Comentario al Evangelio del

José María Vegas, cmf

Hasta los confines del mundo, hasta el fin de los tiempos

Lucas escribió sus cartas a Teófilo (el amigo de Dios), el Evangelio y los Hechos de los Apóstoles, con una fuerte voluntad pedagógica y, por eso mismo, con mentalidad sistemática. Lucas no abre un ciclo hasta que cierra el precedente. Así, tras el acontecimiento de la Resurrección, se abre un ciclo breve, pero de extraordinaria densidad, que se cierra precisamente con la Ascensión del Señor, que abre el siguiente ciclo, cuyo protagonismo lo tiene el Espíritu Santo y la actividad misionera de la Iglesia. Este ciclo que se cierra hoy es el de las intensísimas experiencias de encuentro con el Señor resucitado. Fue un tiempo en el que, pese a sus muchas dudas y reticencias, los discípulos comenzaron a comprender las Escrituras a la luz novedosa de las palabras de Jesús, que ahora empiezan a entender también de una manera nueva; es además el tiempo en que descubren el valor, el significado y la fuerza de la fracción del pan, que, posiblemente durante la última cena no consiguieron descifrar. Precisamente en la fracción del pan y en el recuerdo de las palabras de Jesús tuvieron las principales experiencias de presencia del Resucitado. Y, a su luz, también las multiplicaciones de los panes, las comidas de Jesús con los pecadores, el mismo lavatorio de los pies adquirieron para ellos un sentido nuevo, que antes les había estado vetado. Por fin, este es el periodo en el que, al hilo de estas experiencias, la comunidad, que se había dispersado tras la muerte de Jesús, presa del pánico por el espantoso final del Maestro, vuelve a reunirse, a recomponerse de una manera que ni los mismos discípulos pueden explicar de otra manera que por la convocatoria que el mismo Señor Resucitado les va haciendo.

La intensidad de este tiempo, la enorme fuerza de esta luz debieron ser tales, que los discípulos sentían la presencia inmediata, palpable del Maestro. Y, aunque el temor inicial debía frenar la capacidad de reconocerlo, la fuerza de la evidencia de la Resurrección acabó por disipar el temor y dio paso a la alegría y al valor para salir y testimoniar.

Realmente, no es posible concebir un periodo tan intenso y fundamental sin una especial acción del Espíritu Santo. Así lo entiende Juan, para el que las apariciones del Resucitado y la transmisión del Espíritu Santo son algo simultáneo (cf. Jn 20, 22). Pero Lucas, en su voluntad de sistematizar la historia de salvación y sus etapas, distingue el primer periodo postpascual del tiempo de la misión, aunque tampoco los concibe como compartimentos estancos. Por un lado, vemos que, pese a todo, algunas dudas e incomprensiones continúan (como lo muestra la pregunta que le dirigen a Jesús: “¿Es ahora cuando, por fin, vas a restaurar…?”). Y es que el fundamento no es el edificio entero. El tiempo que se va a abrir ahora, el tiempo de la misión y del Espíritu Santo, sigue siendo un tiempo de aprendizaje y profundización, en el que la Iglesia irá perfilando el contenido del mensaje recibido de Jesús, y también la organización de la comunidad. En este sentido, hay que tener cuidado con un cierto arcaísmo bastante de moda en ciertos círculos eclesiales, que tiende a descalificar como inauténtico, discutible o prescindible todo desarrollo eclesial que no pueda encontrarse directamente en aquella primerísima comunidad postpascual. Curiosamente los defensores de este arcaísmo, que pone en cuarentena todo progreso eclesial, suelen considerarse a sí mismos “progresistas” (un término del que confieso desconocer su verdadero significado; a veces me parece que no tiene ninguno). Pero tenemos que creer que las promesas de Jesús de enviarnos a otro defensor que nos lo enseñará todo (cf. Jn 14, 16. 26), y de estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo, son verídicas y eficaces; y tenemos que creer también que la Iglesia, asentada en el firme fundamento apostólico de los que acompañaron a Jesús y fueron testigos de su resurrección, se desarrolla, a pesar de los pesares (y los pesares son muchos) bajo la guía del Espíritu Santo y la presencia de Jesús.

En esta clave podemos entender también la Ascensión del Señor. Es un movimiento ascensional, pero, como es fácil entender, no en sentido físico: Jesús no subió “a la nubes”, sino al Padre; tenemos que entender esta ascensión en sentido cualitativo: es una llamada a crecer, a no quedarnos parados, a aspirar a los bienes superiores que Jesús ha descubierto para nosotros. Y es que la Ascensión del Señor es la elevación de la humanidad de Jesús: en Él la humanidad entera tiene la ocasión de crecer, desarrollarse y aspirar a los valores y los bienes definitivos, los que realmente salvan al hombre. Y lo que celebramos los cristianos hoy es que la aspiración a esos bienes superiores no es una quimera, una utopía inalcanzable, un sueño de adolescentes sin sentido de la realidad. Son posibles en Cristo; y esto significa que son posibles si no se reducen a una huera reivindicación de que otros nos otorguen el objeto de nuestro deseo, sino si nosotros mismos estamos dispuestos, como Jesús, a dar la vida por hacerlos realidad.

Así pues, Jesús nos invita a crecer y nos muestra el camino. Él mismo es realmente el camino, pues es siguiéndole a Él como el hombre puede hacer fructificar sus posibilidades mejores.

Entendemos ahora por qué este ascender de Jesús al Padre no es un alejamiento: Jesús no asciende para alejarse, para abandonarnos. Al contrario, al subir al Padre, Jesús está abriendo el camino, uniendo el cielo (Dios) con la tierra. Es el complemento necesario del abajamiento (cf. Flp 2, 7) de la encarnación, cuando trajo la divinidad al mundo. Ahora eleva la humanidad al cielo, esto es, al Padre. Porque Jesús, con su Ascensión, no ha renunciado a su encarnación, no ha abandonado la carne. Jesús, Palabra de Dios hecha hombre, muerto y resucitado, ha adquirido un compromiso permanente con la carne que somos: vuelve al Padre porque es Hijo, pero vuelve al Padre como hombre, abriendo así para todos el acceso a Dios.

Y es que este nuevo periodo tras la Ascensión es, además, un tiempo abierto que no conoce límites, ni geográficos (“Jerusalén, Judea, Samaria y hasta los confines del mundo”), ni temporales (“estoy con vosotros hasta el fin de los tiempos”). El periodo que abre la Ascensión y, sobre todo, Pentecostés llega hasta aquí, hasta el día de hoy y sigue adelante. En él seguimos experimentando la presencia del Señor en el Espíritu y por medio de la Palabra y la fracción del pan, que condensaron las experiencias postpascuales y congregaron a la comunidad, y que nosotros hemos recibido de aquella primera generación apostólica como depósito de la fe. El compromiso de Jesús no lo es sólo con “los suyos” (los discípulos de primera hora), sino que estos últimos son heraldos y testigos que no pueden quedarse para sí los admirables misterios que han conocido y experimentado en el periodo entre la Resurrección y la Ascensión: no pueden quedarse ahí, parados, mirando al cielo, sino que tienen que ponerse en camino. Crecer (ascender) significa también caminar, mirar hacia adelante, encarar el futuro, para testimoniar, compartir y transmitir a todos los hombres, a todos los pueblos, y a lo largo de toda la historia la buena noticia de que Dios está con nosotros, de que no nos ha arrojado a la existencia y luego nos ha abandonado a nuestra suerte, sino que ha venido a visitarnos, se ha compadecido de nosotros, ha padecido por nosotros y ha vencido en su propia carne y por todos nosotros a nuestros grandes y mortales enemigos: el pecado y la misma muerte, y de esta manera nos ha abierto el camino que conduce al Padre.

Ese ir por todas partes, hasta los confines del mundo y hasta el final de la historia, es la tarea de los discípulos de Jesús, es, en realidad la tarea del mismo Cristo, que nos envía allí a donde quiere ir él mismo (cf. Lc 10, 1), y que al enviarnos sigue siendo guía y camino, y que está cada día “todos los días”, es decir, cada día, en su Palabra y su Pan partido, y hasta el final del mundo, es decir, del todo y sin condiciones.

Comentarios

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eleazar
eleazar

el 30/5/14
La Palabra existía desde el principio, es verdadera gloría de Dios verdadero, y se hace hombre por amor a sus criaturas, verdadero hombre Jesús, por eso cuando Jesucristo asciende a los cielos Dios es glorificado, el hombre es glorificado, ya tenemos la cabeza en el cielo, y la misma creación es glorificada, y de eso se encarga Dios mismo, pero ¿qué tenemos que hacer nosotros para alcanzar la gloria que ya nos espera?; seguir los pasos de Jesús, por eso se queda con nosotros, para acompañarnos, por eso Dios nos envía su Espíritu, por eso no podemos quedarnos parados mirando la gloria si no que hemos de ir y hacer discípulos. . . porque nos quiere a todos con él
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Martha
Martha

el 29/5/14
La Ascension del Senor, este Evangelio representa al -
go grandioso para los que tenemos fe en Cristo Resu-
citado; en primer lugar nos da a entender,al momento
de partir a casa del Padre, que nunca estaremos solos
que dejara con nosotros al "otro" Defensor, que con
su intensa luz, nos dara otra forma de comprender las
Escrituras y podremos sentir la figura cercana, eviden
te del Maestro. Esta conviccion hace que lois discipu -
los se reagrupen perdiendo el miedo que sentian des-
de la muerte de su Maestro. Tambien este Evangelio
nos hace entender, de como la Ascension de Cristo,
representa un crecimiento en las comunidades, en las
iglesias y nos invita a no quedarse parados mirando
al cielo, hay que caminar y testimoniar la Buena Noti
cia de que Dios esta con nosotros, siemp » ver comentario
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victoriasnchez
victoriasnchez

el 30/5/14
Hoy,VII Domingo de Pascua,celebramos la solemnidad
de la Ascensión del Señor.
Jesús, antes de partir al Padre, da a sus apóstoles una
misión:"Id,y haced mis discípulos a todos los pueblos
del mundo"...
Y también,les hace una promesa: "Sabed, que yo estoy con vosotros todos los días,hasta el fin del
mundo".
Promesa,que deberíamos recordar todos los días.
Porque este saber,que Cristo está con nosotros,nos
anima,nos da fuerza y nos ayuda a desarrollar nuestro
trabajo,en cada una de nuestras comunidades.
Donde EL sigue vivo y presente entre nosotros,por la
fe,la palabra,los sacramentos,los hermanos, los niños,
los enfermos,los necesitados....
Recordemos las palabras de Jesús:"Cuanto hicisteis a
uno de estos pequeños me lo hicisteis a mí ".
Nos garantiza su pr » ver comentario
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laura ximena
laura ximena

el 31/5/14
muy bueno me ayudo muchooooooooooooooo
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jomaca
jomaca

el 30/5/14
Me ha gustado no tanto la parte apologética, sino sobretodo la parte final que habla del proceso ascendente en el tiempo y en el espacio.
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mauricio
mauricio

el 31/5/14
A veces nos quedamos mirando al cielo, sin mirar el compromiso que tenemos de anunciar la buena nueva a todos los hombres de todo lugar y tiempo. Ademas no nos preocupamos por los que sufre a nuestro lado incluso después de que decimos que tenemos una experiencia de fe. Que nuestra mirada al cielo nos lo haga ciego ante los sufrimientos de los demás es con ellos que podemos sentir la presencia de Jesús hasta el fin de los tiempos.

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pakito_al
pakito_al

el 31/5/14
Algo muy triste para mi, (en lo personal claro), es saber que Jesus resucitado es elevado al cielo, pensando en aquel joven, adolescente que en estos tiempos son los más señalados de una manera no tan sana, más sin embargo, el siempre estara ahí, con él, sujetandolo de la mano para no dejarlo caer... que esta ascención del señor sea en nosotros testigo fiel para ser partícipes de sus obras, de esas obras maravillosas que dejaron huellas, huellas que nosotros tenemos que seguir... Amén.
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Alejandro
Alejandro

el 1/6/14
Hay quienes entienden que el Reino de Dios está en el más allá después de la muerte. Aquí la lectura nos aclara que hay que trabajar por el Reino de Dios en la Tierra, que el Reino hay que construir aquí en la Tierra, y no quedarse parados mirando lo que pasa y esperando algo del que no se tiene certeza.
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Alejandro
Alejandro

el 1/6/14
Hay quienes entienden que el Reino de Dios está en el más allá después de la muerte. Aquí la lectura nos aclara que hay que trabajar por el Reino de Dios en la Tierra, que el Reino hay que construir aquí en la Tierra, y no quedarse parados mirando lo que pasa y esperando algo del que no se tiene certeza.
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Joseph
Joseph

el 1/6/14
Jesucristo... siendo de tan alta Divinidad... asume nuestra humanidad para hacer que nuestra humanidad alcance la Divinidad. Creo que este es el misterio que se nos revela para todos en este día.
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Soraya
Soraya

el 1/6/14
El comentario al Evangelio me parece muy elaborado y nos da una explicación clara de la Ascensión de Nuestro Señor. Muchas gracias.Sí, Jesús dice a los discípulos lo que quiere que hagamos mientras estamos en este mundo. Nos envía a testimoniar y a comunicar sus enseñanzas, a veces de viva voz y otras con nuestro ejemplo de vida. Él nos ha abierto el caminio hacia el Padre y con la Ascensión quiere darnos a entender que Él es el camino y que le tendremos a nuestro lado, sosteniéndonos en nuestro vivir. Y con esta seguridad, ¿ qué podemos temer ?
Feliz domingo. Que Dios os bendiga.
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Joselito H.
Joselito H.

el 1/6/14
Cumplida la mission, que Dios le encomendo a su hijo, asciende al Cielo, en un acontecimiento nunca visto, los Apostoles quedaron muy triste, pero Jesus les dijo, que El les enviarias el Espiritu Santo, para seguirlos fortaleciendos y motivandolos a seguir evangelizandos a su pueblo.
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Irenarco Cala
Irenarco Cala

el 1/6/14
Hoy a Dios damos gracias, porque nos permite vivir al Poderoso el Espíritu Santo. Este poder que nos ha dado es para ir y hacer discípulos en todas partes y de ésta manera el SeñorJesús el Unigénito Hijo de Dios, estará con nosotros y sentiremos Su presencia todos los días hasta el fin de los tiempos. ¡Feliz bienvenida por siempre, oh amoroso Espíritu Santo!
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Irenarco Cala
Irenarco Cala

el 1/6/14
Hoy a Dios damos gracias, porque nos permite vivir al Poderoso el Espíritu Santo. Este poder que nos ha dado es para ir y hacer discípulos en todas partes y de ésta manera el SeñorJesús el Unigénito Hijo de Dios, estará con nosotros y sentiremos Su presencia todos los días hasta el fin de los tiempos. ¡Feliz bienvenida por siempre, oh amoroso Espíritu Santo!
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JUAN SEBASTIAN
JUAN SEBASTIAN

el 7/6/14
Promesa,que deberíamos recordar todos los días.
Porque este saber,que Cristo está con nosotros,nos
anima,nos da fuerza y nos ayuda a desarrollar nuestro
trabajo,en cada una de nuestras comunidades.
Donde EL sigue vivo y presente entre nosotros,por la
fe,la palabra,los sacramentos,los hermanos, los niños,
los enfermos,los necesitados.
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