un carcinoma. Lo visito en el hospital, donde se acumulan pruebas por ver si había posibilidad de operación. Lo visito en el hospital, donde se acumulan pruebas por ver si había posibilidad de operación. Le digo que marcho a una predicación de diez días y a la vuelta correré a visitarlo. Cumplo, con prisas del corazón, mi visita. Está todo inflamado. Y me susurra: “Ya ves como estoy. Subiendo a Jerusalén.”