
En el fondo, le está diciendo: «¡Debes de tener una madre maravillosa! ¡Mira qué hijo tan extraordinario ha criado!». Jesús le contesta diciendo: «Mejor aún: dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».
Es fácil malinterpretar su respuesta, porque a simple vista parece que le está quitando valor al piropo dirigido a su madre. Sin embargo, lo que realmente está diciendo es: «Sí, tengo una madre maravillosa, pero lo que la hace especial no es haberme traído biológicamente al mundo; lo que la hace verdaderamente única y una madre admirable es su fe». En esencia, viene a decir: «Sí, mi madre, como todas las madres, es maravillosa por la biología, pero mi madre lo es de forma especial por su fe». Cuando Jesús dice «dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen», está pensando de manera muy particular en su propia madre.
El prestigioso biblista Raymond E. Brown señala que la comunidad apostólica otorgó a María un lugar tan singular no tanto por haber sido la madre biológica de Jesús, sino por su fe excepcional.
Entre las muchas enseñanzas que encierra este pasaje, hay una fundamental: para Jesús, la fe está por encima de la biología. Para Él, la verdadera familia se define por la fe, y no por los lazos de sangre ni por ninguna otra cosa. ¿Quiénes son mis auténticos hermanos y hermanas? Para Jesús, son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica.
Escribo lo que viene a continuación con una sola matización previa: la familia biológica es una estructura antropológica fundamental, que procede de Dios y de la naturaleza, y hay que cuidarla y defenderla, en especial hoy en día, cuando se ve acosada desde tantos frentes. Una sociedad sana necesita familias sanas; una Iglesia sana necesita familias sanas; un país sano necesita familias sanas; un mundo sano necesita familias sanas; las personas progresistas sanas necesitan familias sanas; las personas conservadoras sanas necesitan familias sanas; y las personas equilibradas suelen proceder de familias sanas. Además, muchas de nuestras alegrías más hondas se viven en el seno de la familia biológica. Hay que defender la familia biológica. Y lo mismo se aplica a todas nuestras demás familias.
Pero, dejando esto a salvo, debemos tener también la valentía de afirmar que, para Jesús, la fe está por encima de la biología, la confesión religiosa, la fe profesada, la etnia, la nacionalidad, la ideología y el género. Nuestra familia más honda, la verdadera y definitiva, tiene su raíz en la fe.
— ¿Quiénes son nuestros hermanos y hermanas? La familia biológica constituye una familia real, pero nuestra familia más honda y eterna está formada por todos los demás que tienen fe en Dios, lo cual incluye también a nuestra familia biológica si comparte esa fe con nosotros.
— ¿Quiénes son nuestros hermanos en la Iglesia? Nuestros hermanos de comunidad son todos los demás cristianos, al margen de su confesión, que tienen una fe sincera en Jesucristo. En la fe formamos todos una sola familia.
— ¿Quiénes son nuestros compañeros de camino en este mundo? Nuestros compañeros de peregrinación más hondos y duraderos son todas las mujeres y hombres que, con independencia de su religión o de su honrado agnosticismo, buscan sinceramente la verdad, la bondad, la belleza y la justicia.
— ¿Cuál es nuestra verdadera familia étnica? Lo es cada habitante de este planeta que, sin importar el color de su piel, su lengua materna o su historia racial, busca sinceramente una comunidad donde las diferencias enriquezcan la armonía y la unidad.
— ¿Quiénes son nuestros compatriotas? Nuestros conciudadanos y compatriotas no son necesariamente aquellos con quienes compartimos un país y una historia común; en un plano más profundo, son las personas de cualquier país del mundo que comparten con nosotros una misma tierra dada por Dios a todos por igual. Para Jesús, el nacionalismo cristiano carece de sentido.
— ¿Quién conforma mi familia ideológica y política? No son quienes comparten conmigo un temperamento o una ideología progresista o conservadora. Mi familia ideológica más profunda y definitiva está formada por aquellos para quienes la verdad y la justicia echan por tierra cualquier ideología, tanto de izquierdas como de derechas.
— ¿Quién es mi familia respecto al género? ¿Hombres? ¿Mujeres? ¿LGBQ? Mi verdadera familia está dentro del Cuerpo de Cristo, donde «ya no hay hombre ni mujer» (Gál 3, 28).
Cuando Jesús pregunta quiénes son sus hermanos y hermanas y señala a los que le están escuchando (Mt 12, 48-50), nos enseña que nuestra verdadera y definitiva familia no se fundamenta en la biología, la confesión, la religión, la etnia, la patria, el sesgo ideológico ni el género, sino en una fe compartida que trasciende todas esas fronteras.
Por eso, al igual que aquella mujer que quiso elogiar a la madre de Jesús, acércate a ese buen amigo tuyo que es un musulmán devoto, a ese compañero íntegro que votó justo lo contrario que tú, a ese inmigrante que pasa dificultades y al que has ignorado mientras vive con un temor que tú jamás has conocido, y acércate a esa vecina new age, amable y llena de vida, que acaba de traerte un guiso casero a la puerta y un día te regaló un llavero con el arcoíris, y diles: «¡Debes de tener una madre maravillosa! ¡Mira qué persona tan buena has llegado a ser!».


