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Acoger al forastero

Ron Rolheiser (Trad. Benjamín Elcano) -

En las Escrituras Hebreas, esa parte de la biblia que llamamos el Antiguo Testamento, encontramos un fuerte desafío religioso a acoger al forastero, al extranjero. Esto fue recalcado por dos razones: Primera, porque, en otro tiempo, el pueblo judío mismo había sido extranjero e inmigrante. Sus escrituras continuaron recordándoles que no olvidaran eso. Segunda, ellos creían que la revelación de Dios, casi siempre, nos viene a través del forastero, en lo que es foráneo a nosotros. Esa creencia era integrante de su fe.

Los grandes profetas llevaron esto mucho más lejos. Enseñaron que Dios favorece preferentemente a los pobres y que, consecuentemente, nosotros seremos juzgados -juzgados religiosamente- por la manera como tratemos a los pobres. Los profetas acuñaron este mantra (aún digno de memorizar): La calidad de vuestra fe será juzgada por la calidad de la justicia en la tierra; y la calidad de la justicia en la tierra siempre será juzgada por la manera como les vaya a los huérfanos, las viudas y los forasteros mientras vosotros estáis vivos.

¡Huérfanos, viudas, forasteros! Ese es el código bíblico para los que, en cualquier tiempo dado, son los tres grupos más vulnerables de la sociedad. Y el mensaje de los profetas no se acogió fácilmente. Más bien fue una afrenta para muchos de los piadosos del tiempo que creían firmemente que seríamos juzgados religiosa y moralmente por el rigor y exactitud de nuestra observancia religiosa. Entonces, como ahora, la justicia social estaba con frecuencia marginada religiosamente.

Pero Jesús se alinea con los profetas hebreos. Para él, Dios no sólo hace una opción preferencial por los pobres, sino que Dios está en los pobres. Como tratamos a los pobres es como tratamos a Dios. Además, al mantra de los profetas -que seremos juzgados por la manera como tratemos a los pobres- se le da una expresión normativa en el discurso de Jesús sobre el juicio final en el Evangelio de Mateo, capítulo 25. A todos nosotros nos es familiar, tal vez demasiado familiar, ese texto. Jesús, en efecto, estaba respondiendo a una pregunta: ¿Cómo será el juicio final? ¿Cuál será la prueba? ¿Cómo seremos juzgados?

Su respuesta desconcierta y, tomada sin componendas, es quizás el texto más desafiante de los Evangelios. Nos dice que seremos juzgados, sólo aparentemente, en base a como tratemos a los pobres, esto es, sobre la manera como hayamos tratado a los más vulnerables de entre nosotros. Además, en un momento clave, elige “al forastero”, al extranjero, al refugiado: “Era forastero y me acogisteis… o… nunca me acogisteis. Acabamos en el lado acertado o equivocado de Dios por la manera como tratamos al forastero.

Lo que también necesita ser destacado en este texto sobre el juicio final es que ningún grupo -los que acertaron y los que se equivocaron- conocían lo que estaban haciendo. Ambos protestan inicialmente: los primeros, diciendo: “No sabíamos que eras tú al que servíamos”, y los segundos, diciendo: “Si hubiéramos sabido que eras tú, abríamos respondido”. Ambas protestas -según parece- son incongruentes. En el Evangelio de Mateo, el discipulado maduro no cuenta con nosotros porque creamos que nos portamos bien con alguien, cuenta con nosotros sólo por el hecho de que nos portamos bien.

Estos principios bíblicos -creo yo- son muy oportunos hoy ante la cuestión de los refugiados e inmigrantes que estamos afrontando en el mundo occidental. Hoy, sin duda, estamos sufriendo la crisis humanitaria más grande desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Millones de millones de gente, bajo injusta persecución y amenaza de muerte, están siendo arrancados de sus hogares y patrias sin ningún lugar a donde ir ni país o comunidad que los reciba. Como cristianos, no les volvamos la espalda ni los despidamos. Si tenemos que creer a Jesús, nosotros seremos juzgados religiosamente más por la manera como tratemos a los refugiados que por si vamos o no a la iglesia. Cuando nos presentemos ante Dios en el juicio y digamos en protesta: “¿Cuándo te vi forastero y no te acogí?”, es probable que nuestra generación oiga: “Yo era un refugiado sirio, y tú no me acogiste”.

Esto, sin duda, podría sonar ingenuo, superidealista y fundamentalista. La cuestión de refugiados e inmigrantes es a la vez altamente sensible y muy compleja. Los países tienen fronteras que necesitan ser respetadas y defendidas, al igual que sus ciudadanos tienen derecho a estar protegidos. Se entiende que hay muy importantes cuestiones políticas, sociales, económicas y de seguridad que tienen que ser dirigidas. Pero, mientras nosotros, nuestras iglesias y nuestros gobernantes las dirigimos, debemos mantener claro lo que las escrituras, Jesús y las enseñanzas sociales de la iglesia señalan incondicionalmente: Estamos para acoger a los forasteros, independientemente de la inconveniencia e incluso aunque haya peligros.

Por toda suerte de razones pragmáticas, policiales, sociales, económicas y de seguridad, quizás podamos justificar la no acogida al forastero; pero nunca podemos justificar esto en países cristianos. No acoger al forastero es opuesto al auténtico mensaje del corazón de Jesús y nos hace olvidar demasiado fácilmente que también nosotros fuimos una vez los forasteros.

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icono comentarios 4 comentarios

Comentarios

eleazar eleazar
el 22/2/17
Debemos acoger al forastero; a las personas; a todas. Pero, y el pero no es al artículo si no a cómo entiendo el sentimiento de acogida hoy aquí, al igual que el policía da el alto y para preventivamente al delincuente que ve con el arma en la mano buscando disparar contra otra persona, se debe evitar esto, sin excusas, aunque sea forastero; y con las avalanchas de desplazados actual hay lobos que se mezclan con las ovejas para entrar a cazar en el redil. Esta actuación preventiva es en bien de los que son amenazados, y del mismo amenazador, aunque esto último sea más difícil de ver porque en muchas ocasiones prevalece el sentimiento, las prisas ante el agobio de estas personas, la compasión, hace que hoy cedamos, faltando ante los mismos que nos mueven a compasión, entrecerrand ... » ver comentario
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Martha Martha
el 21/2/17
Bien se yo que Jesus vino para todos sin distincion
de raza, color y credos, su Amor siempre ha sido uni-
versal y tambien se de su propension por los mas ne-
cesitados, los mas vulnerables al dolor; si de algo ten-
go pleno conocimiento es de su ensenanza sobre los
forasteros, precisamente me refiero a los refugiados
de cualquier pais, no solo del Medio Oriente, de Afri-
ca , de America Central e Insular; todos merecen
una vida tranquila, techo y sustento pero no todos
en general son de Corazon puro y limpio; yo puedo
hacer obras de caridad corporales como espirituales,
puedo dar de beber al sediento, dar de comer al ham-
briento, vestir al desnudo y como esas corporales ha-
go tambien algunas Espirituales como ensenar al que
no sabe y orar por los muertos; en los tiempos ... » ver comentario
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efaure efaure
el 20/2/17
En efecto es una cuestión compleja, pero es cierto que por encima de toda esa complejidad está la doctrina de Jesús que se resume en una palabra: amor. Ampararse en razones de seguridad, legalidad o economía es algo que un determinado gobierno puede justificar de cara a su ciudadanía, y quizá hasta muchos entiendan que es razonable en una lógica de política, estados y fronteras. Pero estoy de acuerdo en que desde el punto de vista del cristiano, más aún, de un creyente, por encima de estas lógicas mundanas está el hecho de la fraternidad más allá de condicionamientos de nacionalidad, religión, género, ideología o estatus social. Ese es el ejemplo que en el Evangelio nos da Jesús. Y es cierto que el mal anida en el corazón humano siempre que dejemos lugar para él, pero e ... » ver comentario
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efaure efaure
el 20/2/17
En efecto es una cuestión compleja, pero es cierto que por encima de toda esa complejidad está la doctrina de Jesús que se resume en una palabra: amor. Ampararse en razones de seguridad, legalidad o economía es algo que un determinado gobierno puede justificar de cara a su ciudadanía, y quizá hasta muchos entiendan que es razonable en una lógica de política, estados y fronteras. Pero estoy de acuerdo en que desde el punto de vista del cristiano, más aún, de un creyente, por encima de estas lógicas mundanas está el hecho de la fraternidad más allá de condicionamientos de nacionalidad, religión, género, ideología o estatus social. Ese es el ejemplo que en el Evangelio nos da Jesús. Y es cierto que el mal anida en el corazón humano siempre que dejemos lugar para él, pero e ... » ver comentario
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