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Consejos sobre la oración de parte de un viejo maestro

Ron Rolheiser (Trad. Benjamín Elcano, cmf) -

Aun a riesgo de ser simplista, quiero decir algo sobre la oración de una manera muy sencilla.

Mientras estaba haciendo estudios de doctorado, tuve un profesor, un anciano sacerdote agustino, que en su comportamiento, lenguaje y actitud, irradiaba sabiduría y madurez. Todo acerca de él demostraba integridad. Confiabas inmediatamente en él, el sabio abuelo de los libros de cuentos.

Un día, estando en clase, habló de su propia vida de oración. Igual que con todo lo demás que compartía, no hubo filtros, sólo honradez y humildad. No tengo presentes sus palabras exactas, pero recuerdo bien la esencia de lo que dijo y se me ha quedado durante los casi cuarenta años desde que tuve el privilegio de asistir a su clase.

Aquí está lo que contó: La oración no es fácil, porque siempre estamos cansados, distraídos, ocupados, aburridos y enganchados a tantas cosas que es difícil encontrar el tiempo y la energía para centrarnos en Dios durante algunos momentos. Así, pues, esto es lo que hago yo: sin importar cómo es mi día, sin importar lo que hay en mi mente, sin importar cuáles son mis distracciones y tentaciones, yo soy fiel a esto: Una vez al día rezo el Padrenuestro lo mejor que puedo, desde donde estoy en ese momento. Dentro de todo lo que está pasando en mí y alrededor de mí en ese día, rezo el Padrenuestro, pidiendo a Dios que me oiga desde dentro de todas distracciones y tentaciones que me están acosando. Es lo mejor que puedo hacer. Tal vez sea un simple mínimo, y debería hacer más e intentar concentrarme con más ahínco, pero al menos hago eso. Y a veces, es todo lo que puedo hacer, pero lo hago cada día, lo mejor que puedo. Es la oración que Jesús nos dijo que hiciéramos.

Sus palabras podrían sonar simplistas y minimalistas. En realidad, la iglesia nos desafía a hacer de la Eucaristía el centro de nuestras vidas de oración, y un hábito diario de meditación y oración privada. También, muchos escritores espirituales clásicos nos dicen que deberíamos reservar una hora cada día para la oración privada, y muchos escritores espirituales contemporáneos nos desafían a practicar diariamente oración centrante o alguna otra forma de oración contemplativa. ¿Dónde deja eso a nuestro anciano teólogo agustino y su consejo de que recemos un sincero Padrenuestro cada día, lo mejor que podamos?

Bueno, nada de esto va contra lo que compartió tan humildemente. Él sería el primero en estar de acuerdo con que la Eucaristía debería ser el centro  de nuestras vidas de oración, y estaría también de acuerdo tanto con los escritores espirituales clásicos que aconsejan una hora de oración privada al día, como con los autores contemporáneos que nos desafían a hacer diariamente alguna forma de oración contemplativa, o al menos habitualmente. Pero él diría también esto: en uno de esos momentos del día (idealmente en la Eucaristía o mientras se reza el Oficio de la Iglesia, pero al menos alguna vez durante vuestro día), cuando estáis diciendo el Padrenuestro, rezadlo con tanta sinceridad y concentración cuanta podáis en ese momento (“lo mejor que podáis”); y sabed que, sin importar vuestras distracciones en ese momento, es lo que Dios os está pidiendo. Y eso basta.

Su consejo ha permanecido conmigo a lo largo de los años y, aunque digo algunos Padrenuestros cada día, intento, al menos en uno de ellos, rezar el Padrenuestro lo mejor que puedo, plenamente consciente de qué mal lo estoy haciendo. ¡Qué desafío y qué consuelo!

El desafío es rezar un Padrenuestro cada día lo mejor que puedo. Como sabemos, esa oración es profundamente comunitaria. Cada petición de ella es plural -“nuestro”, “nuestras”, “nos”, “nosotros”- sin que haya ningún “yo” en el Padrenuestro. Además, todos nosotros somos sacerdotes desde el bautismo y parte natural en la alianza que hicimos entonces; se nos pide diariamente rezar por otros, por el mundo. Para aquellos que no pueden  participar en la Eucaristía diariamente y para los que no rezan el Oficio de la Iglesia, rezar el Padrenuestro es su oración eucarística, su oración sacerdotal por otros.

Y este es el consuelo: ninguno de nosotros es divino. Todos somos incurablemente humanos, lo cual significa que muchas veces, quizás la mayoría de las veces, cuando tratemos de rezar, nos encontraremos acosados por todo, desde cansancio hasta aburrimiento, impaciencia, planes de la agenda de mañana, clasificación de las heridas del día, ansiedad de con quién estamos enfadados, trato con fantasías eróticas. Nuestra oración raramente se emite desde un corazón puro, sino normalmente desde uno muy terreno. Pero, y esta es la cuestión, su verdadera terrenidad es también su verdadera honradez. Nuestro inquieto y distraído corazón es también nuestro corazón existencial, y es el corazón existencial del mundo. Cuando oramos desde allí, estamos (como la clásica definición de oración lo haría) levantando la mente y el corazón a Dios.

¡Trata, cada día, de rezar un sincero Padrenuestro! ¡Lo mejor que puedas!

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icono comentarios 7 comentarios

Comentarios

Carmen. España. Carmen. España.
hace 3 semanas, 1 día
Muchas gracias por compartir esta sencilla y maravillosa reflexión de la oración, no la voy a olvidar y lo voy a hacer a diario,con todo mi corazón débil y humano
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Norlan C. Norlan C.
hace 3 semanas, 3 días
¡ Qué reflexión tan interesante! Muchísimas gracias por compartirlo. Saludos fraternos, desde Nicaragua.
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ALBERTO ALCOCER ALBERTO ALCOCER
hace 3 semanas, 4 días
Muchas gracias por el artículo.
Es muy consolador.
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Antonio Antonio
el 8/6/20
¿Comemos diariamente?. ¿Bebemos agua todos los días?. ¿Nos aseamos continuamente?. ¿Amamos a nuestros seres queridos desde por la mañana, hasta la noche?...… ¿Entonces, que razón tenemos para no orar tambien a diario, y con mayor frecuencia de la que hacemos?. Orar, dà sentido a todo. Sin ella poco podemos hacer. Yo suelo decir, que aùn orando, tenemos muchas cosas que no agradan a Dios. Pobre de cada uno si dejamos de hacer oración.
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Gedeón Gedeón
el 8/6/20
Me ha parecido un excelente artículo, sencillo y profundo en su sencillez.
Describe perfectamente la extraordinaria dificultad de rezar bien. Casi siempre que rezo, mientras mis labios desgranan las palabras de la oración, mi cabeza bulle en mil pensamientos de todo tipo y por más que lo intento, pocas veces consigo centrar y profundizar en la oración.
Por eso agradezco sinceramente el consejo del anciano maestro: intentar rezar lo mejor que se pueda.
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MARTHA MARTHA
el 8/6/20
Gracias P. Ron por su articulo en este dia pues quita de mi un gran peso pues pensaba que no era correcto el rezar un Padrenuestro solamente para sentir a mi lado la Divi- na Presencia de Dios Padre y decirle lo que mas me preo- cupa aunque se que EL sabe todo lo que diria pues vive en mi y en todos nosotros ; ahora se que yo no estaba tan mal encaminada al rezar de ese modo, creo que esa ora - cion que nos enseño Jesus llega mucho mas rapido a Sus Oidos.
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Norma Quiroga Norma Quiroga
el 8/6/20
Encontré este sitio de casualidad, lo seguiré visitando. Quiero decir que al leer este artículo sobre la oración he sentido mucha paz, una especie de consuelo. Es que muchas veces cuestioné mi forma de orar, me sentía limitada, ahora creo que Dios entenderá mi esfuerzo, creo que me sentiré más confiada.
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