Liturgia Viva del Domingo 4º del Tiempo Ordinario - Ciclo B

Palabras y Manos Sanadoras de Jesús

Saludo  
Jesús proclamó a la gente
la Buena Nueva de sanación y de vida.
Esta misma Buena Nueva nos la proclama a nosotros
aquí en esta asamblea eucarística.
Que sus palabras muevan nuestros corazones
y nos traigan curación y vida.
Que Jesús, el Señor, esté siempre con ustedes.

Introducción por el Celebrante
       Los enfermos sienten muy profundamente cómo la enfermedad los incapacita. Hay cosas que quieren hacer, pero no pueden; es como si no fueran cabalmente humanos.
Percibimos esto con mayor fuerza en las personas mentalmente discapacitadas. --- Hoy vemos a Jesús obrando con su poder de curación. No es que cure a todos los enfermos, pero muestra que Dios quiere que las personas sean íntegras y sanas  -eso es lo que significa "curar"-.  Jesús quiere que lleguemos a ser como él, es decir, personas plenamente humanas, buenas e íntegras, no sólo físicamente, sino en todos los sentidos, porque es entonces cuando honramos plenamente a Dios, hechos a su imagen y semejanza. Pidamos a Jesús en esta eucaristía que nos haga íntegros y sanos.

Acto Penitencial
El pecado es, con demasiada frecuencia,
la enfermedad de nuestro corazón.
Pedimos al Señor que nos cure de todo pecado.
    (Pausa)
  • Señor Jesús, tú viniste para curarnos y para devolvernos la vida:
    R/. Señor, ten piedad de nosotros.
  • Cristo Jesús, primer nacido de entre los muertos, tú nos has hecho hijos e hijas  del Dios vivo:
    R/. Cristo, ten piedad de nosotros.
  • Señor Jesús, tú te hiciste uno de nosotros de forma que pudiéramos ver en ti la perfecta imagen del Padre:
    R/. Señor, ten piedad de nosotros.
Ten misericordia de nosotros, Señor, y pronuncia solamente la palabra por la que nos cures del pecado, y llévanos a la vida eterna.

Oración Colecta
Pidamos a Dios que nos traiga curación y salvación.
    (Pausa)
Oh Dios, todo-amoroso y fiel:
En tu Hijo Jesucristo nos mostraste
lo que significa ser cabalmente humanos  
y viste con agrado que trajera a todos los que le reciben
la curación del perdón y la vida.
Que él nos toque con su mano salvadora,
que nos dirija su palabra restauradora,
para que nos haga íntegros y libres
y para que con él luchemos contra todo mal
y te sirvamos a ti, nuestro Dios vivo,
y a los hermanos que nos has confiado.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús, el Señor.  

Primera Lectura (Dt 18,15-20): El Verdadero Profeta Es Voz de Dios
    Los profetas del pueblo de Dios eran -y todavía son hoy- la voz de Dios. Ellos interpretan su voluntad con autoridad y dirigen al pueblo hacia el futuro de Dios.

Segunda Lectura (1 Cor 7,3-35): Libres para el Señor
    Todos estamos llamados a la santidad.  Pablo subraya las ventajas del carisma del celibato: los que no se casan están libres para dedicarse al Señor y sus asuntos.

Evangelio (Mc 1,21-28): Jesús Enseñaba con Autoridad
    Jesús podía enseñar con autoridad como nadie, ya que era la Palabra viva de Dios, Hijo mismo de Dios. Por el poder de su palabra, solamente, venció al poder del mal.

Oración de los Fieles
    Oremos a Dios nuestro Padre que nos otorga curación y salvación. Y digámosle:
R/. Señor, pronuncia tu palabra que nos cure.
  • Para que en la Iglesia llevemos unos a otros la curación del perdón y la compasión, roguemos al Señor.
  • Para que todos los enfermos sigan esperando que sanarán y que, al menos, sepan llevar su sufrimiento con paciencia y fortaleza, roguemos al Señor.
  • Para que todos los que sufren en temprana edad experimenten el amor y la atención de las personas que se preocupan por ellos, roguemos al Señor.
  • Para que reservemos espacio y preocupación por los mentalmente discapacitados y para que les reservemos un lugar especial en nuestro corazón, roguemos al Señor.
  • Para que los confinados en hospitales y clínicas reciban mucha atención, llena de humanidad y de amor, y que reciban la visita periódica y constante de sus seres queridos, roguemos al Señor.
  • Para que en nuestras comunidades nos atrevamos a aliviar los sufrimientos de nuestros hermanos y aprendamos a compartir unos con otros nuestro dolor, roguemos al Señor.
  Oh Dios compasivo, sabemos que nos amas en la enfermedad y en la salud. Permanece siempre con nosotros y ayúdanos a cuidarnos  los unos de los otros, en Jesucristo nuestro Señor.

Oración de Ofertorio
Oh Dios y Padre nuestro:
Al presentarte estos dones de pan y vino,
esperamos que tu Hijo nos hable en tu nombre.    
Por medio de él acepta nuestro silencio
y nuestros exiguos esfuerzos
para dar forma a tu palabra
en el lenguaje de nuestras vidas.
Que esta ofrenda te sea agradable,
por Jesucristo nuestro Señor.  

Introducción a la Plegaria Eucarística
Demos sinceras gracias al Padre, por habernos dado a Jesús, que murió y resucitó de entre los muertos para liberarnos de todo mal.

Introducción al Padrenuestro   
Oremos a Dios nuestro Padre con las palabras de la oración del mismo Jesús, que puede dar voz a todas nuestras peticiones no expresadas:
R/. Padre nuestro…

Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de todos los males y concédenos la paz en nuestros días.
Por tu misericordia, guárdanos de ser sordos a las palabras que nos diriges.
Que su sonido nos convierta y nos inspire para preparar con alegría y esperanza la gloriosa venida de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.
R/. Tuyo es el reino…

Invitación a la Comunión
Éste es Jesucristo, el Señor,
que proclamó un mensaje de Buena Nueva de salvación
con poder y autoridad.
Dichosos nosotros de escuchar su invitación
y de recibir de él
nuestro pan de fuerza y curación.
R/. Señor, no soy digno…

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
En esta asamblea eucarística
nos has reunido más íntimamente
por tu palabra poderosa
y por el banquete festivo de la eucaristía.
Cuando volvemos a nuestra vida diaria,
sigue proclamándonos tu mensaje liberador
incluso en los acontecimientos corrientes de nuestra vida
y en la amistad de nuestros hermanos y hermanas.
Abre nuestros oídos y corazones
a tu lenguaje, siempre nuevo,
que nos conduzca a ti
por el poder de Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Sabemos muy bien, por experiencia de vida, qué poderosas pueden ser las palabras.
En su matrimonio, el esposo y la esposa aceptan mutuamente su Sí al amor y también comparten amor, el uno con el otro, no solo para un momento sino para toda la vida.
Cristo nos ha proclamado su palabra aquí.  Ha sido una palabra de confianza y amor, y no puede dejarnos indiferentes.  Cristo nos obliga a tomar una decisión: o rechazarle a él  y a su palabra o entregarnos a él y a su mensaje.
Que ojalá aceptemos su evangelio con entusiasmo.
Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.