Cada vez que vayamos a la oración, o a ejercer nuestro ministerio, o a hacer algo religioso, es bueno preguntarnos a nosotros mismos: ¿De quién o de qué se trata, realmente?
En nuestro tiempo la idolatría reemplaza al ateísmo y a la misma fe, como fenómeno de masas y de personas. Consciente o inconscientemente nuestras sociedades se están volviendo idólatras.
Lo que cambia no es lo que hacemos, sino el modo de hacerlo: seguimos enviando cartas, pero ahora lo llamamos “emails”. Seguimos escribiendo, pero ahora lo hacemos no con la pluma, o la máquina de escribir, sino con el ordenador.
Feria
Jn 17,20-26. Que sean completamente uno.
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