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Evangelio Seglar para el Domingo de Ramos (28 de marzo de 2021)

Laiconet -

LECTIO DEL DOMINGO DE RAMOS: TIEMPO DE CUARESMA- CICLO B

PRIMER PASO: LECTIO
¿Qué dice el texto?

Lectura del santo evangelio según Marcos 14, 1-15,47
Pretendían prender a Jesús a traición y darle muerte

C. Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes, con los ancianos, los escribas y el Sanedrín en pleno, se reunieron, y, atando a jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato. Pilato le preguntó:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?»
C. Él respondió:
+ «Tú lo dices.»
C. Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato le preguntó de nuevo:
S. «¿No contestas nada? Mira cuántos cargos presentan contra ti.»
C. Jesús no contestó más; de modo que Pilato estaba muy extrañado. Por la fiesta solía soltarse un preso, el que le pidieran. Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los revoltosos que habían cometido un homicidio en la revuelta. La gente subió y empezó a pedir el indulto de costumbre. Pilato les contestó:
S. «¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?»
C. Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás. Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó:
S. «¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?»
C. Ellos gritaron de nuevo:
S. «¡Crucifícalo!»
C. Pilato les dijo:
S. «Pues ¿qué mal ha hecho?»
C. Ellos gritaron más fuerte:
S. «¡Crucifícalo!»
C. Y Pilato, queriendo dar gusto a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran. Los soldados se lo llevaron al interior del palacio –al pretorio– y reunieron a toda la compañía. Lo vistieron de púrpura, le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo:
S. «¡Salve, rey de los judíos!»
C. Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él. Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacaron para crucificarlo. Y a uno que pasaba, de vuelta del campo, a Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, lo forzaron a llevar la cruz. Y llevaron a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»), y le ofrecieron vino con mirra; pero él no lo aceptó. Lo crucificaron y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno. Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: «El rey de los judíos.» Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda. Así se cumplió la Escritura que dice: «Lo consideraron como un malhechor.» Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo:
S. «¡Anda!, tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo bajando de la cruz.»
C. Los sumos sacerdotes con los escribas se burlaban también de él, diciendo:
S. «A otros ha salvado, y a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos.»
C. También los que estaban crucificados con él lo insultaban. Al llegar el mediodía, toda la región quedó en tinieblas hasta la media tarde. Y, a la media tarde, jesús clamó con voz potente:
+ «Eloí, Eloí, lamá sabaktaní.»
C. Que significa:
+ «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»
C. Algunos de los presentes, al oírlo, decían:
S. «Mira, está llamando a Elías.»
C. Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber, diciendo:
S. «Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo.»
C. Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró. El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo:
S. «Realmente este hombre era Hijo de Dios.»

SEGUNDO PASO: MEDITATIO
¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

LA CUARESMA DESDE UN SEGLAR
(hombre, casado, 2 hijos, trabaja, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)

¿Quiénes somos en la pasión de Nuestro Señor? El misterio más grande es que somos todos a la vez y en todo momento. Y no sólo los protagonistas habituales. Sí, ciertamente sabemos y nos hemos sentido Judas en infinidad de ocasiones traicionándole por menos de treinta monedas. Apenas un “me gusta” en el Facebook, un pequeño soplo de vanidad o modernidad que nos aleje de “la rancia iglesia” hace que la traicionemos fácilmente. Nos olvidemos de todo lo que nos ha dado y ha enriquecido. Y qué decir de las veces que Ie acompañamos en lo poco que nos pide para velar con Él y nos quedamos dormidos…o demasiado despiertos, nos despierta el ansia de dinero y prestigio, que hace que no velemos en su senda, que nos durmamos cuando nos pide que le acompañemos en la compasión y en amar al prójimo.

Somos los soldados que hoy le acompañamos a matarlo sin que se escape, y ayer escuchábamos sus palabras creyendo que nos daban vida. Vivimos lavándonos las manos de aquello que no nos afecta, quitándonos “marrones”, nos unimos a la masa alocada en el mundo real o las redes sociales para repetir las consignas políticamente correctas, y en aquella época, gritábamos: Crucifícalo, crucifícalo…y todo ello lo hacemos a la vez, en el mismo día. Somos ese personaje que es capaz de desdoblarse y traicionar, negar, unirse a las masas, llevar a la cruz al mesías…

Pero, milagrosamente, de forma coetánea en el tiempo, mientras iba produciéndose todo lo anterior, Jesús hizo el milagro de la eucaristía, convirtió la sangre en su vino y el pan en su carne…y nos lo dio, y todo cambió.

Y entre tanto kaos, y cuando sus “haters” se las prometían muy felices…tal y como dijo, al tercer día resucitó, y ya todo cambió. Y ya todos los días, a partir de ahí seríamos y somos un poco traidores, un poco negadores, un poco indiferentes…pero a la vez tenemos la fuerza de la eucaristía que instauró esos días y la fuerza de la resurrección que nos hace ser padres que abrazan a hijos pródigos, hijos que saben pedir perdón y reconocerse pecadores, hombres de fe que creen en su palabra, saber que amando al prójimo amamos a Dios de una forma pura y dura…Y todo eso gracias a esos intensos días de pasión.

DESDE UN PADRE DE FAMILIA
(Hombre, casado, padre de dos hijos, trabaja, pertenece a movimiento eclesial)

Ningún padre quiere ver sufrir a sus hijos. Es cierto que, a veces, en el sufrimiento encontramos la antesala de un crecimiento personal pero, incluso en esas ocasiones, la inmensa mayoría de nosotros estaríamos dispuestos al sacrificio que fuera necesario por ahorrarles sufrimientos.

La lógica de Dios, sin embargo, no se rige por nuestros mismos parámetros. Su amor por el mundo le empujó a entregar a su Hijo único, en un acto que escapa a nuestra comprensión intelectual (desde luego a la mía) y al que únicamente se puede acercar uno desde la fe. Así encarnado, el Señor recorre el mundo como un Mesías sufriente, un Mesías conocedor del sacrificio último que le aguarda que asume no sin vacilaciones y miedo, un Mesías que nos precede y muestra el camino a seguir y nos invita a recorrerlo junto a Él.

Pero ese camino no es un camino de rosas. No lo fue el suyo, y ni a nosotros ni a nuestros hijos nos garantiza nadie que no vaya a estar lleno de obstáculos y dificultades. Quien más quien menos tiene experiencia de ello. Por eso, ahora que, un año más, enfilamos la recta final de este otro camino de Cuaresma, siento la certeza de que solo interiorizando al Señor en nuestro recorrido y poniéndonos confiadamente en sus manos podremos hacerlo llevadero hasta gritar, con el centurión, realmente este hombre era hijo de Dios.

TERCER PASO: ORATIO
¿Qué nos hace decir el texto?
(hombre, casado, trabaja, pertenece a movimiento cristiano)

Señor Jesús, leo y releo tu entrada en Jerusalén.
Me acosan las preguntas
ante este fragmento
del tapiz de la condición humana,
con su haz y con su envés,
tan Frankenstein,
que es la entrada de Jesucristo en Jerusalén.]
 
¿Cuándo y cómo terminará mi peregrinación?
¿Por qué peregrino?
¿Hacia dónde peregrino?
¿Con quién peregrino?
¿Peregrino, peregrinamos, realmente hacia Ti, Señor?
A veces me siento como un náufrago cuando anochece.
Pero sé que tú, Señor,
nos enseñas a fracasar:
tu fe fundamenta nuestra fe.

¿Cómo sé si he hecho lo que debía hacer en este mundo?
¿Cómo sé el encargo que me has hecho, Señor?
¿Junto con quién colaboro en siembra de tu Reino?
¿Siembro de verdad tu Reino?
Ni quiero ni puedo contar mis cotidianas chapuzas, Señor.
Pero sé que amas sin condiciones,
con esa mirada tuya que no se ha vuelto a dar
en la historia de la humanidad…
como la del padre del hijo pródigo…

¿Tu encargo son mis sueños, nuestros sueños?
¿Tus sueños es mi encargo, nuestro encargo?
¿Cómo ser veraz contigo, Señor?
¿Cómo ser veraz conmigo, Señor?
Ante Ti, lo mejor callarme,
como la adúltera del evangelio.
Sé que me alzas,
misteriosamente,
fraternalmente,
con esa ternura que salva al mundo.

¿Cuándo será el trayecto final de mi vida?
… me da miedo esta pregunta.
¿Cómo superar el miedo al final de mi vida,
de mi biografía,
de mi existir…
¿Cómo será mi cesación?
¿Sufriré?
¿…cuánta soledad tendré?
Temor.
Temblor.
Íntima congoja inexorable.
¿Acaso me/nos espera una aciaga niebla helada?
¡Auméntame la fe, Señor!

¿Estoy camino del Reino de la Vida?
¿Realmente no sé si cuido la vida cotidiana
entre tanto y tanto desquiciamiento
en el que vivo, en el que vivimos?
Ando como un animal herido,
clamando…
Sé que tú sanas,
das consistencia,
generas esa confianza
maternal inagotable.

¿Qué reino estoy ayudando a construir, Señor?
¿Llegaré a ser realmente yo mismo
muriendo a lo que he sido en la vida?
¿Cómo morir a mí mismo, Señor?
¿Qué quedará de mí contigo, Señor?
Me siento como un collage amorfo,
desvertebrado,
sin una identidad propia.
Sé que tu eres el fundamento
de lo que me ha pasado,
de lo que me pasa,
de lo que me pase.
… Por ti, sé que, siempre,
lo mejor está por venir.

¿Moriré y alcanzaré mi verdadera verdad?
¿Qué vitalidad tendrá esa verdad contigo, Señor?
¿Cómo ampliar la mirada a mi vida…
para que de verdad sea una mirada fe?
¿Cómo ensanchar mi horizonte…
para que de verdad viva en la esperanza que consuela
y fundamenta la alegría de vivir?
A veces me siento cercano a un insecto.
Pero tú ofreces vida en abundancia,
fascinante y misteriosamente,
en una alfaguara impensable.

¿Acepto ser simplemente un humilde servidor
de tus designios de amor?

¿Realmente mi camino hacia la muertees una fiesta
por Ti,
en Ti,
hacia Ti?

CUARTO PASO: CONTEMPLATIO
¿Quién dice el texto?

(Autorizado por el autor, Fano en www.diocesismalaga.es)

ÚLTIMO PASO: ACTIO
¿A qué nos lleva el texto?
(matrimonio, 5 hijos, ambos trabajan, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

Jesús, justo antes de expirar, dijo que todo se ha cumplido (Jn 19, 30). Murió satisfecho después de haber entregado su vida siguiendo la voluntad del Padre, porque hizo lo que tenía que hacer amando hasta el extremo. Tanto su vida como su muerte tuvieron mucho sentido, supo vivir y supo morir. Esto nos lo explicaba el pasado fin de semana un conocido misionero claretiano, y nos decía que no es lo mismo una vida feliz que una vida plena. Que las mayores felicidades no nos van a llenar tanto como la plenitud de vida, y eso que puede conllevar mucho sufrimiento.

¿Y nosotros? No estamos llamados a ser felices, sino a vivir una vida en plenitud.

¿Me he planteado qué supone realmente vivir yo en plenitud? Pero buscando la plenitud que quiere Dios de mí, no la que yo pueda querer. Me propongo contrastar esta Semana Santa qué es felicidad y qué es plenitud en situaciones de mi propia vida, para seguir entrenándome en la búsqueda auténtica de la voluntad de Dios.

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