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Evangelio Seglar para el Primer Domingo de Cuaresma (21 de febrero de 2021)

Laiconet -

21 de febrero 2021

PRIMER PASO: LECTIO
¿Qué dice el texto?

Lectura del santo evangelio según Marcos 1, 12-15

Se dejaba tentar por Satanás, y los ángeles le servían

En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: "Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio."

SEGUNDO PASO: MEDITATIO
¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LA ENFERMEDAD
(mujer, casada, jubilada, convaleciente, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)

Jesús se dejó tentar sí, pero no dice que cayera en la tentación. Nosotros  somos tentados muchas veces y por muchas cosas,  a veces de formas tan paradójicas que no sucumbir a ellas es toda una proeza, pienso que en ocasiones son pruebas  para reafirmar nuestra conducta  y nuestra fidelidad a lo que somos y creemos.
He caído en la tentación de  las excusas, pero llega un momento en que ya no valen, ya no cuelan… no  importan las circunstancias que me rodeen, si estás cansado, si estás enfermo, vencido. ¡No quiero ni puedo poner más excusas!.
He caído en la tentación de evadirme para no afrontar la realidad tal como se presenta, sobre todo cuando la percibo como una amenaza, algo que me crea malestar o puede provocarme daño, es verdad que afrontar según qué problemas no es fácil, pero meter la cabeza debajo del ala no es la solución. ¡No quiero más miedos! Llega el momento de plantarle cara a esta tentación.
He caído en la tentación el mirar para otro lado: no me gusta lo que veo, no me gusta donde estoy metida, no me gusta enfrentarme... Pero no mirar no significa que no pase nada solo me hace perder la oportunidad de cambiarlo. Quiero mirar de frente, decidir, actuar, hacer…  Es momento de charle valor
He caído en la tentación la exculpación, esos alegatos que hacemos para descargarnos de la culpa y eximirnos de la responsabilidad que nos toca o para acallar nuestra conciencia. Se acabó el exculparme, hay que asumir la falta.
En el Padre nuestro no le pido al Señor que no tenga tentaciones sino que no me deje caer en ellas como hizo él, no más excusas, no más evadirme, no más mirar para otro lado, no más  exculparme, lo que toca es comprometerse  de verdad por su causa, a pesar de las circunstancias adversas. nuestra vocación de discípulos de Jesús quedaría vacía y sin sentido si no vivimos entusiasmados por la razón que dio sentido a su vida.

DESDE UN PADRE DE FAMILIA
(Hombre, casado, padre de dos hijos, trabaja, pertenece a movimiento eclesial)

El breve recorrido por el tiempo ordinario que iniciamos semanas atrás llega momentáneamente a su fin con el inicio de la Cuaresma y su leitmotiv principal: Convertíos y creed en el Evangelio.
Este año, en casa, durante la cena del miércoles tras la imposición de la ceniza, nos propusimos con los niños (o, para no engañar a nadie, les propusimos a los niños) vivirla con intensidad, siendo conscientes de que la liturgia nos brinda una oportunidad pintiparada de volver nuestro corazón al Señor y recorrer de su mano el camino que nos conducirá hasta la Pascua de Resurrección.
No siempre resulta una tarea sencilla. Lo primero, porque a veces somos sus propios padres los que peregrinamos por estas semanas sin reparar en la ocasión tan especial que se nos escapa entre los dedos sin pena ni gloria, absorbidos como estamos en nuestras cuitas diarias. Lo segundo, porque nuestros ratos de convivencia no siempre discurren como remansos de paz, en esta contienda diaria que supone lidiar con dos adolescentes que tienen sus tiempos y también sus propios problemas, y a los que únicamente podemos acompañar como el pasajero al conductor que, en última instancia, es quien maneja el volante.
En cualquier caso, pese a las dificultades, sabemos que Dios siempre nos busca y está deseando llevarnos a casa. Procuraremos, en este tiempo favorable, ofrecerles el testimonio de dos buscadores de Dios, conscientes, como decía el P. Caffarel, fundador de los Equipos de Nuestra Señora, en uno de sus múltiples escritos dirigidos a los matrimonios, de que solo les ayudaremos eficazmente a convertirse en verdaderos seguidores de Cristo si los amamos como Cristo.

TERCER PASO: ORATIO
¿Qué nos hace decir el texto?
(hombre, casado, trabaja, pertenece a movimiento cristiano)

Señor Jesús,
hay tantas y tantas sendas de salvación
a lo largo de la historia de la humanidad
que nos llevan siempre a la novedad de las novedades:
a los cielos nuevos y a la tierra nueva.
Cielos nuevos y tierra nueva a los que llamas Reino de Dios.

Señor Jesús,
en nuestra propia vida intuimos también sendas
que nos llevan a ese misterio de amor sobre todo amor
que se refleja en tus palabras y tus obras
en aquellas tierras de Galilea, Judea y Samaría.
Amor sobre todo amor al que tú llamas Reino de Dios.

Señor Jesús, nos sentimos unidos
a todos los hombres y mujeres de bien
cobijados bajo el arco iris asombroso
símbolo de la diversidad, de la potencia y del misterio de la vida.
Misterio de la vida y de la vida en abundancia al que llamas Reino de Dios.

Señor Jesús, el Espíritu impulsa la energía
de todas esas tradiciones espirituales milenarias
que recogen los anhelos de lo mejor de la humanidad,
las experiencias de lo sagrado de los santos y santas de la historia.
Anhelo de lo sagrado que Tú llamas Reino de Dios.

Señor Jesús, el desierto, el silencio, la soledad, la quietud…
acaso sean hoy día,
en estos tiempos de tanta ruina
y tanto fracaso,
de tantas palabras vacías
y tantas banalidades
los mejores accesos para reconocer
que podemos encontrar
el camino de la salvación
Camino de salvación al que Tú llamas Reino de Dios.

Señor Jesús,
frente a nuestras torpes y canijas idolatrías,
frente a nuestros cobardes y malhumorados abandonos,
frente a nuestros inmaduros y chapuceros egoísmos,
frente a nuestros miedos, tan reales y tan innombrables…
frente a nuestras falsas seguridades, tan monetarias y tan destructoras…
frente a nuestros tinglados ideológicos, tan doctrinarios y canónicos…
tan gruñones, tan de malos rollos, tan condenadores inexorables…
Tú nos miras a la cara,
con tu mirada única…
con esa mirada tan humana
como la que sintieron
la samaritana,
el ciego de nacimiento,
el paralítico,
y tantas y tantos allá en Israel
y a lo largo de la historia de la Iglesia,
tú nos miras a la cara y nos indicas el camino
y nos dices
«Cree en mí,
cree en la vida.
Confía en mí,
confía en la vida
porque la salvación está muy cerca,
muy a mano,
gratis…
basta abrir los ojos,
mirar como miran los niños
y bendecir como bendicen la realidad
las aves del cielo,
los lirios del campo
y la suave brisa que surge al amanecer».

Señor Jesús,
presencia del amanecer de todos los amaneceres.
Ábrenos a tu evangelio.
Ábrenos a tu corazón.
Ábrenos a tu misterio.

CUARTO PASO: CONTEMPLATIO
¿Quién dice el texto?

(Autorizado por el autor, Fano en www.diocesismalaga.es)

ÚLTIMO PASO: ACTIO
¿A qué nos lleva el texto?

(matrimonio, 5 hijos, ambos trabajan, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

Jesús frecuenta el desierto acompañado del Espíritu. El desierto y el tiempo de soledad le refuerzan, y de hecho, siempre vence las tentaciones.
Cuando nosotros buscamos el desierto, nos suele resultar enriquecedor. Normalmente lo que buscamos es bienvenido porque saciamos un hambre que teníamos.
El problema varias veces surge cuando es el desierto el que aparece improvisadamente en medio de nuestra vida, como consecuencia de determinadas circunstancias, como el despojo de seguridades, la falta de certezas, la imposibilidad de colmar necesidades, los desengaños, los dolores producidos por causa de la limitación humana, la nuestra o la de otros, y el daño que a posta o sin querer produce.
Cuando te llegue ese desierto no buscado por ti, cuando solo veas el problema o la miseria, la tendencia natural es dejar a Dios de lado y “comerte” la situación en soledad. Sin embargo, acuérdate de que es en el desierto, en el lugar donde no hay ninguna otra cosa salvo eso que te llevó allí, en lo más hondo de ti, donde precisamente más intenso es tu encuentro con el Espíritu Santo. Si se te dan esas circunstancias esta semana, o cualquier otra, te invitamos a que lo invoques y le ofrezcas tu situación, a que sientas su cercanía, su luz, su consuelo, su fuerza. De esa cruz que te llevó al desierto comenzarán a brotar signos de resurrección.
Será una forma de vivir nuestra pequeña Pascua para ir preparándonos para la más grande, la Pascua de Resurrección.


 

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