El sentido del sufrimiento de Jesús

23 de febrero de 2026

El sentido del sufrimiento de JesúsEscuché esta historia de un renombrado teólogo que prefiere que no dé su nombre al compartirla, aunque la anécdota habla muy bien de su teología.

Daba una conferencia y, en un momento dado, afirmó que Dios no quería que Jesús sufriera como lo hizo. Una mujer entre el público levantó la voz de inmediato: «¿Lo dice en serio?». Sin saber si era una objeción o una afirmación, él la invitó a hablar durante el descanso. Al acercarse en la pausa, ella repitió su pregunta: «¿Lo dice en serio? ¿Cree que Dios no quería que Jesús sufriera de esa manera?». Él le respondió que, efectivamente, lo decía en serio. Dios no quería que Jesús sufriera así. La respuesta de ella fue: «Menos mal, entonces puedo volver a rezar. Me cuesta mucho dirigirme a un Dios que necesita este tipo de sufrimiento para cobrarse algún tipo de deuda».

¿Por qué sufrió Jesús? ¿Hacía falta su dolor para pagar una deuda que solo un ser divino podía saldar? ¿Fue el pecado original de Adán y Eva una ofensa tan grande para Dios que ninguna sinceridad humana, adoración, altruismo o sacrificio podía calmarle? Es más, ¿acaso Dios necesita ser «aplacado» alguna vez?

La idea de que Jesús necesitaba sufrir así para apaciguar a Dios por nuestros pecados está muy arraigada en nuestra forma popular de entender su pasión y muerte. Además, parece haber referencias sólidas que apoyan esto en las Escrituras y en la teología de la expiación. Lo que sugieren es que hacía falta una «cuota» de sufrimiento para pagar la deuda por el pecado, y que el dolor de Jesús saldó esa cuenta. Y como la deuda era enorme, el sufrimiento de Jesús tenía que ser atroz.

Pero, ¿cuánto de esto es una metáfora y cuánto debemos tomar al pie de la letra? Aquí va otra forma de ver por qué Jesús eligió aceptar el sufrimiento de esta manera:

Lo hizo para estar en plena solidaridad con nosotros. Aceptó sufrir de una forma tan extrema para que nadie pudiera decir jamás: «¡Jesús no sufrió lo que yo! ¡He pasado por dolores y humillaciones más grandes que las suyas!».

Bueno, analicemos el sufrimiento de Jesús a la luz de este reto.

Primero, en su vida antes de la pasión y la cruz, sufrió el dolor de la pobreza, la incomprensión, el odio, la traición, además de la soledad del celibato. Asimismo, en la cruz pasó por una noche oscura de la fe. Pero estos son sufrimientos humanos comunes. Es en su pasión y muerte donde su sufrimiento se vuelve extraordinario.

Jesús fue crucificado. La crucifixión fue diseñada por los romanos como algo más que la simple pena de muerte. Estaba pensada para causar la máxima cantidad de dolor que una persona pudiera soportar. Por eso, a veces daban morfina o alguna otra droga al crucificado, no para aliviar su dolor, sino para mantenerlo consciente y que sufriera durante más tiempo.

Peor aún, la crucifixión estaba diseñada para humillar por completo al condenado. Eran actos públicos, y al crucificado se le desnudaba para que sus genitales quedaran expuestos; además, en los espasmos de la agonía, los esfínteres se relajaban. Una humillación total. Esto es lo que sufrió Jesús.

Por si fuera poco, los expertos especulan (aunque no hay pruebas directas de ello) que en la noche que pasó entre su arresto y su ejecución al día siguiente, fue agredido sexualmente por los soldados que lo custodiaban. Esta suposición se basa en dos cosas: una intuición, ya que las agresiones sexuales eran comunes en esas situaciones; y en que sufrir este tipo de humillación sería la máxima muestra de solidaridad de Jesús con el dolor humano.

Quizás ninguna humillación se compare con la que se sufre en una agresión sexual. Si Jesús pasó por esto, y todo apunta a que sí, eso lo pone en solidaridad con uno de los dolores humanos más profundos. Toda persona que haya sufrido esta humillación tiene el consuelo de saber que puede que Jesús también la haya padecido.

¿Por qué aceptó Jesús sufrir de este modo? ¿Por qué, como dice el Oficio de la Iglesia, «se hizo pecado por nosotros»?

Sea cual sea el profundo misterio y la verdad que se esconden tras la idea de pagar una deuda por nuestros pecados y expiar nuestras faltas humanas, la razón más profunda por la que Jesús eligió aceptar el sufrimiento de este modo fue para estar en total solidaridad con nosotros, en todo nuestro dolor y humillación.

Jesús vino de nuestro inefable Dios, le puso un rostro humano a la divinidad y nos enseñó lo que hay verdaderamente en el corazón de Dios. Y al hacerlo, asumió nuestra condición humana por completo. No solo rozó la vida humana, sino que se adentró de lleno en ella, llegando hasta lo más hondo del dolor humano.

Es cierto que hay sufrimientos concretos que tal vez Jesús no experimentó explícitamente (el racismo, el machismo, el exilio, la discapacidad física), pero en su noche oscura de la fe en la cruz y en la humillación de su crucifixión, sufrió de tal manera que nadie podrá decir: «¡Jesús no sufrió como he sufrido yo!».