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Evangelio Seglar para el domingo 1º de Cuaresma (6 de marzo de 2022)

Laiconet -

PRIMER PASO: LECTIO
¿Qué dice el texto?

 Lectura del santo evangelio según Lucas 4, 1-13

El Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado

En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y, durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo.
Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre.
Entonces el diablo le dijo: "Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan." Jesús le contestó: "Está escrito: «No sólo de pan vive el hombre»".
Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo: "Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo."
Jesús le contestó: "Está escrito: «Al Señor, tu Dios, adorarás y a él sólo darás culto»". Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: "Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: «Encargará a los ángeles que cuiden de ti», y también: «Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras»".
Jesús le contestó: "Está mandado: «No tentarás al Señor, tu Dios»".
Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

SEGUNDO PASO: MEDITATIO
¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE EL SÍNODO 2021-2023 “Por una Iglesia sinodal”
(hombre, casado, 2 hijos, pertenece a comunidad y movimiento seglar)

Iniciamos la Cuaresma con un texto que, como pasa tantas veces, podemos estar cansados de escuchar porque ya hemos elaborado nuestras “tesis” o interpretaciones sobre lo que nos dice este pasaje del evangelio de Lucas, que todos los años vuelve para situarnos en este tiempo de cambio. Pero es importante que volvamos sobre él con los “oídos del corazón” bien atentos porque a nadie se le escapa -y de lo contrario tendría que hacérselo ver- que vivimos rodeados de tentaciones más o menos veladas; y esto ya el propio Jesús lo vivió en primera persona.

Y además en el caso del Señor no deja de ser curioso el momento en que se ubican. Él viene de una de las “experiencias cumbre” de su vida, que tiene carácter fundante, el bautismo en que ha sido revelado que Dios es su Abbá, su Papá. Resulta muy curioso que de este momento gozoso pasemos rápidamente a la aridez del desierto. Que de la experiencia de comunión el Espíritu lo lleve a la soledad y el silencio. De la certeza del encuentro a las tentaciones de lo que nos quiere separar de Dios.

El Espíritu Santo juega un gran papel en todo esto. Él es quien desciende sobre Jesús en el bautismo y quien le fue llevando por el desierto. A veces el modo en que se redactan los evangelios esconde cosas poco casuales pero que -precisamente por una lectura acostumbrada- pasan desapercibidas. No dice el texto que el Espíritu lo llevó al desierto (y poco menos que lo abandona allí a su suerte), sino que lo fue llevando “por” el desierto. Hace las veces de guía, de acompañante íntimo, de fuerza incondicional; de tal manera que Jesús nunca está fuera de la intimidad de la vida divina. 

En la vida de la Iglesia, como en la de su Señor, nunca está lejos el tentador, por eso es necesario que el Espíritu nos lleve “por” la cuaresma para aposentar las experiencias de perdón y conversión. El primer objetivo que nos presenta el Documento Preparatorio del Sínodo versa: “hacer memoria sobre cómo el Espíritu ha guiado el camino de la Iglesia en la historia y nos llama hoy a ser juntos testigos del amor de Dios”.

Una propuesta para este domingo: Vivir la Cuaresma en clave sinodal puede empezar por hacer memoria no de las tentaciones, sino de la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas (y en el corazón de la vida de la Iglesia). Dedica un rato de retiro en silencio para agradecerle que nos va llevando “por” la historia hacia la Pascua que, seguro, vendrá. 

DESDE LA FAMILIA (Exhortacion posinodal “Amoris Laetitia”)

(mujer, casada, 3  hijos, pertenece a comunidad y movimiento seglar)

El desierto es el lugar de la INTIMIDAD con Dios, pero también de las tentaciones.

Cuando estamos llenos de Dios, cuando cuidamos la intimidad con Él, el Espíritu nos guía, y si aparece la tentación, su fuerza nos ayuda a enfrentarla.

En nuestro matrimonio, cuidar la intimidad con Dios es esencial para mantener viva la gracia del sacramento. La oración conyugal debe ser el momento central de nuestra vida cotidiana; en ella, hemos experimentado que los dos nos hacemos uno con Cristo, y el Espíritu habita plenamente en nuestro corazón; y un corazón lleno del Espíritu es capaz de enfrentar cualquier tentación que pueda presentarse en el día a día. 

Nosotros, como familia, estamos llamados a cuidar esta intimidad con Dios, y aunque a veces se nos hace complicado, es uno de los regalos más importantes que podemos dejar a nuestros hijos: “compartir la oración cotidiana, la lectura de la palabra de Dios y la Eucaristía para hacer crecer el amor y convertirse cada vez más en templo del Espíritu Santo” (Amoris Laetitia 29).

Esta cuaresma queremos profundizar en nuestra intimidad con Dios y dar vida a nuestra oración de familia, seguros de que así caminaremos juntos hasta la Pascua guiados por un corazón lleno del Espíritu. 

TERCER PASO: ORATIO
¿Qué nos hace decir el texto?

(hombre, casado, pertenece a movimiento cristiano)

Señor Jesús, maestro en superar las pruebas,
las tentaciones,
las limitaciones humanas,
demasiadas humanas…
me desbordan… 

Me siento ajeno a tanto y tanto sufrimiento que hay en el mundo y cerca de mi…
No soy capaz de bendecir por tanto y tanto bueno que hay a mi alrededor…
Me da mucho miedo hablar del evangelio de un modo profético a los que hablan conmigo…
No me veo capaz de mejorar ni en conductas ni en obras…
No te busco en el silencio de mi interior ni en lo que ocurre en mi transcurrir diario…
Vivo momentos de frustración cercana a la ira cuando no me salgo con la mía de inmediato…
Tengo momentos de soberbia cuando parece que alguien se pone en mi camino, estorbándome…
Hay veces que la envidia me corroe, amarilleándome la mirada y el ánimo…
Muchas veces me indigno por caprichos, por banalidades, por mezquindades que siembro y siembro…
Hay días que la amargura es mi compañera de respiración, de resuello, de aspereza…
Tantas y tantas veces juzgo con resentimiento al que es, simplemente, de un vivir diferente al mío…
No profundizo en mis pensamientos y me dejo llevar por la falsa seguridad de quien se cree más listo que la vida…
No refino mis deseos, a los que identifico con lo que me conviene o con lo que realmente me tiene que pasar para ser yo y mantenerme en mi identidad… 

Tanto y tanto Señor…
… tanto del tener, del mandar, del aparentar
en todas sus variantes,
en tantas ramificaciones,
en tantas facetas
de las que huyo,
encerrándome en mis vulgares intereses muy a corto plazo… 

Señor Jesús, maestro en superar las pruebas,
las tentaciones,
las limitaciones humanas,
demasiadas humanas…
me desbordan…

Y he escrito esta oración ante Ti,
esperando, simplemente
tu mirada,
como hiciste con la adúltera. 

CUARTO PASO: CONTEMPLATIO
¿Quién dice el texto?

(Autorizado por el autor, Fano en www.diocesismalaga.es)


ÚLTIMO PASO: ACTIO
¿A qué nos lleva el texto?

(matrimonio, 5 hijos, ambos trabajan, pertenecen a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

Cada uno de nosotros sabemos de qué pie cojeamos. Y normalmente cojeamos de lo mismo. Lo malo es que el diablo también sabe de qué cojeamos. Entra en nuestra intención y nuestro ánimo como quien no quiere la cosa, planteándonos la cuestión como si fuera algo inocente y que no nos hace mal ni hace mal a nadie, y además, porque nos lo merecemos o lo valgo… La verdad es que nos suele coger en un momento de debilidad interior. La fortaleza interior la podemos entrenar con seguridad. Es cuestión de parar y organizarnos para construir nuestra casa sobre roca.

El inicio de la Cuaresma es un momento ideal para que este tiempo tan importante de conexión con el Señor no pase en balde. ¿Qué voy a hacer expresamente para reforzar mis murallas frente al mal y para fortalecer mi interior? Si te das cuenta de la sed de Dios que tienes, dispones de muchos apoyos cerca para sentir que Él habita en ti y que tu vida se configura con la de Él. Recurre a ellos: el sacramento del perdón, la Eucaristía, la escucha activa de la Palabra… y especialmente en esta Cuaresma que comienza, la oración, el ayuno y la limosna. Te propongo que si no has empezado a prepararte para este tiempo de gracia, no dejes pasar ni un día más y te organices desde hoy. Una forma de iniciarlo, que a mí me sirve, es invocar al Espíritu Santo, o pedirle al Señor, como recoge el Salmo 50, que te renueve por dentro con espíritu firme. Pero no te quedes sólo en la petición que hagas. Con el Espíritu en ti, profundiza en tu acercamiento al Señor con los medios que pone a tu alcance. La vida auténtica te va en ello. 

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