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Gracias, Jesús, porque cumples lo que prometes

Salvador León Belén, cmf -

    “Escribo esta carta de agradecimiento a Jesús por las maravillas que hizo y hace en mi vida y en la de mi familia. Le doy gracias por su infinito amor, misericordia y perdón. A pesar de ser pecadora, Él siempre me levantó de mis caídas, no le importan mi falta de humildad, mi orgullo, mi poca fe, mis dudas, mis rabias... lo que realmente le ha importado ha sido mi actitud de arrepentimiento y mi corazón humillado. Él es mi principio y mi fin, mi buen amigo, mi maestro.

    En esta hermosa mañana le pido por mi amado esposo y mis amados hijos para que a todos nos conceda la gracia de la sanación, de tener un solo corazón, un solo amor y que este don suyo, el don del Amor, siempre cuide de toda la familia. Siempre estamos pidiendo por lo material, por nuestra salud y nos olvidamos de lo más importante, que es nuestra alma, nuestra fe y nuestro espíritu. Regálanos un corazón igual al tuyo: manso, humilde, grande para amar y para perdonar.

    Quiero dar testimonio de las maravillas que hiciste en mi vida y en la de mi familia. Te doy gracias porque sanaste a mi esposo Oscar Raúl de un cáncer de tiroides. Permitiste que mi mamá pudiera estar con nosotros más tiempo del diagnosticado por los médicos; y cuando cumplió su misión en la tierra, Tú la llamaste a vivir eternamente contigo.

    Llegó la conversión a mi corazón. Yo era una convertida de palabras, mis caminos no eran los caminos del Señor. Un día encontré que la única felicidad está en Dios. Él me sacó de mi losa, de mi depresión. El mejor remedio a mi enfermedad fue visitar todas las mañanas el Santísimo, estar en su presencia viva, ese es el mejor remedio y el mejor alivio del alma y del corazón. Todo se convirtió en una experiencia dura, a veces desesperante y al final consoladora. Pasé también por la experiencia dura de salvar mi matrimonio. Las lágrimas derramadas por la infidelidad de mi esposo hicieron que nuestra relación no se hundiera y nuestra familia no se destruyera. Él también se alejó porque ganaba mucho dinero. La intercesión de María, Virgen de Fátima, y de Jesús Misericordioso hicieron posible el retorno, la liberación de los enemigos y de las tentaciones. En nuestro camino nos han ayudado los buenos amigos Rosa y Gerardo de la Renovación Carismática. Ellos nos han enseñado a orar y a conocer más a Dios. Ellos están siempre a nuestro lado y sin importarles la distancia, la lluvia, el sol, la tormenta... acuden siempre que les llamamos.

    Gracias, Jesús, porque cumples lo que prometes. Gracias por mi esposo Oscar Raúl y mis hijos Janine, Raúl, Alice y Liz Carolina, también por mi yerno Hugo y mi nietito Rodney de Jesús. Muchas veces nos cuesta aceptar tu voluntad y pedir perdón, seguimos siendo orgullosos. Llevamos con nosotros el pecado, pero también tu gracia. Tu Espíritu viene en ayuda nuestra. Ten misericordia de nosotros. Mi alma te alaba, te glorifica, te da gracias por todo lo que nos das. Te amo. Mi vida eres Tú. Soy toda tuya”.

(Fátima María Elizabeth)
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