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Celibato – Una apología personal

Ron Rolheiser (Trad. Benjamín Elcano, cmf) -

Como célibe religioso con votos, soy muy consciente de que hoy el celibato, tanto vivido en un compromiso religioso como en otras circunstancias, es sospechoso, atacado y ofrece demasiado poco a sus críticos a modo de útil apología.

¿Creo en el valor del celibato consagrado? La única respuesta verdadera que puedo dar debe venir de mi propia vida. ¿Cuál es mi respuesta a una cultura que, en su mayoría, cree que el celibato es una ingenuidad y un dualismo que va contra la bondad de la sexualidad, hace a sus partidarios no del todo humanos, y se halla en la raíz de la crisis del abuso sexual de los clérigos de la iglesia católica romana? ¿Qué podría decir yo en su defensa?

Primero, ¿que el celibato no es una base para la pedofilia? Virtualmente todos estudios empíricos indican que la pedofilia es una diagnosis no ligada al celibato. Pero a continuación dejadme reconocer su inconveniente: El celibato no es el normal estado para nadie. Cuando Dios hizo al primer hombre y mujer, dijo: “No es bueno que el ser humano esté solo”. Eso no es únicamente una declaración sobre el lugar constitutivo de la comunidad en nuestras vidas (aunque sí es); es una clara referencia a la sexualidad, su bondad fundamental y su lugar proyectado por Dios en nuestras vidas. De eso se deduce que ser célibe, particularmente elegir serlo, viene cargado de verdaderos peligros. El celibato puede llevar, y a veces lleva, a un enfermizo sentido del yo sexual y relacional de uno y a una frialdad que es con frecuencia crítica. Puede también, comprensiblemente, llevar a una malsana preocupación sexual en el célibe, y ello proporciona el acceso a ciertas formas de intimidad en las que puede ocurrir un peligroso abuso de confianza. Menos reconocido, pero un gran peligro, es que ello puede ser algo que me lleve al egoísmo. Simplemente dicho, sin las inherentes demandas  que vienen con el matrimonio y la crianza de los hijos, existe el siempre presente peligro de que un célibe puede, inconscientemente, comprometer demasiado su vida para satisfacer sus propias necesidades.

Así, el celibato no es para todos; ni siquiera para la mayoría. Contiene una anomalía inherente. El celibato consagrado no es sin más un estilo de vida diferente. Es anómalo, en términos del único sacrificio que pide de ti, en el que, como Abrahán subiendo a la montaña para sacrificar a Isaac, a ti se te pide sacrificar lo que te es más preciado. Como Thomas Merton, hablando de su propio celibato, dijo una vez: La ausencia de la mujer es una carencia en mi castidad. Pero, tanto para el célibe como para Abrahán, eso puede tener un rico proyecto y contiene su propio potencial para la generatividad.

Igualmente, yo creo que el celibato consagrado, como la música o la religión, necesita ser juzgado por sus mejores expresiones y no por sus aberraciones. El celibato no debería ser juzgado por los que no le han dado una expresión saludable sino por los muchos hombres y mujeres   admirables, santos del pasado y del presente que le han dado una expresión saludable y generativa. Uno podría nombrar a numerosos santos del pasado o personas maravillosamente saludables y generativas de nuestra propia generación como ejemplos en los que el celibato consagrado ha contribuido a una vida sana y feliz que inspira a otros: Madre Teresa, Jean Vanier, Óscar Romero, Raymond E. Brown y Helen Prejean, para nombrar sólo a unos pocos. Personalmente, yo conozco a muchos célibes con votos que son muy generativos, cuya integridad envidio y que hacen el celibato creíble… y atractivo.

Como el matrimonio, aunque de diferente manera, el celibato ofrece un rico potencial para la intimidad y generatividad. Como célibe con votos, doy gracias por una vocación que me ha introducido íntimamente en el mundo de tanta gente. Cuando abandoné el hogar a una edad temprana para entrar en los Misioneros Oblatos de María Inmaculada -lo confieso- yo no quería el celibato. Nadie debería quererlo. Yo quería ser misionero y sacerdote, y el celibato se presentaba como el escollo. Pero una vez dentro de la vida religiosa, casi inmediatamente, me gustó la vida, aunque no la parte del celibato. Dos veces pospuse la profesión de votos perpetuos, inseguro del celibato. Al fin, tomé la  decisión, un duro salto de confianza, e hice los votos de por vida. Descubrimiento total, el celibato ha sido para mí singularmente la parte más dura de mis más de cincuenta años de vida religiosa… pero, pero, al mismo tiempo, ha ayudado a crear una especial forma  de entrada en el mundo y en las vidas de otros que ha enriquecido maravillosamente mi ministerio.

El natural deseo dado por Dios para la intimidad sexual, para la exclusividad en el afecto, para el lecho conyugal, para los hijos, para los nietos, no te abandona, y no debería hacerlo. Pero el celibato ha ayudado a traer a mi vida una rica, consistente y profunda intimidad. Reflexionando sobre mi vocación de célibe, todo lo que puedo sentir legítimamente es gratitud.

El celibato no es para todos.  Te excluye de lo normal; parece brutalmente injusto a veces; está lleno de peligros que se alinean desde la seria traición de la confianza hasta vivir una vida egoísta; y es una carencia en tu misma castidad. Pero si vives hasta el fin en fidelidad, puede ser maravillosamente generativo y no te excluye ni de la verdadera intimidad ni de la verdadera felicidad.

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icono comentarios 6 comentarios

Comentarios

Jacqui M Jacqui M
hace 2 semanas, 6 días
Estuve sola por unos nueve años en abstinencia total y entiendo que cuando se vive consagrado a Cristo con oracion es fácil superar las tentaciones. Pero tambien entiendo que para una mejor salud espiritual y religiosa el celibato deberia ser eliminado de la iglesia catolica.
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eduardo eduardo
hace 3 semanas, 3 días
Pienso que el celibato que decide vivir el sacerdote, es la mejor opción para servir a Dios difundiendo su palabra, suministrando los sacramentos y orando para el bien de la comunidad. El sacerdote es el único que puede transformar el pan y el vino, en el cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesús.
Un sacerdote casado, tal vez se preocuparía por agradar a su esposa más que a otra cosa.
Imaginen a un sacerdote en plena misa, al que alguien le dice, tu señora tuvo un accidente y está tirada en este momento tirada en la calle. El sacerdote ¿Qué hace?
La elección creo yo es: Orden Sagrado o Matrimonio. Dos maneras de servir a Dios, pero hay que elegir una. Eso creo.
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Héctor I Ramos Héctor I Ramos
hace 3 semanas, 6 días
El celibato es voluntario. Si la persona no tiene esa virtud, puede servir en la iglesia de otra forma.
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Angelica Angelica
hace 3 semanas, 6 días
Una vez un sacerdote me dijo en mi discernimiento a la vocacion que para saber si estaba llamada a la vida consagrado primero debia estar segura de que puedo estar llamada al matrimonio. Con eso recalcaba que consagrarse no se trataba de una evasion a la vida matrimonial y que porque eligiera consagrarme no iba a estar exenta de sentir atraccion por un hombre. Solo q con la ayuda de Dios iba a poder mantenerme en castidad y asi conocer la felicidad y realizacion q se experimenta con esa vocacion. Yo me case pero sacerdotes amigos me dan testimonio de q la plenitud de su ministerio esta dada por la presencia de Dios en su dia a dia y que realmente no podrian ser felices si no vivieran en celibato
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Miguel Miguel
hace 1 mes
Deben quitar el celibato ya! esto es lo que nos frena a muchos hombres a tomar los habitos, hay que difundir mas este tema para que el Papa Francisco haga algo, aunque ya dio su opinión diciendo que lo considera "Don" de la iglesia, sin embargo Jesús mismo dijo que no todos "entienden" esto (no casarse/celibato).
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Maria.CRM Maria.CRM
hace 1 mes
Muy ciérto. Como.mujer católica creyente y practicante,reconozco que me sentí súper atraída por el sacerdote de mi parroquia.Desde mi primera confesión su guía espiritual le pedí, El gustosamente aceptó. Situación que vi muy normal, mas con el tiempo fue tomamdo otro color.Fue mágico. Aunque quisiera entrar en detalles,Solo puedo comentar que muchas señas o señales me indicaron que nunca pase por desapercibida.hubo situaciones contundentes, ya que como mujer lo identifico o lo sé.Tuve que hacer total introspección para saber si era un simple caerme bien,pero no.
Era todo lo contrario.Cada que le veia El pulso se me alteraba, lo llevaba todos los santos dias en mi pensamiento y no hallaba la hora de llegarse el Domingo.En sus sermones envió mensajes que yo sabía perf ... » ver comentario
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