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Cristo como Realidad Cósmica

Ron Rolheiser (Traducido por Carmelo Astiz, cmf) -

Le preguntaron una vez al famoso sabio y filósofo jesuita Teilhard de Chardin, en uno de los diálogos que mantuvo con la Congregación para la Doctrina de la Fe en Roma: “¿Qué intentas hacer?” Él respondió algo así: Estoy tratando de escribir una Cristología suficientemente amplia que incluya al Cristo total, porque Cristo no es solamente un salvador divino enviado a salvar a la gente; Cristo es también una estructura dentro del universo físico, un camino de salvación para la tierra misma.

¿Qué quiere decir esto? ¿De qué modo es Cristo una estructura dentro de la creación física?

Tal vez la parte más descuidada de nuestra comprensión e interpretación de Cristo –aunque la Escritura lo enseña claramente–, es el concepto de que el misterio de Cristo es más amplio de lo que vemos visiblemente en la vida de Cristo y en la vida de las Iglesias cristianas históricas. Cristo es ya parte de la creación física misma y es esencial a esa creación. Lo vemos expresado, por ejemplo, en la Carta de Pablo a los Colosenses.

Al describir la realidad de Cristo, San Pablo escribe: 
“Él es imagen del Dios invisible,
primogénito de toda la creación,
porque por él fue creado todo
en el cielo y en la tierra:
lo visible y lo invisible (…)
Todo fue creado por él y para él.
Él es anterior a todo
y todo se mantiene en él… (Col.1,15-17)

Así mismo, en la Carta a los Romanos, San Pablo nos dice que, así como los seres humanos gemimos dentro de nuestros límites mortales y suspiramos por la inmortalidad, así gime también toda la creación física. La tierra también anhela su salvación. Y el misterio de Cristo es su camino hacia la inmortalidad, justamente como es nuestro camino para ese mismo fin.

El misterio de Cristo es más ancho, profundo y más abarcador de lo que puede percibirse simplemente en la vida visible de Jesús y en la historia visible de las iglesias cristianas. De acuerdo; lo que percibimos visiblemente en la vida de Jesús y en la historia de las iglesias cristianas es algo muy precioso y muy privilegiado. Las iglesias cristianas son (como María, la Madre de Jesús) el lugar por el que Dios entra a este mundo de forma visible, concreta, tangible e histórica. Pero, como la Escritura y la teología afirman, el misterio de Cristo es más abarcador de lo que podemos ver visible e históricamente. El misterio de Cristo incluye también lo que la Carta a los Colosenses enseña, a saber, que la creación física misma fue de alguna manera creada por medio de Cristo, que Cristo es quien la mantiene unida y que Cristo es quien le otorga un futuro eterno. El misterio de Cristo no trata sólo de salvarnos a nosotros, la gente de este planeta; trata también de salvar al planeta mismo.

Incorporar esto a nuestra comprensión tiene enormes consecuencias tanto para el modo como entendemos nuestro planeta, la tierra, como para la forma cómo comprendemos otras religiones:

Si todas las cosas fueron creadas por medio Cristo y para Cristo, entonces nuestro planeta, la tierra, y toda la creación física tienen valor en sí mismas y no sólo en relación a nosotros. La tierra es también hija de Dios, no auto-consciente como lo somos nosotros, pero con sus
propios derechos adecuados y con derecho al respeto. Dicho sencillamente, la tierra no es simplemente un escenario donde nosotros podemos actuar. Ella también es parte del misterio de Cristo y del misterio de la salvación. Tenemos que respetarla por su propio bien, por lo que ella es, y no sólo porque nuestra salud dependa de su salud. Las raíces profundas para cualquier “eco-teología” se encuentran a mayor profundidad que en la superficial preocupación práctica por un suministro de aire saludable, agua y alimento para la humanidad. La naturaleza también está dentro del misterio de Cristo.

Esto trae enormes consecuencias con respecto a cómo consideramos otras religiones. Como cristianos tenemos que tomar muy en serio la enseñanza de Jesús de que Cristo es el (único) camino para la salvación y que nadie va al Padre si no es por Cristo. Entonces, ¿dónde sitúa esta enseñanza a los no-cristianos y a otras personas de sincero corazón, considerando que, en cualquier momento dado, dos tercios de la humanidad no tiene ninguna relación explícita con el Jesús histórico o con las iglesias cristianas?

Mientras no entendamos el misterio de Cristo con mayor hondura y amplitud de lo que podemos percibir visible e históricamente, este dilema nos va a llevar invariablemente o bien a abandonar la enseñanza de Jesús como no normativa, o nos va a llevar a una exclusividad que va contra la voluntad universal de Dios para la salvación. Si por “misterio de Cristo” queremos referirnos solamente al Jesús visible y a la iglesia visible, entonces estamos atrapados en un dilema sin respuesta. Si, por el contrario, por “misterio de Cristo” queremos referirnos al misterio del Dios que se encarna dentro de una creación física, comenzando ya en la creación original, siguiendo ahí como el alma que amarra y junta toda la creación física y permaneciendo ahí como energía que atrae a la creación hacia su Creador y como consumación de esa misma creación, entonces todo lo creado tiene que ver con Cristo, tanto si se da cuenta de ello como no, y todo culto auténtico conduce al Padre, tanto si podemos verlo como si no.

Con palabras del obispo y pensador anglicano, Kenneth Cragg, diríamos: “Se necesita un mundo entero para comprender a un Cristo completo, total”.

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