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La Audacia con Dios

Ron Rolheiser (Trad. Julia Hinojosa) -

Hace algunos años, en un taller práctico, una mujer compartió esta historia.  Tenía un hijo de seis años de edad, a quien había tratado de instruir concienzudamente en la oración.  Entre otras cosas, ella le hacía arrodillarse junto a la cama cada noche para decir en voz alta una serie de oraciones, que terminan con una invocación "bendice a mamá, a papá, a la abuela y el abuelo".  Una noche, poco después de haber empezado a ir escuela, fue a su habitación para escuchar sus oraciones, y arroparlo para pasar la noche.  Sin embargo, cuando llegó el momento de arrodillarse junto a su cama y recitar sus oraciones, el niño se negó y, en lugar de rezar, se metió en la cama.  La madre le preguntó: "¿Qué pasa? ¿Ya no vas a rezar?"  Hubo notable calma en su respuesta: "No", dijo, "Ya no voy a rezar más.  La hermana que nos enseña en la escuela nos dijo que no debemos rezar, sino que debemos hablar con Dios...  ¡y esta noche estoy cansado y no tengo nada que decir! "

Esto es más que una reminiscencia de una historia Bíblica acerca del Rey David.  Una mañana, al regresar de la batalla con algunos de sus soldados, llegó al templo, cansado y hambriento, sin embargo la única comida disponible consistía en panes consagrados en el templo, los cuales según la ley religiosa judía, solo podías ser comidos por los sacerdotes en el ritual sagrado.  El Rey David preguntó al sumo sacerdote por los panes y se encontró con la objeción de que esos panes no eran para ser comidos como comida ordinaria.  David contestó que él no lo sabía, sin embargo, dada la situación y teniendo en cuenta que como Rey tenía la facultad para tomar decisiones por Dios en la tierra, le ordenó al sacerdote que le diera los panes.
La tradición Bíblica elogia al Rey David por eso.   Se le alaba por hacer algo bueno, por conocer a Dios lo suficiente como para saber que Dios hubiera querido que el pan se utilizara para unos fines excepcionales como ocurrió en esa situación.  Es alabado por tener una fe madura, por no ser excesivamente legalista, por no abdicar ante una sana crítica por temor y piedad, y por conocer a Dios lo suficiente como para saber que Dios no es una ley que obedecer, sino más bien una presencia amorosa que asesora y nos dota de vida y energía. También Jesús alaba a David por su acción cuando sus propios discípulos fueron castigados por descortezar el maíz en sábado.  Y hace referencia a la acción del Rey David de alimentar a sus soldados hambrientos con los panes consagrados, como un acto de profunda comprensión, es decir, al hacer este acto aparentemente sacrílego, David estaba, de hecho, demostrando una intimidad con Dios, que sus críticos por temor, no tenían.

Una de las cosas que caracteriza a la amistad madura, es la familiaridad y la intimidad que hace que una relación sea sólida en lugar de temerosa.  En una relación madura no hay lugar para una piedad miedosa o para la falsa reverencia.  Más bien, con un amigo cercano somos atrevidos porque conocemos la mente del otro, confiamos plenamente en el otro, y tenemos un nivel de relación en la que no se tiene miedo de pedir las cosas, podemos mostrarnos tal y como somos, nos entregamos a la alegría y a la broma, y somos (como el rey David) capaces de interpretar responsablemente la mente del otro. Cuando estamos en una relación madura con alguien, nos sentimos cómodos y a gusto con esa persona.

Esa es también una de las cualidades de una fe madura y una relación madura con Dios.  Según Juan de la Cruz, entre más profundo nos adentramos en una relación con Dios, y más madura se vuelve la fe, más audaces nos volveremos con Dios.  Como el Rey David y como el niño que se acaba de describir, la piedad miedosa será reemplazada por una familiaridad saludable.  Y esta no será del tipo de familiaridad que engendra desprecio; que toma al otro como una propiedad.  Más bien será el tipo de conocimiento que se basa en la intimidad, el cual, sin dejar de ser respetuoso y sin convertir al otro en una propiedad, es más calmado y alegre que miedoso y piadoso en la presencia de ese otro.

Sin embargo, si eso es cierto, entonces ¿qué debemos hacer con el hecho de que las Escrituras nos dicen que "el temor de Dios es el principio de la sabiduría" y el hecho de que la tradición religiosa siempre ha considerado que la piedad es una virtud?  ¿El miedo y la piedad se oponen a la "Audacia" con Dios?  ¿Estaba  el rey David equivocado en su audaz interpretación de la voluntad de Dios?

Hay un temor religioso que es saludable y hay una piedad que es saludable, sin embargo ninguno de estos se exhibe en una relación temerosa, legalista, escrupulosa, piadosa en exceso, o demasiado seria.  El temor sano y una piedad religiosa sana  se manifiestan en una relación sólida.

No debemos dejarnos engañar por el temor y la piedad. El miedo fácilmente se enmascara como reverencia religiosa.  La piedad puede pasar fácilmente como profundidad religiosa.  Sin embargo la verdadera intimidad desenmascara a ambos.  Una relación sana es sólida, audaz, y se caracteriza por la falta de miedo, por la tranquilidad, la alegría y el humor.  Y eso es especialmente cierto en nuestra relación con Dios.

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