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El sentido del humor de Dios

Ron Rolheriser (Trad. Benjamín Elcano, cmf) -

Si confiamos auténticamente en la escritura, en nuestra propia experiencia y en nuestra propia sensatez, sólo podemos concluir que Dios tiene cierto sentido del humor, incluso fuerte y astuto. ¿Dónde está la evidencia?

Hace una generación, Peter Berger escribió un interesante librito titulado Un rumor de ángeles. A diferencia de Tomás de Aquino, Anselmo, Descartes y algunos renombrados filósofos, no trató de “probar” la existencia de Dios a través de la lógica y la argumentación. Más bien, simplemente examinó algunas experiencias humanas muy ordinarias y señaló lo que está oculto dentro y detrás de los muros de esas experiencias. Por ejemplo, cuando por la noche una madre atiende y calma al hijo que está asustado, asegurándole que no hay nada que temer, hace esto de buena fe, sólo porque a cierto nivel profundo intuye que, en definitiva, todo está bien. En efecto, inconscientemente, está rezando un Credo.

Ahora bien, una de las experiencias que Berger destaca es la experiencia del humor. He aquí su tesis: no importa lo opresiva y espantosa que sea la circunstancia; los seres humanos siempre tienen la capacidad de no dar importancia a eso, de verla a través del prisma de la ironía y el humor. Por ejemplo, los mártires han bromeado con sus ejecutores y, sin duda, hubo a veces alguna burla, sarcasmo, ironía y humor amargo en los campos de exterminio. El hecho de que la gente pueda hacer esto, y de hecho lo haga, muestra que siempre hay algo trascendental en nosotros, algo sobre lo cual ninguna opresión humana tiene poder, algo que nos pone por encima de cualquier situación en la que nos encontremos. Nuestro sentido de la ironía y el humor manifiesta que algo en nuestra alma nos coloca sobre cualquier cosa que nos pueda acosar.

Y esto puede tener su origen en un solo lugar, en el Creador que nos hizo. Así, Dios no sólo debe tener sentido del humor; el humor debe ser algo inherente a la naturaleza de Dios, dado que el humor es bueno y Dios es el autor de todo lo que es bueno.

Hay una escuela de filosofía clásica que cree que Dios tiene cuatro propiedades trascendentales. Dios -enseña esa escuela- es Uno, Verdadero, Bueno y Bello; a esto podemos añadir Humorista. Además, esto se puede deducir de algo más que del solo hecho de sentir nosotros que ese humor manifiesta nuestra trascendencia en una situación dada. Más importantemente, podemos deducir que el humor tiene algo de sacralidad al examinar las partes componentes del amor. Dios es amor, y el humor es innegablemente una parte importante del amor.

Cuando los filósofos griegos clásicos definieron el amor, destacaron en él algunos componentes, a saber, atracción erótica, obsesión, amistad, disposición pragmática y altruismo. Sin embargo, también destacaron otro componente, jovialidad/broma/humor. Qué perspicaces. El humor junto con la broma sana y juguetona es parte de la grasa que nos posibilita sustentar las relaciones por largo tiempo a pesar del inevitable exceso de familiaridad, daño, desánimo, hastío que acosan aun a las relaciones más amorosas. El humor ayuda a que todo funcione. Así, ya que eso es una innata parte del amor, es una parte innata de Dios.

Tristemente, no representamos con frecuencia a Dios de esa manera. El Cristianismo, el Judaísmo y el Islamismo tienen esto en común. Todos representamos a Dios como varón, célibe, solemne… y sin humor. ¿Cómo podríamos representar a Dios de manera diferente?

Si te dispusieras a dibujar un rostro compuesto que representara a Dios, ¿el rostro de quién incluirías en esta pintura? ¿El piadoso rostro de Jesús delicado y rubio con un cordero sobre sus hombros que vemos en nuestras pinturas religiosas? ¿Imágenes de una María callada y serenamente compuesta que vemos representada en las estatuas que tenemos de ella? ¿El rostro de la Madre Teresa? ¿El rostro de Teresa de Lisieux? ¿El rostro de Dorothy Day? ¿De Martin Luther King? ¿De Óscar Romero? ¿De Billy Graham? ¿De Henri Nouwen? ¿De Rachel Held Evans? ¿El rostro de vuestra madre o padre? ¿Incluiríais también el rostro de vuestro cómico o ingenio favorito? ¿Jerry Seinfeld? ¿Bette Midler? ¿Rowan Atkinson? ¿El pícaro rostro de vuestro pintoresco tío contando un chiste?

Cualquier reproducción del rostro de Dios necesita manifestar un alma interior que sea Una, Verdadera, Buena y Bella, pero también Humorista y Traviesa. Resulta curioso: a la vez que creo que Dios es el autor del humor, nunca me han ilusionado las diferentes imágenes de Jesús riendo estrepitosamente. Buena idea, buena intención, buena teología, pero para mi gusto, falta de matiz correcto. Esa clase de rostro riente tiene una cualidad efímera que cede demasiado fácilmente a algo más después haber tenido su momento. El rostro de Dios -sospecho yo- tiene una picardía más callada, más furtiva, más permanente.

Si esto es verdad, si Dios no sólo tiene sentido del humor sino que también es el autor del humor mismo, entonces el humor es una importante cualidad en la santidad y piedad. ¿Qué contribuye a la plenitud, la madurez, la santidad, el amor y la clase de persona que quieres junto a ti en la mesa, aquí y en la eterna del cielo? Ciertamente, queréis a alguien que manifieste las cualidades que Jesús pidió en el Sermón de la Montaña; junto con un cálido, pícaro y travieso sentido del humor.

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