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Desarmado y peligroso

Ron Rolheiser (Trad. Benjamín Elcano) -

Después de su primer arresto, el activista pacífico Daniel Berrigan pasó a la clandestinidad. Tras cuatro meses, fue capturado, pero clandestino durante esos meses, aunque sin ninguna amenaza para nadie, le pusieron en la lista de los Diez más buscados del FBI. Aquí se dio cierta ironía que no pasó desapercibida. Alguien publicó un cartel de él con este pie de foto: ¡Se busca: Notorio consagrante de pan y vino. Perturbador de guerras y perverso quemador de papel! Se ha sabido que el fugitivo lleva el Nuevo Testamento y habría que acercarse a él con extrema precaución. Desarmado y peligroso.

¡Desarmado y peligroso! Por ridículo que pueda sonar, expresa la verdadera amenaza a la injusticia, violencia y guerra. El desarme es peligroso. Alguien que está genuinamente inerme es en definitiva el que plantea el mayor peligro de desorden, inmoralidad y violencia. La violencia puede resistir la violencia, pero puede ser abatida por la no-violencia. He aquí algunos ejemplos.

En nuestra propia generación, tenemos el ejemplo de Christian de Cherge, uno de los siete monjes cistercienses que fueron secuestrados y más tarde asesinados por extremistas islamistas en Argelia en 1996. Su itinerario, y el de los otros monjes que murieron con él, está relatado en algunos libros (incluso algunas de sus propias cartas y diarios) y en la galardonada película De dioses y hombres. Viviendo en una pequeña comunidad de nueve monjes en un remoto pueblo musulmán del norte de Argelia, Christian y su comunidad eran muy queridos por esa comunidad musulmana y, siendo ciudadanos franceses y gozando de la protección de esa ciudadanía, su presencia constituía una cierta protección para los habitantes contra los terroristas islamistas. Desgraciadamente, la situación no iba a durar.

La víspera de Navidad, 1995, recibieron una primera visita de los terroristas con el claro aviso de que harían mejor en marcharse antes que llegar a ser sus víctimas. Tanto el gobierno francés como el argelino les ofrecieron protección armada. Christian, actuando por su cuenta al principio, contra el criterio de la mayoría de su propia comunidad, rehusó categóricamente protección armada. En vez de ello, su oración fue esta: Frente a esta violencia, desármanos, Señor. Su respuesta a la amenaza fue el desarme completo. Finalmente, toda su comunidad se le unió en esa actitud.

Seis meses más tarde, fueron secuestrados y asesinados, pero el triunfo fue de ellos. Su testimonio de fidelidad fue el singular don más poderoso que pudieron haber dado a los pobres y vulnerables lugareños a los que buscaban proteger, y su testimonio moral al mundo educará a las generaciones venideras, mucho tiempo después de que este particular género de terrorismo haya tenido su día. Christian de Cherge y su comunidad estaban desarmados y eran peligrosos.

 Existen innumerables ejemplos semejantes de otras personas que estaban desarmadas y eran peligrosas. Rosa Parks, desarmada y aparentemente impotente contra las leyes racistas del momento, fue una de las figuras fundamentales en dar fin a la segregación racial en EE. UU., como lo fue Martin Luther King. La lista de peligrosas personas desarmadas es infinita: Mahatma Gandhi, Thomas Merton, Dorothy Day, Desmond Tutu, Óscar Romero, Franz Jagerstatter, Dorothy Stang, Daniel Berrigan, Elizabeth McAlister, Michael Rodrigo, Stan Rother y Jim Wallis, entre otros. Sobre todo, por supuesto, Jesús.

Jesús estaba desarmado y era tan peligroso que las autoridades de su tiempo vieron necesario matarlo. Su completa no-violencia constituyó la mayor amenaza al orden establecido por esas autoridades. Observad cómo tanto las autoridades civiles como las religiosas del tiempo no temían tanto a un asesino armado cuanto temieron a un Jesús desarmado… ¡Libéranos, Barrabás! ¡Preferimos tratar con un asesino armado que con un hombre desarmado que profesa la no-violencia y que dice a la gente que ofrezca la otra mejilla! Dadles crédito por ser astutos. Inconscientemente, reconocieron la verdadera amenaza, alguien que está desarmado, no-violento y que ofrece la otra mejilla.

Sin embargo, ofrecer la otra mejilla debe ser entendido con propiedad. No es algo pasivo, sumiso. Lo contrario. Al dar este consejo, Jesús especifica que sea la mejilla derecha. ¿Por qué esta especificación aparentemente curiosa? Porque se está refiriendo a una práctica culturalmente sancionada en el tiempo en que un superior podía abofetear ritualmente a un inferior en la mejilla con la intención no tanto de infligir dolor físico cuanto dejar a la otra persona conocer su lugar: ¡Yo soy tu superior, conoce tu lugar! La bofetada se propinaba con el reverso de la mano derecha, mirando a la otra persona, y de esa suerte fuera a parar a la mejilla de la otra persona. Ahora bien, en esa postura, su verdadera violencia quedaría mayormente oculta porque parecería limpia, estética y como algo culturalmente aceptado.

Con todo, si uno estuviera para ofrecer la otra mejilla, la izquierda, la violencia estaría expuesta. ¿Cómo? Primero, porque ahora la bofetada caería torpemente y parecería violenta; segundo, la persona que la recibiera estaría mandando una señal clara. El cambio de postura no sólo expondría la violencia sino también estaría diciendo: aún puedes abofetearme, pero no como superior a inferior; el viejo orden ha acabado.

Desarmado y peligroso. No llevar más armas que la integridad moral es la mayor amenaza a todo lo que no está bien.

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