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La bondad ordinaria y nuestro itinerario espiritual

Ron Rolheiser (Trad. Benjamín Elcano, cmf) -

El escritor de espiritualidad Tom Stella cuenta una historia de tres monjes en oración en la capilla de su monasterio. El primer monje se imagina a sí mismo siendo llevado al cielo por los ángeles. El segundo monje se imagina a sí mismo ya en el cielo, cantando las alabanzas de Dios con los ángeles y santos. El tercer monje no puede concentrarse en pensamientos santos, sino sólo puede pensar en la gran hamburguesa que  se ha comido justo antes de venir a la capilla. Esa noche, cuando el diablo estaba anotando su reportaje del día, escribió: “Hoy traté de tentar a tres monjes, pero sólo tuve éxito con dos de ellos”.

En esta historia hay más profundidad que la que inicialmente salta a la vista. Ojalá, hace años, hubiera comprendido yo cómo los ángeles y las grandes hamburguesas juegan un papel en nuestro itinerario espiritual. Ya ves, durante demasiados años, yo identifiqué búsqueda espiritual con sólo explícitos pensamientos religiosos, oraciones y acciones. Si yo estaba en la iglesia, era espiritual; mientras que si estaba gozando de una buena comida con los amigos, era meramente humano. Si yo estaba  rezando y podía concentrar mis pensamientos y sentimientos en algo santo o inspirador, sentía que estaba rezando y era, durante ese tiempo, espiritual y religioso; mientras que si estaba distraído, fatigado y demasiado somnoliento para concentrarme, sentía que había rezado pobremente. Cuando yo estaba haciendo explícitamente cosas religiosas o tomando decisiones morales más obvias, me sentía religioso, y todo lo demás era, a mi juicio, mero humanismo.

Aun cuando yo no era particularmente maniqueo ni negativo acerca de las cosas de este mundo, sin embargo las cosas buenas de la creación (de la vida, de la familia y la amistad, del cuerpo humano, de la sexualidad, de la comida y bebida) nunca fueron entendidas como espirituales, como religiosas. En mi mente, había una distinción bastante exacta entre cielo y tierra, lo santo y lo profano, lo divino y lo humano, lo espiritual y lo terreno. Esto era especialmente cierto para los aspectos más terrenos de la vida, a saber, la comida, la bebida, el sexo y los placeres corporales de cualquier clase. A lo más, éstas eran distracciones de lo espiritual; en el peor de los casos, eran tentaciones negativas que me ponían una zancadilla, obstáculos a la espiritualidad.

Pero, tropezando con bastante frecuencia, entendemos al fin: Traté de vivir como los dos primeros monjes, con mi mente en las cosas espirituales, pero el tercer monje quedó poniéndome la zancadilla, irónicamente no lo menos cuando estaba en la iglesia o en oración. Aun cuando estaba en la iglesia o en oración y tratando de encajar la mente y el corazón en cosas del espíritu, me encontraba siempre asaltado por cosas que, supuestamente, no tenían ningún lugar en la iglesia: recuerdos y planes de juntarme con los amigos, ansiedades sobre relaciones, ansiedades sobre tareas inacabadas, pensamientos sobre mis equipos de deporte favoritos, pensamientos de sabrosas comidas con pasta y vino, o chuletas a la parrilla y hamburguesas de panceta; y, lo más pagano de todo, fantasías sexuales que parecían la verdadera antítesis de todo lo que es espiritual.

Supuso algunos años y una mejor guía espiritual aprender que muchas de estas tensiones fueron declaradas verdaderas sobre la base de una pobre y deficiente comprensión de la espiritualidad cristiana y de la verdadera dinámica de la oración.

La primera comprensión deficiente tenía que ver con la falsa interpretación del propósito y designio de Dios al crearnos. Dios no diseñó nuestra naturaleza de una única manera, esto es, para ser sensitiva y para estar tan profundamente enraizada en las cosas de esta tierra, y después demandar que vivamos como si no fuéramos corpóreos y como si las cosas buenas de esta tierra fueran sólo ficción y obstáculos para la salvación, como opuestas a ser una parte integral de salvación. Además, la encarnación, el misterio de Dios que viene a ser corpóreo, sensitivo, que se hace presente en carne humana, enseña inequívocamente que nosotros encontramos la salvación no escapando del cuerpo y de las cosas de esta tierra sino entrando en ellas más profunda y correctamente. Jesús afirmó la resurrección de lo corpóreo, no la huída del alma.

El segundo malentendido tenía que ver con la dinámica de la oración. Inicialmente, en sus etapas tempranas, la oración se centra sobre el enfoque y concentración de lo sagrado, sobre la conversación con Dios, tratando de dejar aparte, por un tiempo, las cosas de este mundo para entrar en el reino de lo sagrado. Pero ésa es la primera etapa de la oración. Al final, cuando la oración profundiza y madura -en palabras de Juan de la Cruz- las cosas importantes  empiezan a suceder bajo la superficie, y sentarse en la capilla con Dios no es diferente que sentarse con alguien con quien te sientas regularmente. Si tú visitas a alguien diariamente, no tendrás cada día  conversaciones profundas e intensas; mayormente hablaréis sobre las cosas cotidianas, asuntos familiares, el tiempo, deportes, política, los últimos programas de TV, comida, etc.; y te encontrarás a ti mismo mirando a tu reloj ocasionalmente. Resulta lo mismo en nuestra relación con Dios. Si rezas con regularidad, diariamente, no tienes que atormentarte concentrando y manteniendo la conversación fija en cosas profundas y espirituales. Sólo tienes que estar allí, tranquilo con un amigo. Las cosas profundas están sucediendo bajo la superficie.

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Comentarios

Danielson Scott Danielson Scott
el 14/6/16
Si en medio de este mundo,vida tan banal y superfluo logro conectar una fibra con Dios pues eso ya es bello-
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Luis+Lopez 357 Luis+Lopez 357
el 11/6/16
Ánimo en el Señor para todos. Creo que es bellísima esta reflexión. Creo que cuando estamos con un amigo todos los días y a cada instante también se dará un momento de distracción pues se habla de tanto, cosas grandes y pequeñas, profundas y sencillas y el amigo comprende porque esta siempre pendiente y seguramente corregirá luego la distracción pero premiará la sinceridad. Cuando hacemos de Dios nuestro verdadero amigo le hablamos con sencillez, calma y sobre todo fidelidad. No tendrá lugar el diablo pues toda la vida la ocupa DIOS. Amén.
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Raquel Raquel
el 10/6/16
Esta hermosa reflexión me sirvió de mucho. Siento la presencia de Dios en mi vida pero dudo como Tomas soy humana. Cuando veo que no se dan las cosas con mis hijos y mi madre en mi hogar me pregunto en que fallo si estoy en oración. La tentación esta a granel a dudar de mi entrega a Dios. Sabiendo que hay santos de olla que en todo momento todo lo hago con amor.
Pero si todo lo hago en nombre de Dios el nos ayudara a entender y esta con nosotros aun en la tentación y el desanimo. Pero pensemos en encontrar el rostro de Dios en los que nos rodean y hasta en lo humano la comida, los sueños, las metas que nos proponemos en vida. Todo para servir al hermano que esta a mi lado como lo hizo y lo hace el Sagrado Corazón de Jesús con su inmensa misericordia,
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Martha Martha
el 7/6/16
Heme aqui tratando de entender la dualidad de nues-
tra naturaleza, no se trata de que seamos de una so-
la forma, el proyecto de Dios fue darnos de todo un
poco, sensibilidad para buscarlo a EL y a la vez un tan-
to de habilidad para disfrutar de todo lo bueno que pu-
so sobre la tierra y que nunca podremos prescindir de
ello . Entiendo que las personas que han decidido ha-
cer vida consagrada tengan muchas veces pensamien-
tos distintos al lugar donde se encuentran, si en la
Capilla orando, si oficiando una misa; eso es comple-
tamente natural, si bien tienen mas poder (ayudados
por Dios) para vencer las tentaciones que los que es-
tamos fuera, totalmente ligados a lo terrenal. Los de
afuera tenemos desvios de concentracion, en la ora-
cion, en la misa, muchas veces me e ... » ver comentario
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Veroniqu DuPalm Veroniqu DuPalm
el 6/6/16
....un discernimiento sencillo pero profundo.
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