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La lucha por amar a nuestro prójimo

Ron Rolheiser (Trad. Benjamín Elcano, cmf) -

“La idolatría más perjudicial no es el becerro de oro sino la enemistad contra el otro”. El renombrado antropólogo René Girard escribió eso, y su verdad no se admite fácilmente. A casi todos nosotros nos gusta creer que somos maduros y de gran corazón, y que amamos a nuestros prójimos y estamos libres de enemistad hacia otros. Pero, ¿es esto así?

En nuestros momentos más honrados -más exactamente quizás- en nuestros momentos más humildes, creo que todos nosotros admitimos que en realidad no amamos a otros de la manera que Jesús pidió. No ponemos la otra mejilla. De hecho, no amamos a nuestros enemigos. No deseamos el bien a aquellos que nos desean el mal. No bendecimos a lo que nos maldicen. Y no perdonamos de verdad a aquellos que matan a nuestros seres queridos. Somos decentes, personas de buen corazón, pero personas cuyo cielo está aún demasiado afirmado sobre la necesidad de una vindicación emocional ante alguien o algo que se opone a nosotros. Podemos ser honrados, podemos ser justos, pero aún no amamos como Jesús nos pidió que hiciéramos, esto es, de modo que nuestro amor se extienda a aquellos que nos aman y a aquellos que nos odian. Aún luchamos, extremada y mayormente en vano, por desear a nuestros enemigos el bien.

Pero para la mayoría de nosotros a quienes gusta creernos maduros, esa batalla permanece escondida, principalmente de nosotros mismos. Tendemos a sentir que amamos y perdonamos porque, esencialmente, somos bienintencionados, sinceros y capaces de creer y decir todas las cosas correctas; pero hay otra parte de nosotros que no es tan noble. El jesuita irlandés Michael Paul Gallagher (que murió recientemente y a quien se le echará en falta con cariño) expresa esto bien cuando escribe (En tiempo de descuento): “Probablemente, no odias a nadie, pero puedes estar paralizado por negativas diarias. Los mini-prejuicios y los juicios viscerales pueden producir una actitud de guerra no declarada. A través de las vallas de pinchos de alambre, vuelan balas invisibles”. Amar al otro como a uno mismo -afirma- es para la mayoría de nosotros una imposible ascensión cuesta arriba.

Así, ¿dónde nos deja eso? ¿Repartiendo una sentencia de vida mediocre e hipócrita? ¿Afirmando amar a nuestros enemigos pero no haciéndolo? ¿Cómo podemos profesar ser cristianos cuando, si somos honrados, debemos admitir que no estamos dando la medida de la prueba de fuego del discipulado cristiano, a saber, amar y perdonar a nuestros enemigos?

Quizás no seamos tan malos como pensamos que somos. Si aún estamos luchando, aún estamos sanos. Al hacernos -según parece- Dios nos descompuso en factores de complejidad humana, debilidad humana, y crecer en amor más profundo es un camino largo como la vida. Lo que puede parecer hipocresía desde fuera puede de hecho ser una peregrinación, la ruta de un Camino, cuando es visto con una luz más llena de paciencia y comprensión.

Tomás de Aquino, hablando sobre unión e intimidad, hace esta importante distinción. Distingue entre estar en unión con algo o alguien en realidad y estar en unión con ese alguien o algo a través del deseo. Esto tiene muchas aplicaciones pero, aplicadas en este caso; significa que a veces el corazón solamente puede ir a algún lugar a través del deseo más bien que en realidad. Nosotros podemos creer en las cosas correctas y querer las cosas correctas, y aun así no ser capaces de traer nuestros corazones de acuerdo con las leyes del juego. Un ejemplo de esto es lo que el viejo catecismo (en su único buen criterio) solía llamar “contrición imperfecta”, esto es, la noción de que, si tú has hecho algo malo que sabes que es malo y de lo que sabes que deberías sentirte arrepentido, pero de lo que de hecho no puedes sentir arrepentimiento, entonces si puedes desear poder sentir ese arrepentimiento, eso es suficiente contrición, no perfecta, pero suficiente. Es lo mejor que puedes hacer, y te pone en el lugar propio a nivel del deseo, no un lugar perfecto, pero sí mejor que su alternativa.

Y ese lugar “imperfecto” hace por nosotros más que simplemente proporcionar un patrón mínimo de contrición necesitado para el perdón. Más importantemente, otorga justa dignidad a aquel o aquello que hemos dañado.

Reflexionando sobre nuestra incapacidad para amar genuinamente a nuestro prójimo, Marilynne Robinson expone que, aun en nuestros fallos por cumplir lo que Jesús nos pide, si estamos luchando honradamente, hay algo de virtud. Arguye de este modo: Freud dijo que no podemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mimos, y sin duda esto es cierto. Pero cuando aceptamos la realidad que subyace tras el mandamiento, ese prójimo  nuestro es tan digno de amor como nosotros mismos; entonces en nuestro verdadero intento de actuar con arreglo a la petición de Jesús, estamos conociendo que nuestro prójimo es digno de amor aun cuando, en este punto de nuestras vidas, seamos demasiado débiles para darlo.

Y ese es el punto crucial: Continuando la lucha, a pesar de nuestros fallos, por cumplir el gran mandamiento de amor que Jesús nos dio, conocemos la dignidad inherente de nuestros enemigos, conocemos que ellos son dignos de amor y conocemos nuestra propia negligencia. Eso es “imperfecto”, desde luego; pero -sospecho- Tomás de Aquino diría que es ¡un punto de partida!    

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icono comentarios 7 comentarios

Comentarios

Alejandro Alejandro
el 15/7/16
Es un acoplamiento diario a ser santos, tenemos que tener paciencia a la madures de nuestros espiritus, siempre teniendo bien enfocado lo que Dios/la biblia/la iglesia nos dictan para lograr el objetivo. Si logramos perdonar de corazon y pedir por todo el mundo, buenos y malos, los buenos para que les de mas fuerza de seguir en el camino, los malos para que se rindan ante Dios y cambien; cuando logremos hacer esto nos daremos cuenta que en nuestra alma va viviendo cada vez mas Dios.
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Alejandro Alejandro
el 15/7/16
Es un acoplamiento diario a ser santos, tenemos que tener paciencia a la madures de nuestros espiritus, siempre teniendo bien enfocado lo que Dios/la biblia/la iglesia nos dictan para lograr el objetivo. Si logramos perdonar de corazon y pedir por todo el mundo, buenos y malos, los buenos para que les de mas fuerza de seguir en el camino, los malos para que se rindan ante Dios y cambien; cuando logremos hacer esto nos daremos cuenta que en nuestra alma va viviendo cada vez mas Dios.
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Amparo Amparo
el 29/6/16
No' dejemos nunca, de pedir ayuda al ESPIRITU SANTO ,para pedir amor grandemente , q ponga en nuestro corazón para poder sacarlo continuamente , para tratar con el Prójimo .pongamos siempre AL EDPIRITU SANTO, en primera persona , sin ÉL no podemos hacer nada y rezar a Maria ,para q con su sencillez tratemos c on los demás
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Augusto Augusto
el 23/6/16
Para mí el que ama hace lo que es justo por el prójimo: no por compromiso, ni por obligación, menos por afecto; ama porque se dona libremente, tal como Jesús nos enseñó al entregar su vida humana hasta por sus enemigos perdonándonos hasta en el último momento de su pasión, pidiendo al Padre celestial que nos perdone, porque nos sabemos lo que hacemos, gran misterio de salvación y redención para el perdón de nuestros pecados, si tenemos fe y creemos que él es el Mesías, Y QUE DEBEMOS HACER LA VOLUNTAD DE DIOS.
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eleazar eleazar
el 22/6/16
Tengo esperanza en alcanzar la verdadera Vida pero si llego será por la voluntad de Dios, porque no solo es que no ame todo lo que se puede amar a los "enemigos", es que en muchas cosas no trago a los que se que estarán en Dios, buenas personas a las que quiero, tan limitadamente, que se me hará difícil compartir con ellos la Vida. Es necesario que mejore, y aún en la tierra sé que no lo lograré si Dios no lo hace, y que me hará falta un tiempo extra, para que unido a Cristo, alimentado por su sangre, lavado en ella, pueda nacer definitivamente de nuevo, y salir a la Vida completo, como Dios me quiere. Seguiré luchando por amar a nuestro prójimo, en la esperanza que Dios hará el resto. !Menos mal ¡
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Martha Martha
el 21/6/16
Ante todo, felicitaciones a Carolita por tan lindo comentario.
Tambien creo yo, que es muy dificil la lucha que man-
tenemos a diario tratando de amar al projimo como
Jesus nos enseno, no puedo decir que he salido vic-
toriosa de esa contienda, casi siempre derrotada es
mi condicion. No creo posible crecer en amor, tanto
como para poder regalarlo a quienes no se lo mere-
cen por los actos cometidos contra la humanidad ,
y contra Dios principalmente. No tenemos desdicha-
damente la madurez necesaria ni condiciones divinas
como Jesus para amar a quien nos hace dano, para
poner la otra mejilla, para soportar injurias, humilla-
ciones y traiciones y pedir perdon para ellos. Eso so-
lo lo hizo EL, porque su amor no tenia limites, porque
su compasion y misericordia venian del Alt ... » ver comentario
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Carolita Perú Carolita Perú
el 20/6/16
Que verdad tan grande es el título de esta reflexión: "La lucha por amar a nuestro prójimo". Sinceramente, en mi opinión muy personal, es una lucha diaria y difícil, puesto que haciendo el esfuerzo por hacer las cosas bien, siempre hay detalles que se interponen que hacen que uno mismo limite ese amor tan grande que Dios quiere que volquemos hacia el prójimo, incluso hasta dentro de la misma familia...
Te pido Dios, que apertures mucho más mi corazón hacia los demás, que destierres lo malo que hay en mí, para darme sin reservas a mi prójimo, ayúdame en el diario caminar, que siempre esté asido de TU mano, y bajo el amparo de María Santísima. En tu Santo Nombre, empiezo este día. Gracias por todo!!!
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