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La gracia en la pasividad

Ron Rolheiser (Trad. Benjamín Elcano, cmf) -

Una amiga mía cuenta esta historia. Creció con cinco hermanos y un padre alcohólico. El efecto del alcoholismo de su padre fue devastando a su familia. He aquí cómo cuenta la historia:

“Para cuando mi padre murió, su alcoholismo había destruido a nuestra familia. Nosotros, niños, nunca más pudimos hablar unos con otros. Habíamos sido llevados por separado a diferentes partes del país y no teníamos nada que hacer entre nosotros. Mi madre era una santa y continuó intentando a través de los años tenernos reconciliados unos con otros, invitándonos a juntarnos para el Día de Acción de Gracias y Navidad, y fiestas semejantes; pero eso nunca resultó. Todos sus esfuerzos fueron inútiles. Nos odiábamos mutuamente. Entonces, cuando mi madre yacía en cama muriendo de cáncer, en un hospital para enfermos terminales, postrada en el lecho y finalmente en coma, nosotros, sus hijos, nos reunimos alrededor de su lecho, viéndola morir; y ella, imposibilitada e incapaz de hablar, pudo realizar lo que no había podido llevar a cabo a través de todos aquellos años en que podía hablar. Viéndola morir, nos reconciliamos”.

Todos hemos conocido historias parecidas de personas en su agonía, cuando además estaban imposibilitadas de hablar o actuar, impactando poderosamente, más poderosamente de lo que nunca hicieron de palabra u obra a los que estaban alrededor, derramando una gracia que bendecía a sus seres queridos. A veces, por supuesto, esto no trata de reconciliar a una familia sino de fortalecer poderosamente su unidad existente. Tal fue el caso de la historia de una familia contada por Carla Marie Carlson, en su libro La gracia de cada día. Su familia estaba ya fuertemente unida, pero Carlson cuenta cómo la agonía de su madre fortaleció esos lazos familiares y favoreció a todos los demás que fueron testigos de su muerte: “Aquellos que aprovecharon la ocasión de estar con mi madre durante ese viaje me han dicho que sus vidas fueron cambiadas para siempre. Fue un momento singular que siempre  guardaremos como un tesoro. Las lecciones de aceptación y coraje fueron abundantes mientras ella luchaba con la realidad de un cuerpo moribundo. Aquello fue dramático e intenso; pero, aun así, lleno de paz y gratitud”. La mayoría de los que alguna vez han estado velando alrededor de un ser querido que estaba muriendo, pueden compartir una historia parecida.

Hay aquí una lección y un misterio. La lección es que nosotros no sólo hacemos unos por otros cosas importantes e impactamos las vidas de los otros por eso que hacemos activamente; también hacemos unos por otros cosas que cambian nuestras vidas en lo que absorbemos pasivamente en debilidad. Este es el misterio de la pasividad que vemos, paradigmáticamente, agotado en lo que Jesús hizo por nosotros.

Como cristianos, decimos que Jesús dio su vida por nosotros y que dio su muerte por nosotros, pero tendemos a pensar en esto como una y misma cosa. No es así. Jesús dio su vida por nosotros a través de su actividad; y dio su muerte por nosotros a través de su pasividad. Estos fueron dos momentos separados. Como la mujer descrita anteriormente que intentó durante años tener a sus hijos reconciliados entre sí por su actividad -por medio de sus palabras y acciones- y después cumplió al fin eso por la debilidad y pasividad en su lecho de muerte, así también Jesús. Durante tres años intentó de todas maneras hacernos comprender el amor, la reconciliación y la fe, sin conseguir el total efecto. Después, en menos de 24 horas, en su debilidad, cuando no podía hablar, en su agonía, aprendimos la lección. Jesús y su madre fueron capaces, en su debilidad y pasividad, de dar al mundo algo que fueron incapaces de darnos de hecho en su fortaleza y actividad.

Por desgracia, esto no es cosa que nuestra cultura actual -con su énfasis en la salud, productividad, éxito y poder- entienda mucho. Ya no entendemos ni valoramos mucho la poderosa gracia que nos transmite alguien que está muriendo de una enfermedad terminal; ni la poderosa gracia presente en una persona con una discapacidad, ni tampoco la gracia presente en nuestras propias discapacidades físicas y personales. Ni hacemos mucho por entender lo que estamos dando a nuestras familias, amigos y compañeros cuando, en impotencia, tenemos que absorber el desdén, las desatenciones y la incomprensión. Cuando una cultura empieza a hablar de la eutanasia es un infalible indicio de que ya no entendemos más la gracia en la pasividad.

En sus escritos, Henri Nouwen hace una distinción entre lo que él llama nuestros “logros” y nuestra “productividad”. Los logros provienen más directamente de nuestras actividades. ¿Qué hemos realizado positivamente? ¿Qué hemos hecho activamente por otros? Y nuestros logros cesan cuando ya no somos activos. La productividad, por otra parte, va mucho más allá de lo que hemos realizado activamente y es causado tanto por lo que hemos absorbido pasivamente como por lo que hemos producido activamente. La familia descrita anteriormente se reconcilió no por los logros de su madre, sino por su productividad. Tal es el misterio de la pasividad.

Pierre Teilhard de Chardin, en su clásico espiritual El medio divino, nos dice que deberíamos ayudar al mundo a través de las actividades y las pasividades, a través de lo que damos activamente  y a través de lo que absorbemos pasivamente.

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icono comentarios 6 comentarios

Comentarios

Antonio Antonio
hace 2 días, 15 horas
Gracia de Dios estamos recibiendo a diariamente, y en abundancia. ¿Qué la aprovechemos, eso ya es otra co sa?. Hoy deberíamos reflexionar sobre este importantísimo tema, que tanto nos puede dar. O la recibimos y aceptamos, o la rechazamos con todas las consecuencias negativas para la salvación . Mejor que le pidamos a Dios, fuerza para estar unido a ella y pedir fuerza para nunca perderla.
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Antonio Antonio
hace 6 días, 15 horas
No podemos pasar de todo, hay personas igualitas que tu y yo, que nos necesitan, y las vemos con frecuencia, y esperan algo de nosotros, porque entienden que somos católicos, y para ellos los que siguen a Cristo piensan que somos diferentes a la hora de actuar, no hay que defraudarlos, Dios nos va a pedir cuenta de lo que hagamos por los que piden ayuda.
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Antonio Antonio
hace 1 semana, 2 días
Parece mentira, pero es una flagrante realidad. Nos encontramos en una etapa de nuestra vida, donde por todas partes aparecen noticias impactantes. Unas son verdaderas, y otras totalmente falsas. Sin que a veces constatemos las fuentes, y lo que se desea, ocurre que algunas erróneas, las damos como verídicas, y al reves, otras que dicen verdades como templos, no la creemos. Hay que ser consecuentes, y no tener ligerezas. Ya conocéis aquello "La verdad os hara libres", pero cuando realmente sea verdad y no mentira.
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Antonio Antonio
hace 1 semana, 3 días
Nunca permanezcas indiferente cuanto otros tiran a nuestra Santa Madre Iglesia, fundada por Jesucristo, ni cuando se insultan a los que a ella pertenecemos. Hay muchos hermanos nuestros que gastan su vida por ella, incluso les cuesta la vida. ¿Qué existen fallos?. Claro que sì, somos imperfectos y pecadores, pero eso no quita para que nos dediquemos a desprestigiarla, y a veces sin razón. Pon las cosas en su sitio, y no permanezcas callado, defiéndela, es tu madre y camino de salvación para todos, incluso para esos que la maltratan.
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Antonio Antonio
hace 1 semana, 4 días
¿Qué hacemos cuando se critica?. Y ese està muy de moda, y también en los circulos eclesiales. Se tira por tierra al Obispo, se habla mal del Párroco, las comunidades están divididas por culpa de esa persona que se dedica a traer cizaña, y se queda tan tranquila. A estas personas les digo, no se acerquen a comulgar hasta que no hayan depuesto esa actitud que tanto daño hace a la Iglesia. Y si no cambian que se aparten y dejen en paz a aquellos que de verdad buscan al Señor.
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Antonio Antonio
hace 2 semanas, 2 días
Casi nunca permanecemos impasible ante algún hecho o acontecimiento que nos interese. Valoramos las cosas según mi forma de verlas y pensar. Sin embargo en ocasiones aquello que presto atención, realmente no lo merece, y otras cosas que desatiendo son mucho mas importante. Por ello, hay que ser consecuente con lo que hacemos, siempre que lo hagamos bajo el prisma de persona creyente, y seguidora de Jesucristo.
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