Liturgia Viva del Martes de la 29ª semana del Tiempo Ordinario

DERRIBANDO BARRERAS (Año II. Ef 2,12-22; Lc 12,35-38)

Introducción
Año I. Deberíamos prestar especial atención a la hermosa primera lectura de hoy. Pablo habla directamente sobre el muro de separación entre judíos y no judíos, que Cristo ha demolido. Todos estamos llamados a ser uno en él. En este mes de octubre, mes de las misiones, podríamos preguntarnos cuánta gente está todavía fuera de la Alianza de Dios, cuántos todavía no pertenecen al único cuerpo de Cristo, la Iglesia. Más de tres cuartas partes de la humanidad.
Evangelio. En el evangelio de hoy Jesús exhorta a sus discípulos a estar alerta. Ellos son como siervos que deberían estar siempre listos para la llegada y atentos al llamado del Señor.

Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Tu Hijo Jesús ha derribado las barreras
que dividen a los pueblos y naciones,
pero ¿por qué estamos todavía tan separados,
incluso en nuestros propios hogares?
Tu Hijo Jesús, por su sangre derramada,
nos ha acercado unos a otros,
pero ¿por qué su único cuerpo (la Iglesia),
unido por el mismo amor, 
permanece todavía como un sueño,
lejos de llegar a hacerse perfecta realidad?
Señor, que no seamos extraños unos a otros,
enlázanos a todos juntos, ayúdanos a demoler
los muros del odio y de la explotación,
de la desconfianza y el poder que divide a tu pueblo,
para que todos seamos uno
en Jesucristo nuestro Señor.

Intenciones
  1. Para que las Iglesias que siguen a Cristo como a su Señor acentúen siempre más lo que nos une que lo que nos separa, roguemos al Señor.
  2. Para que todos los pueblos de la tierra puedan oír dónde se puede encontrar al Señor Jesús, lleguen a conocer su nombre y a invocarle en oración, roguemos al Señor.
  3. Para que dentro del nuevo Pueblo de Dios, la Iglesia, no haya ni extraños ni extranjeros, sino solo personas que, aun siendo diferentes, se acepten unas a otras por amor como hermanos, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Padre bondadoso:
Tú nos reúnes alrededor de una mesa,
en torno a un pedazo de pan
y a una copa de vino.
Que este pan y este vino
se vuelvan vivos para nosotros
en esta misma eucaristía;
danos en ellos a Jesús, tu Hijo,
para que no seamos ya nunca
visitantes extranjeros
de este lugar y de estos hermanos,
sino miembros de tu mismo hogar,
y ciudadanos del reino de paz, verdad y justicia,
el reino de Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Por muy diferentes que seamos,
sea lo que sea lo que nos separe aquí en tu Iglesia
y en el mundo en general,
tú nos has dado el cuerpo y sangre de tu Hijo
para reunirnos a todos juntos en el mismo amor...
Que Jesucristo sea la piedra angular
sobre la que todos nosotros construyamos.
Que tu Espíritu Santo nos haga piedras vivas
de la mansión en la que tú vives
como nuestro Dios y Señor por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: Todos nosotros “somos miembros de la familia de Dios”, dice la carta a los Efesios, dirigida no solamente a los judíos y a los cristianos ex-paganos, sino a todos nosotros aquí reunidos en el nombre de Jesús, aunque seamos muy diferentes en personalidad, origen, raza, color, profesión... Todos somos uno en       Cristo.
Que la bendición de Dios todopoderoso descienda sobre nosotros y nos una más todavía; que nos bendiga el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.