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¿Es el matrimonio la muerte del amor?

Bonifacio Fernández, cmf -

¿Qué está pasando con el amor en nuestra sociedad? ¿Nos hemos vuelto inconsistentes e incapaces de vivir este afecto humano fundamental? La necesidad fundamental de amar y ser amado, de dar y recibir amor, ¿se ha apagado? ¿Ya no es una carencia que pone en vilo nuestra existencia temporal y la llama a la relación?

Estamos viviendo la persistencia de las mascarillas y la distancia social. La convivencia puede resultar peligrosa. Las reuniones dan miedo. La cultura dominante nos está impulsado con fuerza a vivir en el momento presente como individuos; a sacar todo el jugo posible a la vida de cada día de forma acelerada y subjetiva. Cada uno tiene que cubrir la necesidad de sentido de su vida, su orientación y comprensión.  De muchas maneras nos disuade de pensar en la adversidad, la enfermedad y en nuestra muerte. Es como si no existiera. Pero sí nos informa y obliga a pensar en la muerte del amor: ahí están las estadísticas de las separaciones, de los divorcios, de la baja nupcialidad…

Feliz yo y ya

La aspiración a una vida colmada se concentra en el aquí y el ahora. Se aceleran los estímulos por concentrar la felicidad en el presente; no hay tiempo que esperar. No hay gratificaciones que diferir.

Paradójicamente en la medida en que desaparece el horizonte de la plenitud de la vida para siempre como realización de las aspiraciones humanas más hondas, en esa misma medida se hace frágil la pasión de amor. Por más que se pretenda hacer del amor un sustituto de Dios y convertirlo en una religión, no llena el vacío y la potencia del corazón marcado por la temporalidad, la finitud, la mortalidad. Las expectativas religiosas sobre el amor terminan en decepción. No podemos hacer que el amor de una persona humana nos haga felices. Nadie tiene la misión de amarnos tanto que llene todos nuestros vacíos.

Clamor de resurrección

A la inversa, en la medida que el dinamismo del amor se activa con lucidez, en esa misma medida, se convierte en protesta contra la muerte. La experiencia del amor es un clamor de relación y de resurrección. Si se apaga la experiencia del amor, se apaga la esperanza de la resurrección y de la vida para siempre.

El amor a otra persona no implica anularse a sí mismo; el amor es siempre auto realizador y expansivo de la vida. No implica renunciar a las propias ideas y proyectos y sueños de vida auténtica. La cuestión fundamental es: ¿De qué amor estamos hablando cuando nos referimos al amor y de su muerte en el matrimonio? ¿Hablamos del sentimiento del amor o incluimos la decisión de amar? Escuchamos al maestro:

¿Qué es el amor?

Ausencia total de miedo- dijo el maestro

Y ¿qué es a lo que tenemos miedo?

Al amor, -respondió el maestro.
 

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