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El Tribalismo y El Miedo: Son Indignos del Cristianismo

Ron Rolheiser (Trad. Julia Hinojosa) -

Marilynne Robinson, en su ultimo libro, una serie de ensayos titulados: "Cuando yo era niño, yo Leí Libros", incluye un ensayo llamado “Amor Maravilloso.”  Comienza el ensayo autobiográfico, confesando su profunda y dilatada, fe cristiana y su cada vez más profunda admiración y asombro ante el misterio de Dios.  Continua expresando algunos de sus temores, en especial lo que sucede hoy en día en muchas de las iglesias y dentro de muchos de nosotros, a saber, que las nuevas formas de tribalismo y de miedo han reducido a nuestro maravilloso Dios a una "deidad tribal" y nuestro propio "Baal local".

Afirma que con mucha frecuencia el Dios de todas las naciones, de todas las familias, y de todos los pueblos es invocado por nosotros como un Dios exclusivo, de mi nación, mi familia, mi iglesia y de mi propia gente. Marilynne Robinson cita varios ejemplos, incluyendo su propia tristeza por la forma en que cristianos sinceros no podemos aceptar nuestra mutua autenticidad.  "Debo asumir que aquellos que no están de acuerdo con mi comprensión del Cristianismo, somos de la misma manera Cristianos, somos miembros de una familia. Confieso que de vez en cuando me encuentro con esta dificultad. Esta dificultad se debe en parte al hecho de que tengo razones para creer que ellos no piensan de la misma manera sobre mí". Esto no es digno de Dios, del Cristianismo, y de lo mejor que hay en nosotros. Lo sabemos de sobra, aunque por lo general no lo ponemos en práctica y por lo tanto sufrimos lo que Freud llamó "el narcisismo de las pequeñas diferencias".

Y esto se arraiga en el miedo, miedo a muchas cosas.  Entre estos miedos esta el temor al mundo secularizado; y el cómo nos sentimos en relación a éste nos ha colocado en una pendiente resbaladiza en términos de nuestra herencia Cristiana y nuestros valores morales.  Citando a Robinson: "Estas personas ven en la avalancha secularista la intención de reducir la religión a la marginalidad, y puede que más allá, y por el bien de la Cristiandad ellos quieren  enrolar a la sociedad misma en su defensa.  Quieren que los políticos hagan declaraciones de fe, y cuando los comerciantes cuelgan sus carteles y pancartas de temporada, quieren que éstas digan algo más específico que el simple "Felices Fiestas".

Robinson, sin embargo, desconfía en comprometer al poder político en la defensa del Cristianismo. ¿Por qué?  Debido a que "este país [Estados Unidos] en su primer período fue poblado en gran parte por personas religiosas que escapaban de la persecución religiosa en manos de iglesias estatales, ya fueran los Hugonotes Franceses, los Presbiterianos Escoceses, Congregacionalistas Ingleses, ó Católicos Ingleses.   Ella añade: "Debido a que mis propios héroes religiosos tendían a morir horriblemente bajo estos regímenes, no siento nostalgia por el mundo previo al secularismo, ni la sentirían muchos de los defensores de la nación cristiana,  si observaran un poco la historia de sus propias tradiciones".

Dentro de nuestro miedo al secularismo, sugiere ella, se encuentra una gran ironía:  Tenemos miedo del secularismo porque, de  hecho, hemos internalizado un gran prejuicio en contra del Cristianismo, es decir, la creencia de que la fe y el cristianismo no pueden resistir el escrutinio de una cultura intelectualmente sofisticada. Y ese temor está en la raíz de un anti-intelectualismo que es muy prominente dentro de muchos círculos religiosos en la iglesia de hoy.  ¿Cuánto de nuestro miedo a que el Cristianismo esté hoy en día en una pendiente resbaladiza se puede deber a este prejuicio?  ¿Por qué tenemos tanto miedo de nuestro mundo y de los intelectuales secularizados?
Este temor, afirma ella, genera un antagonismo que no es digno del Cristianismo.  El miedo y el antagonismo están muy de moda en los círculos religiosos de hoy, casi son usados como un símbolo de fe y lealtad.  ¿Es esto un signo de salud?  No.  Ni el miedo, ni el antagonismo, alega ella, están "convirtiendo a personas al cristianismo ni inspiran minimamente ni pensamientos ni acciónes que merezcan ser llamados cristianos".  Además, "si creer en Cristo es necesario para tener vida eterna, entonces corresponde a las personas que se llaman a sí mismas cristianos o cualquier institución que se llame a sí misma iglesia, el darle crédito a la fe, y no avergonzarla ó desgraciarla.  El convertir a  Dios en una deidad tribal, en nuestro Baal local, es vergonzoso y deshonroso”.

El temor y el antagonismo no hacen nada, añade ella, para atraer respeto al cristianismo y a nuestras iglesias, y en la medida en que permitamos que ambos se asocien con el Cristianismo, corremos el riesgo de pintarrajear el cristianismo a los ojos del mundo.  Pero decir esto en el clima actual es arriesgarse a ser juzgado como antipatriota. Se supone que no nos debe importar lo que el mundo piensa.  Sin embargo, es al mundo al que estamos tratando de convertir.  Y por eso tenemos que tener cuidado de no presentar el Cristianismo como indigno, xenofóbo, y no merecedor de nuestro maravilloso Dios que abraza a todos.

¿Por qué tanto miedo, si creemos que el Cristianismo es la más profunda de todas las verdades y creemos que Cristo estará con nosotros hasta el fin de los tiempos?  Sus últimas frases encierran un reto que necesitamos con urgencia hoy.  "El Cristianismo es una narrativa demasiado grande como para ser reducida al servicio de intereses parroquiales ó para suscribir en cualquier historieta.  El respeto debería prohibir, en particular, su subordinación al tribalismo, al resentimiento, ó al temor".

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