Comentario al Evangelio del

José María Vegasd, cmf

El amor y los mandamientos

La realidad que sintetiza y resume todas las presencias del Señor resucitado, que el tiempo pascual ha ido poniendo ante los ojos de nuestra fe para que lo veamos, es el amor. El cristianismo es la religión del amor. Pero esto no significa que sea una “religión romántica”. El amor de que se habla aquí no es un vago sentimiento de simpatía y benevolencia que se disuelve en una humareda de buenas intenciones. El amor del que hoy nos habla Cristo es una respuesta (un amor responsable) al amor que él nos ha dado, el amor del Padre y que ha manifestado entregando su vida en la cruz y resucitando a una vida nueva. El amor cristiano, es decir, el amor gratuito de Dios en Cristo hacia nosotros y nuestro amor a Dios por Cristo como respuesta, es justamente un modo de vida nuevo que se encarna y hace concreto en actitudes y en acciones. Esto es lo que hay que entender cuando Jesús dice “si me amáis, guardaréis mis mandamientos”. Es aquí donde se ve que el verdadero amor no se limita a los buenos sentimientos (aunque los incluya), sino que es un acto que brota del centro mismo de la persona y que, por eso, engloba, además de a los sentimientos, a la razón y a la voluntad, al ser humano en su integridad. En el amor del que habla hoy Jesús (si me amáis) hay un momento de escucha y acogida de su palabra (sus mandamientos) y, por tanto, de comprensión; y hay un momento de puesta en práctica (guardar, cumplir) que tiene que ver con la voluntad. Esto último nos habla de una obediencia que no tiene nada de ciego ni, por tanto, de irracional: la verdadera obediencia tiene que ver con la escucha (según su etimología latina, ob audire, escuchar lo que está frente a uno); y como aquí escuchamos la misma Palabra de Dios encarnada en Jesucristo, se trata también de un “ver”. Guardar los mandamientos de Jesús significa escuchar y ver, entender y decidir. Y es claro que el contenido de esos mandamientos y de ese nuevo modo de vida en obediencia a Jesucristo no puede ser distinto del mismo amor: “quien dice que permanece en Jesús, debe vivir como vivió él” (1 Jn 2, 6); y un amor universal, porque quien escucha la Palabra de Jesús y es capaz de verlo con la fe, lo descubre también en “sus pequeños hermanos” (cf. Mt, 25, 40).

Cuando tratamos de vivir así, recibimos un nuevo don, que se puede entender como consuelo, como testigo a nuestro favor y como defensor: el Paráclito o, como dice el mismo Jesús, “otro” Paráclito, ya que él es el primero. Es el Espíritu mismo de Jesús, el Amor en persona que une al Padre y al Hijo.

Ahora entendemos que la presencia real de Cristo en su Iglesia y en sus sacramentos, la posibilidad de verlo y experimentar su persona, todo esto es obra del Espíritu. Por eso, ante la posible tristeza por la próxima marcha de Jesús (la Ascensión del Señor que celebraremos dentro de una semana), o la nostalgia de que nosotros no hemos podido ver con los ojos del cuerpo al Jesús histórico, tenemos que tener el consuelo de que Jesús no nos ha dejado solos, no nos abandona, sino que gracias al Espíritu podemos tener acceso personal y directo a Él. Este Espíritu lo hemos recibido de Jesús, lo conocemos y lo vemos gracias a la fe, y sus frutos son palpables: percibimos la Palabra como verdadera Palabra de Dios, en la Eucaristía sabemos que estamos en una relación real con Cristo y, a pesar de nuestras debilidades, comprendemos la verdad del mandamiento del amor: comprendemos que sólo el amor salva. Son cosas que sólo quien tiene fe puede ver y conocer. En la dinámica de la aceptación y el amor a Jesús se da una verdadera revelación que tiene un sello exquisitamente personal: “al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él”.

A partir de aquí podemos experimentar otros frutos reales del Espíritu, que reproducen la lógica de la muerte y la resurrección. Así, la primera persecución contra los discípulos, la que tiene lugar en Jerusalén contra los cristianos de origen helenista, se convierte en ocasión para la evangelización y para el crecimiento de la Iglesia. Lo que a los ojos humanos es una desgracia, se convierte, por obra del Espíritu, en la apertura de nuevos horizontes y la proyección misionera de la primera comunidad cristiana; y ese ensanchamiento no atenta contra la unidad de la Iglesia, sino que refuerza la comunión cuando los apóstoles (Pedro y Juan) confirman a los nuevos creyentes, que reciben también el Espíritu Santo.

Si glorificamos en nuestros corazones a Cristo Jesús, guardamos sus mandamientos y nos fiamos de su Espíritu, no tenemos nada que temer. Persecuciones y calumnias son ocasión para el testimonio, para dar razón de nuestra esperanza. Esto es algo enormemente actual en nuestros días. El testimonio de nuestra fe tiene lugar, como recuerda Pedro en la segunda lectura, en el respeto de la libertad ajena: “al que os lo pidiere”; y según los modos propios del evangelio: “con mansedumbre y respeto y en buena conciencia”. Son modulaciones del amor y, por tanto, modos de guardar los mandamientos de Jesús. Esto significa responder al mal con el bien, a las maldiciones con bendiciones, a las calumnias con buena conducta. Pedro motiva este modo de actuar con una verdad que parece de Perogrullo, pero que no lo es: “mejor es padecer haciendo el bien, que padecer haciendo el mal”. Y no lo es porque muchas veces nuestra disposición a hacer el bien está condicionada por la obtención de algún beneficio y, en consecuencia, a la evitación de cualquier perjuicio; mientras que, a veces, nos parece que el mal “compensa”, aunque conlleve además alguna desventaja colateral. Pedro nos invita a poner los ojos en Cristo, que pasó haciendo sólo el bien, tuvo que pagar por ello el alto precio de su propia vida, pero “como poseía el Espíritu” (el vínculo de Amor con el Padre), fue devuelto a la vida.

Amar a Cristo conlleva, pues, la firme voluntad de vivir conforme a su Palabra y según su ejemplo; y esto nos asegura la presencia del Espíritu que defiende, consuela y guía a la Iglesia, que nos defiende, consuela y guía a cada uno de nosotros, depositarios de esa revelación reservada a los que le aman y guardan sus mandamientos.

Comentarios

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victoriasnchez
victoriasnchez

el 23/5/14
El texto evángelico de este Domingo VI de Pascua nos presenta a Jesús,en la despedida a sus amigos.
Les dice:"Si me amáis guardaréis mis mandamientos."
"No os dejaré abandonados: Volveré para estar con
vosotros." Palabras consoladoras y reveladoras de un
Amor extraordinario.
Jesús,antes de partir al Padre,nos promete el Espíritu Santo,que nos defenderá y nos consolará.
Nos está pidiendo, que seamos consoladores de los
demás;que ejecutemos esta misión con nuestra boca,
nuestras manos,y con los ojos del corazón.
También San Pablo nos llama a ser consoladores unos
de otros,con estas palabras:"Consolaos mutuamente"
(1Tes 5, 11).
San Francisco de Asís,rezaba: "Que no busque tanto/
el ser consolado,como el consolar;/el ser comprendido
como el comprender;/el ser a » ver comentario
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Martha
Martha

el 23/5/14
Formidable su exposicion del Evangelio del proximo domingo P.Jose M. De acuerdo a mi pobre entender
la verdad que constituye y extracta todas las presen-
cias del Senor Resucitado en todo el recorrido Pascual
es el Amor, ese Amor Cristiano que nos da Dios en Cristo y que debemos reciprocarlo con nuestro amor
por Cristo; ese amor solo podemos patentizarlo con
una vida nueva, la cual personificamos y precisamos
con nuestras actitudes y obras, imitando o tratando
de hacerlo, debido a las muchas limitaciones impedido
ras, a la vida que llevo Jesus ; no obstante, si somos
capaces de : escuchar, comprender, "ver" y decidir
si queremos seguir su camino, estamos evidenciando
la vida nueva, la obediencia y el amor responsable.
Saludos.......
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aoaoao
aoaoao

el 23/5/14
Me recuerda a la anécdota que cuentan de Lola Flores que decía a sus hijos cuando estaban en su casa "si me quereis irse" Jesús nos dice algo parecido si me quereis irse, irse a dar de comer al hambriento, a vestir al desnudo, a educar a un niño, a visitar un preso........
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antonia Ruiz
antonia Ruiz

el 25/5/14
Durante varios días hemos leído que la parte fundamental de nuestra religión católica es el Amor, por que sin el de nada nos sirve decir que creemos en Dios o que somos católicos, asi mismo el llamado a nuestra vida del Espíritu Santo para que guiados por el nuestro amor a Dios sea verdadero y sin limites
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Soraya
Soraya

el 25/5/14
En el plan de Dios vemos que lo que a nuestros ojos pueden parecer desgracias, se convierten en oportunidades para crecer en la fe y dar a conocer a los demás Su Reino. Necesitamos vivir con la esperanza de que nuestro Señor nos guía aunque a simple vista no podamos comprender el camino que nos hace recorrer.
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María Gómez
María Gómez

el 25/5/14
Muchas veces nos cuesta relacionar la escucha con la obediencia, porque no sabemos que significa lo mismo, y para hacer vida el amor que Cristo nos manda debemos saber escucharlo por medio de su palabra y llevar ese mensaje al mundo como verdaderos discípulos y misioneros que debemos ser.
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Joselito H.
Joselito H.

el 25/5/14
Guardar los diez Mandamientos de la Ley de Dios es demostrar el amor que sentimos por Jesus, pues el pago con su vida el amor que siente por nosotros, y en algo debemos agradecer a nuestro Jesus, el gran sacrificio que hizo, dandono su vida en una cruz, para salvarnos del pecado.
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Pedro Anibal
Pedro Anibal

el 25/5/14
Queridos hermanos, la palabra consuelo significa mucho en nuestro lenguaje cristiano, por que marca la despedida de Cristo en la tierra, y nos deja el consuelo de que no nos quedaremos solos sino que nos acompaña El Espíritu, ese paráclito que convive con nosotros, el que nos llena de amor, nos libera de angustias, y tantas adversidades, es por eso queridos hermanos que no somos huérfanos por que siempre esta con nosotros el Espíritu de Jesús, pero otra cosa debemos de tener presente ante la advertencia de Cristo, que debemos de cumplir sus mandamientos, es es mas teniendo en cuenta que después del primer mandamiento que es Amar a Dios sobre todas las cosas, existe el otro que no podemos perderle de vista y que es amar a tu prójimo como a ti mismo, solo así amaremos a Dios y vivir » ver comentario
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juancito
juancito

el 25/5/14
muchas personas no creen en dios porque no lo ven.
pero el dios siempre esta conosotros ,por eso debemos complir con los diez mandamiento..
el señor nos ama
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luisito
luisito

el 26/5/14
Queridos hermanos,hermanas el amor de dios en nuestro medio no debe ser una teoria sino una practica constante y eso se logra con la perseveracion y meditacion diaria,a traves de la palabrade dios hagamolos mis queridos hermanos.nuestra reconpensa sera la alegria y la paz entre nosotros.
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monzefuana
monzefuana

el 27/5/14
dios es nuetro salvador
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Laura la m
Laura la m

el 9/6/14
el evangelio es cierto y hay k creer
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