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Avisos para los curas y obispos del mañana

Fernando Prado Ayuso, cmf -

El papa Benedicto XVI acaba de hacer pública una preciosa carta dirigida a los seminaristas -escrita con motivo de la clausura del Año Sacerdotal- en la que, de forma afable y cariñosa, ofrece una visión de lo que él espera que sean los ministros ordenados del mañana.

En la carta, el Papa entrelaza recuerdos de su vida con lo que son sus propias preocupaciones actuales en torno a la formación para el ministerio ordenado en la Iglesia. La carta es rica y profunda. Lo que sigue, evidentemente, no suple su lectura.

Cercana la fiesta de San Antonio María Claret (24 de Octubre), me han venido enseguida al recuerdo las propias palabras del santo:

“¡Oh, si todos los que siguen la carrera eclesiástica fueran hombres de verdadera vocación, de virtud y de aplicación al estudio! ¡Oh, qué buenos sacerdotes serían todos! ¡Qué de almas se convertirían! Por esto he dado a luz aquella obrita en dos tomos que se llama El colegial o seminarista instruido, obra que ha gustado a cuantos la han leído”.

El P. Claret escribió en 1844 una obrita de ascesis sacerdotal titulada “Avisos a un Sacerdote”. Fue uno de los primeros opúsculos que escribió. Un librito de 24 páginas que tuvo mucho éxito, a juzgar por las numerosas ediciones que de él se hicieron. Hasta el año 1897 se había editado ya 25 veces, con un total de más de 250.000 ejemplares.

El título de esta obrita del Santo me ha inspirado tomarme la licencia de resumir o escribir someramente, a modo de “Avisos”, lo que entiendo que son las advertencias e indicaciones fundamentales de nuestro Papa a quienes están hoy forjando su identidad (también a sus formadores) para servir como ministros ordenados en la Iglesia.

Ahí quedan, pues, estos “Avisos para los curas y obispos del mañana” inspirados en esa carta de Benedicto XVI:

  1. “Sed hombres de Dios”. Lo más importante en la vida sacerdotal es vivir en contacto permanente con Dios. Nunca perdáis el trato interior con Dios.
  2. “Que la Eucaristía sea el centro de vuestra vida”. Es importante que lleguéis a conocer, entender y amar la Liturgia de la Iglesia.
  3. “No dejéis de practicar el sacramento de la Penitencia”. Este sacramento nos hace humildes, pues nos enseña a mirar nuestro propio pecado con los ojos de Dios, a comprender y perdonar las debilidades de los demás. Además, nos anima a mantenernos siempre en camino y en tensión hacia la santidad.
  4. “Nunca despreciéis la piedad popular”. Es un gran patrimonio de la Iglesia. Por ella ha entrado la fe en el corazón de los hombres y nos ayuda a integrarnos en el “Pueblo de Dios”.
  5. “Estudiad con tesón”. Es importante dar sólida razón de nuestra fe y nuestra esperanza. Sin una sólida formación difícilmente podremos ayudar al mundo de hoy a buscar respuestas a las preguntas fundamentales de la existencia.
  6. “Sed personas maduras, íntegras y equilibradas”. La madurez humana, sexual y afectiva son totalmente necesarias para quienes quieren servir así el Evangelio. Hay que estar vigilantes y atentos para vivir el justo equilibrio entre corazón y mente, razón y sentimiento, cuerpo y alma.
  7. “Buscad la comunión en la diversidad”. La catolicidad y la comunión interna de la Iglesia están en juego. ¡Ojo!: Estad por encima de las diferentes formas de espiritualidad. Los movimientos eclesiales han de ser valorados según su apertura a la común realidad católica. La Iglesia de Cristo, en su diversidad, es una sola.

En definitiva: “¡Ánimo!”. A pesar de vivir tiempos difíciles, hoy como ayer, el mundo sigue necesitando sacerdotes porque sigue necesitando a Dios. 

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