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Evangelio Seglar para el Domingo VI del Tiempo Ordinario

Laiconet -

PRIMER PASO: LECTIO
¿Qué dice el texto?

Lectura del santo evangelio según Marcos 1, 40-45

La lepra se le quitó, y quedó limpio

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: "Si quieres, puedes limpiarme." Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: "Quiero: queda limpio." La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: "No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés." Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

NOTAS BÍBLICAS
(por equipo coordinador, con asesoramiento de un biblista)

Marcos presenta este caso no tanto como la curación de una enfermedad, sino como una cuestión de pureza. Por tres veces seguidas se habla de la "limpieza":  Si quieres, puedes limpiarme (la liturgia prefiere traducir "curarme" esta primera vez, aunque es el mismo término griego que las dos veces siguientes que sí traduce por "limpio" y no por "curado"); Quiero, sé limpio; Quedó limpio.
Ese proceso de "limpieza" es llamado por Jesús "purificación":  ofrece por tu purificación lo que Moisés mandó. [El Levítico 13,47-14,4 manda que un sacerdote certifique el final de la lepra]
La purificación va precedida por dos hechos sorprendentes: el leproso se "acerca" a Jesús, cuando debía haberse mantenido a distancia y advirtiendo a gritos de su impureza (LV 13,45); Jesús "toca" al impuro, lo que le convertiría a él en un impuro.
Aunque de otro modo, al final Jesús siente los efectos que si hubiese vuelto impuro:  Jesús no podía entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera en los lugares desiertos.
Marcos dice que Jesús se "compadeció", como dirá otras dos veces. Jesús sigue mandando silencio sobre Él.

SEGUNDO PASO: MEDITATIO
¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LA ENFERMEDAD
(mujer, casada, jubilada, convaleciente, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)

Siempre me ha llamado la atención que Jesús cuando hace un milagro pida no contarlo a nadie, sobre todo porque cuando yo consigo algún logro lo voceo a los cuatro vientos. Ahora que tengo un problema de salud y con todas las circunstancias vividas últimamente puedo entenderlo, no quiere que busquemos en él a un fabricante de milagros sino que busquemos su persona y con ella la salvación. Lo primero que hice al enfermar fue pedirle la sanación física, ¡claro!, nadie quiere estar enfermo y mira por donde andando buscando la salud me encuentro con su sanación que no es la sanación que sigue el proceso lógico que nosotros pensamos, la enfermedad ha sido una oportunidad de volverme a Él, a través de ella  mi vida se ha enfocado más en Dios que en mis circunstancias personales. ¡Es curioso lo que Dios puede hacer a través de la enfermedad!. Y me pregunto qué puedo hacer por ayudar a sanar a otros, no de su enfermedad pero si de sus miedos, de su soledad. Ahora pongo aún más empeño en tener una palabra que sane, que alivie, que acoja y que ponga en pie a los que tengo a mi alrededor sabiendo escuchar lo que sienten, lo que necesitan, lo que quieren, saber respetar los silencios, sencillamente estando al lado sin más. Es bueno estar ahí, preparado para lo que el otro necesite, es necesario acompañar y es igual de bueno y necesario dejarse acompañar.

DESDE UN PADRE DE FAMILIA
(Hombre, casado, padre de dos hijos, trabaja, pertenece a movimiento eclesial)

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: "Si quieres, puedes limpiarme."
Con frecuencia, en diferentes pasajes evangélicos, asistimos a la irrupción de Jesús en la vida de otras personas. El Señor salía a predicar la llegada del Reino a los caminos, a las aldeas, a la sinagoga. Buscaba el encuentro con sus contemporáneos para hacerles partícipes de la Buena Noticia. Pero también en otras ocasiones, como nos relata hoy Marcos, era la gente quien acudía a Él.

El leproso acudió a Jesús lleno de confianza y ese encuentro cambió su vida. La vida es otra muy distinta cuando hacemos hueco al Señor en nuestro corazón y dejamos que se convierta en nuestra piedra angular y el pilar de nuestros matrimonios y nuestras familias.

Felizmente convencidos de esa realidad que mi esposa y yo hemos experimentado en carne propia, también para nuestros hijos queremos ese encuentro. Por eso, aunque sin duda la fe es una gracia que el Señor nos concede y Jesús, hoy, igual que ayer, sigue saliendo al camino en nuestra búsqueda, en casa hemos procurado propiciar ese encuentro como hizo el leproso, haciendo partícipes a nuestros hijos del regalo que supone tener a Jesús como compañero en el camino. Ojalá que lo aborden tan llenos de confianza como él.

TERCER PASO: ORATIO
¿Qué nos hace decir el texto?

(hombre, casado, trabaja, pertenece a movimiento cristiano)

Señor Jesús, evangelio maternal para todos los que se acercan a ti,
sea cual sea su condición, su estatus, su situación vital.
 
Por Ti sabemos que toda la sabiduría se sintetiza en la compasión.
Por Ti sabemos que toda la humanidad está llamada a la comunión.
Por Ti sabemos que nadie cae fuera de tu sí a la vida.
 
Señor Jesús, evangelio de autenticidad,
acoge nuestros dolores tan humanos,
en estos tiempos donde vivimos tantos miedos e incertidumbres.
 
Señor Jesús, regenera nuestras mejores capacidades
para crear vínculos de confianza allí por donde pasemos.
 
Señor Jesús, genera en nosotros los mejores frutos
de nuestra inteligencia, de nuestra libertad y de nuestro amor
para colaborar con todo lo de bondadoso que nos encontremos
en nuestros caminar como miembros de la comunidad humana.
 
Señor Jesús, evangelio de esperanza,
alégranos la vida,
alimenta nuestro interior,
empasta nuestros vínculos fraternales.

Señor Jesús, evangelio de luz,
límpianos,
álzanos,
restitúyenos.

Señor Jesús, evangelio de vida.
Líbranos de lo que nos da miedo,
de lo que entumece los dones que nos has dado,
de nuestros pecados de omisión,
tan evidentes,
tan contumaces,
tan malignos.

Dios de Dios, Luz de Luz, Salvador,
lleno del Poder de Dios,
 a Ti acudimos,
como el leproso,
de rodillas.

Sólo Tú tienes palabras de vida humana y eterna.

CUARTO PASO: CONTEMPLATIO
¿Quién dice el texto?

(Autorizado por el autor, Fano en www.diocesismalaga.es)

 

ÚLTIMO PASO: ACTIO
¿A qué nos lleva el texto?

(matrimonio, 5 hijos, ambos trabajan, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

Muchos pasajes bíblicos en los que Jesús cura tienen tres denominadores comunes de quien va a ser sanado por Señor: primero, es consciente de su ceguera, de su lepra, de su enfermedad, de su pecado…; segundo, tiene la determinación de curarse, que es mucho más que mejorar su estado, interior o exterior, es estar limpio de aquello que le impide ser libre, mirar cara a cara a la vida, a sí mismo, a los demás, al Señor; tercero, sabe que Jesús está pasando por delante en ese momento, o sabe cuándo va a pasar y busca un lugar donde verle (como en el caso de Zaqueo).

Esta lectura me brinda la oportunidad de hacer un ejercicio esta semana que me puede hacer mucho bien en mi crecimiento personal.

Consiste en primer en localizar lugar eso que quiero y puedo cambiar de mi vida aunque me lleve tiempo. Ese vicio, esa conducta, ese estado,…Claro que antes he de distinguir con objetividad entre lo que pueda y no pueda cambiar. Tal vez me puede servir que ampararme en la edad que tengo en varias ocasiones sea una creencia limitante por lo que a veces no es una razón de peso para ese cambio, o que si es algo que depende de mi voluntad y de mi organización es posible que sí que se trate de un cambio viable. También se trata de no caer en la tentación de dejarte en un segundo plano ante el pretexto de que es siempre mejor priorizar a los demás, pues recuerda que para ayudar a los demás, es necesario ayudarse uno  mismo primero, estar en condiciones para esa ayuda.

En segundo lugar, poner en manos del Señor en la oración, junto a mis manos, el proceso de cambio. Que Él me acompañe en todo momento porque lo necesito, porque solamente a su lado y con su ayuda puede hacerse en mí eso que ahora me parece un milagro.

Y en tercer lugar, planificar ese cambio. Poner nombre a la persona cuya ayuda, dirección, asesoramiento, entrenamiento necesitaré, si fuese el caso; buscar hueco en mis rutinas para ponerme a ello, poner horarios y fecha en el calendario; solucionar todos los aspectos materiales, también si fuese preciso, necesarios para el cambio; y buscar día de inicio, pues no va a llegar por sí solo, no puedo quedarme esperando a que baje el caudal del riachuelo para cruzarlo, el momento tendré que decidirlo yo, no la corriente. Y una vez emprendida la iniciativa, mantenerse fiel al compromiso personal adquirido durante todo el tiempo que dure el proceso.
 

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