Somos invitados en este encuentro a orar juntos. Y a orar bien. Tal vez la oración sea nuestra única fuerza, el único instrumento de que disponemos para mejorar cosas y hacer posible lo imposible. La vida de cada uno de nosotros y las de los hermanos y hermanas a quienes servimos son el campo donde el buen Sembrador siembra simientes de vida y santidad.
Esta, experiencia la puedes realizar a solas o en grupo, sugerimos que se haga en familia. No te sorprendas si te brota la alabanza al Creador, suele ocurrir cuando uno descubre el milagro de la vida.
El amor, aunque cueste trabajo, no reacciona con brusquedad ni mal genio. El amor se alegra con la alegría de lo que los demás consiguen. El amor no necesita tener el coche más llamativo, vivir en la casa más grande ni disponer de los aparatos más avanzados. El amor no siempre debe ser el jefe ni tener la Última palabra.
El lema de este año «El Espíritu Santo y el sacerdocio» es una invitación a que, supliquemos el envío de su Espíritu que suscite, forme y santifique a los sacerdotes.
El Espíritu mismo, además, lejos de separar de la historia de los hombres las personas que el Padre ha llamado, las pone al servicio de los hermanos según las modalidades propias de su estado de vida
Feria
Mc 7, 14-23. Lo que sale de dentro es lo que hace impuro el hombre.
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