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La Vida impulsada místicamente

Ron Rolheiser (Traducción Julia Hinojosa) -

Misticismo es una palabra exótica.  Pocos de nosotros relacionamos el misticismo con la vida ordinaria, especialmente con nuestra propia experiencia.  El misticismo se ve generalmente como algo exótico, anormal, como un tipo de conciencia especial otorgada solo a una exclusiva elite dentro de la vida espiritual, algo para atletas espirituales, ó para las extrañas visiones y estados alterados de conciencia, “escaleras y serpientes” en la vida espiritual.

Sin embargo, el misticismo no es extraordinario, anormal, ó extraño, sino una importante experiencia ordinaria que se nos da a todos nosotros.

¿Qué es el misticismo?  La carmelita británica, Ruth Burrows, lo define así:  Misticismo es el ser tocado por Dios en una forma más profunda que el lenguaje, el pensamiento, la imaginación, y el sentimiento.  Es conocer a Dios y a nosotros mismos más allá del pensamiento y sentimiento explícito.

Pero ¿cómo es esto posible? ¿Cómo podemos conocemos algo más allá de nuestra capacidad de hablar de ello, imaginarlo ó aun sentirlo?

Quizás la descripción de la experiencia de cambio de vida descrita por Ruth Burrows sea de ayuda.  En su autobiografía, Ante el Dios Vivo, comparte este acontecimiento: Siendo una joven en su adolescencia, un dia estaba sentada en la capilla.  No estaba ahí con el propósito de rezar por ningún motivo en particular, sino que había sido castigada a estar ahí por su mal comportamiento durante el día de retiro.  Mientras estaba sentada sola en la capilla  tuvo una experiencia mística, no que se le apareciera un ángel ó que tuviera una visión especial, ó un estado alterado de conciencia.  Al contrario, sentada en la capilla tuvo un momento extraño, sencillo, y de una claridad privilegiada, una pisar tierra, ó profundo conocimiento de sí misma y de la realidad, donde, por un momento, estuvo en contacto con lo más íntimo y verdadero de sí misma  y con lo que es más íntimo y verdadero de la realidad. Y, en esto, experimentó, más allá de palabras explicitas, más allá de la imaginación y del sentimiento, algo de la realidad de Dios y algo de su verdadero ser.  Esta experiencia cambió su vida.  Desde este momento, supo lo que tenía que hacer, y en contra su propio temperamento, se convirtió en una monja contemplativa y,  por supuesto, en una mujer cuya visión espiritual ha servido de ayuda a muchos de nosotros.
C.S. Lewis, compartiendo su experiencia personal de conversión al cristianismo, describe algo muy similar, aunque en su caso la experiencia fue más larga, prolongada, la cual se cristalizó en un momento de claridad privilegiada que tuvo, en ese momento, en contacto con lo más profundo y verdadero de su ser y de la realidad.

Describe en su autobiografía, Sorprendido por la Alegría, el movimiento en el que primero se arrodilló aceptando el cristianismo, y afirma, que para él, ese momento estuvo lejos de ser un movimiento estático.  Más bien, se arrodilló como si fuera “el converso más renuente en la historia de la Cristiandad.”  Sin embargo, se arrodilló porque, en sus propias palabras: “Me llegué a dar cuenta que la dureza de Dios es más amable que la gentileza del hombre, y la coacción de Dios es nuestra liberación.”
¿Cómo entiende Lewis la coacción de Dios? De la misma manera que Ruth Burrows entiende su experiencia mística, es decir, como un momento de claridad único en el cual uno se da cuenta qué es lo más profundo y verdadero dentro de uno mismo y dentro de la realidad, en esa claridad uno conoce lo que uno tiene que hacer – como opuesto a lo que nuestro intelecto pudiera creer que es sabio hacer, ó lo que nuestro corazón afectivamente quisiera hacer.  Lewis se hizo Cristiano porque tuvo esta experiencia dentro de su centro místico y gracias a ella descubrió lo que tenía que hacer.

¿Y que es lo que constituye nuestro centro místico?  Bernard Lonergan lo llamó la marca de los primeros principios – unidad, verdad, bondad, y belleza – dentro del alma humana.  Henry Nouwen lo llamó “el primer amor”, es decir, la memoria obscura de haber sido amados una vez y acariciados por manos más amorosas que ninguna que hayamos conocido en este mundo, la memoria inconsciente de haber estado con Dios antes de nacer.  Algunos místicos lo llaman la lejana memoria del beso de Dios al poner nuestras almas en nuestros cuerpos.

La mayoría de nosotros no tenemos un nombre para esto, sin embargo,  hablamos de que algo “nos suena a verdad” o que algo “no nos no suena a verdad”.  Pero ¿qué hace que algo nos suene verdadero o nos suene falso?  ¿Acaso llevamos una especie de “campana” dentro de nosotros mismos?  De hecho la llevamos.  Le podemos llamar nuestra consciencia, nuestro centro más profundo, nuestro centro moral, el centro que nos dice lo que tenemos que hacer, o ese lugar dentro de nosotros donde anhelamos un alma gemela, pero todos sabemos que hay un lugar dentro de nosotros, en el que tocamos nuestros momentos más sinceros, donde descubrimos la marca de los primeros principios, donde lejanamente recordamos el beso de Dios, y donde sabemos lo que tenemos que hacer, y somos auténticamente nosotros mismos.

Cuando estamos en contacto con este centro profundo y actuamos según sus impulsos e imperativos, como Ruth Burrows y C.S. Lewis, estamos viviendo una vida impulsada místicamente.

Ron Rolheiser. OMI

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