Comentario al Evangelio de hoy lunes, 1 de septiembre de 2014

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Fernando Torres Pérez, cmf

 

      El Evangelio de este día ya lo dice todo. Es un pequeño compendio de la vida de Jesús en una sola historia: la historia del momento en que vuelve a su pueblo y allí expone lo fundamental de su mensaje. Como hacen los políticos y los que asumen un cargo al comienzo de su mandato, también Jesús puso de manifiesto lo que quería ser y hacer en su vida. Lo suyo se expresaba perfectamente en las palabras del profeta Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista; para dar libertad a los oprimidos, para anunciar el año de gracia del Señor.” Tan bien expresado estaba que a continuación pronunció la homilía más breve de la historia: “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.”

      No había necesidad de decir más. Su pueblo (Nazaret, Israel o el mundo entero) le escuchaba. Y no se hizo esperar la reacción habitual. ¡Cómo iba a ser éste el Mesías! Le conocían. Conocían a su familia. No podía ser. El Mesías, el enviado de Dios, se tenía que presentar no en medio de la normalidad sino de lo extraordinario. Con algún milagro portentoso. Con una luz alrededor como un aura. Con mejores vestidos y con una corte alrededor. En conclusión: rodeado de poder y gloria. 

      Pero Jesús no estuvo rodeado de poder y gloria. Para nada. Lo suyo fue la normalidad. Uno más entre nosotros. Tocando a los enfermos, hablando con todos –también con los oficialmente impuros y pecadores–, mostrando incluso en ocasiones su debilidad. Jesús es Dios que se hace carne con todas las limitaciones que eso conlleva. Y eso no lo podían aceptar. No podían entender que Dios no se manifestase según la idea que ellos tenían de Dios. No estaban a abiertos a la sorpresa que siempre es Dios, porque va más allá de todo lo que podamos imaginar. 

      Conviene que releamos el texto de Isaías. En él reconocemos a Jesús. En él reconocemos a los verdaderos discípulos, a los verdaderos profetas. Son los que, como Jesús, como Dios, están cerca de los que sufren de cualquier manera, son los que trabajan por la justicia y por la libertad, por la reconciliación y el perdón. Ahí está presente Jesús, ahí está Dios. Ahí está la salvación que se nos regala en Jesús. 

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Comentarios
Saludos amigos/as, al parecer en tiempos de Pablo frente se corre la fama entre “hermanos” de que llevara elocuencia o sabiduría, “con sabiduría humana o con persuasión”. Por ello, El aclara que la acción del Espíritu Santo es quien lo motiva, no solo aclara sino que todo testimonio y obra en EL es consecuencia o fruto del Espíritu Santo, es Él quien hace crecer es esa Persona. Diría, esto se da frente al mismo pecado mortal que germina en estos “hermanos” contra el Espíritu Santo y a veces incurrimos cuando pretendemos callar a otros cuando su predica está provista d AMOR, de intenciones liberadoras frente - al aprovechador, especulador, al acaparador, al zángano, a los impostores, a los mozos del ángel Caído.
De modo que frente a esta Acción profundamente espir » ver comentario
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Jose del Carmen Jose del Carmen
hace 18 horas, 36 minutos
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Palabra diaria

Lunes, 1 de septiembre de 2014

FERIA
Lc 4,16-30. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres... Ningún profeta es bien mirado en su tierra.

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