Comentario al Evangelio del

José María Vegas, cmf

El afán de cada día

El evangelio bien entendido no es un ideal (religioso, moral, filosófico) alejado de las preocupaciones más menudas de la vida cotidiana. No nos ofrece sólo una “cosmovisión” de sentido, o como dicen algunos, que gustan de palabras solemnes, un “horizonte transcendental”, que en poco o en nada toca los asuntos más pedestres que nos ocupan cada día. Decimos, el evangelio “bien entendido”, pero para entender bien el evangelio hay que estar a la escucha, prestar oídos, acudir al magisterio del maestro del Evangelio, Jesús de Nazaret.

Jesús nos habla hoy de la sabiduría de la vida. En el marco del ideal representado por las bienaventuranzas, y sobre el fondo de la reinterpretación de los mandamientos (los grandes temas de la vida humana), Jesús toca hoy temas cercanos, los que nos preocupan cotidianamente y los que nos ocupan de manera habitual, como el alimento y el vestido.

Lo que nos dice Jesús a este respecto puede producirnos, de entrada, una cierta desazón. Porque lo primero que entendemos de sus palabras es que no debemos preocuparnos de estas necesidades que, por un lado, son elementales pero que, además, no están garantizadas. ¿Cómo no preocuparnos de ellas? ¿Nos exhorta realmente Jesús a despreocuparnos de estas cosas tan necesarias para la vida? Si atendemos al contexto de las palabras y, sobre todo, de las acciones de Jesús, no es posible concluir tal cosa. Él mismo se ocupa de alimentar a los hambrientos, de los que siente lástima (cf. Mt 14, 13-21; 15, 32). No dice “yo ya he alimentado su espíritu, para el alimento del cuerpo, que se busquen ellos la vida”, como parecen sugerirle los discípulos, cuando le instaban a que los despidiera para se fueran a buscar comida; al contrario, les dice a sus discípulos: “dadles vosotros de comer”. Cuando, en un gran despliegue de imaginación, nos presenta el grandioso cuadro del juicio final (cf. Mt 25, 31-46), nos recuerda que el objeto de ese juicio será el haber atendido a aquellos que padecen necesidad precisamente en estas cosas más elementales: bebida, comida, vestido, alojamiento, enfermedad. ¿En qué quedamos entonces? ¿Hay que preocuparse de estas cosas o no, como parece aconsejarnos hoy?

Estas necesidades son primarias, básicas, pero no pueden ser las únicas, ni siquiera las más importantes. Sin embargo, su carácter primario las convierte en las más urgentes: si no les prestamos atención, todas las demás, incluso las más sublimes, quedan también en el aire. Ahora bien, esta misma urgencia puede producir en nosotros una preocupación obsesiva que las eleva al rango de bien supremo al que debe supeditarse todo, y que nos ciega para otros bienes de hecho más elevados.

Jesús nos da una sencilla indicación que resuelve este posible conflicto sin menoscabo de ninguno de sus extremos: la vida vale más que el alimento y el cuerpo más que el vestido. Es decir, nos alimentamos para vivir, pero no debemos vivir sólo para alimentarnos. Y del mismo modo que el alimento ha de estar al servicio de la vida, y no al revés, así debe el vestido servir al cuerpo y no, por el contrario, hacer del cuerpo la mera percha del vestido, de las apariencias externas. Estas últimas tienen también su importancia, su valor, pero es un valor subordinado al cuerpo, que no debe convertirse en un esclavo del vestido, de la figura, la moda, el aparentar, etc. Así pues, hemos de preocuparnos de esas necesidades en su justa medida, pero  no deben ocupar nuestro corazón hasta el punto de esclavizarlo, convirtiéndolas en “el señor” que manda en nuestra vida y cegándonos para lo más importante.
Y, ¿qué es lo más importante? Las palabras de Jesús nos lo dicen con bastante claridad. Si la vida y el cuerpo importan más que el alimento y el vestido, que están al servicio de aquellos, significa que nosotros mismos somos más importantes y valiosos que los medios que nos procuran sustento y calor. Nosotros, cuerpo y alma, tenemos que ser dueños de nuestras necesidades y no esclavos de las mismas. Esta importancia que descubrimos en nosotros mismos, no es una llamada ni al orgullo ni al egoísmo; al contrario, somos egoístas cuando nos hacemos esclavos de las necesidades materiales; mientras que, cuando las atendemos pero dominándolas y sometiéndolas a nuestra dignidad personal, somos capaces de descubrir que esa importancia y valor que descubrimos en nosotros mismos es la que adorna también a los demás, depositarios de idéntica dignidad humana. Y, así, somos capaces de abrirnos a sus necesidades, las de los que pasan hambre y sed, los que están desnudos, enfermos o solos. Es en esta clave en la que hay que leer la recomendación de Jesús de “buscar sobre todo el Reino de Dios y su justicia”; no dice que lo busquemos de manera exclusiva, sino sobre todo, sin renunciar a las preocupaciones cotidianas (esto es una exigencia de elemental responsabilidad); “sobre todo” alude a una jerarquía de nuestras búsquedas y preocupaciones. Y es que el Reino de Dios incluye “su justicia”; y la justicia es un concepto que abarca necesariamente los bienes materiales, que, de hecho, Jesús parece asegurarnos si atendemos sobre todo a las exigencias superiores del Reino de Dios y su justicia: en tal caso, todo lo demás se nos da por añadidura.

Buscar ante todo el Reino de Dios significa elevar nuestra mirada a “los bienes de allá arriba” (cf. Col 3, 1-4), y descubrir que “el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Rm 14, 17). Cuando hacemos así, aprendemos no a despreciar, sino a apreciar en su justa medida los “bienes de acá abajo”. Y esa justa medida (la de la justicia del Reino de Dios) nos los descubre no sólo como fruto de esfuerzo y conquista, sino también como dones que recibimos agradecidos. Los bienes de la tierra que remedian nuestra hambre y cubren nuestra desnudez son, como dice la oración del ofertorio, “fruto de la tierra y del trabajo del hombre”, que recibimos de la generosidad del Señor, Dios del universo, y a los que también contribuimos responsablemente. Descubrimos que hay una providencia divina que se preocupa de sus criaturas, que alimenta a los pájaros y viste con esplendor a los lirios del campo; y que se preocupa mucho más de las criaturas que más valen ante sus ojos. El Padre celestial no desconoce ni desatiende nuestras necesidades; al contrario, como una madre por el hijo de sus entrañas, y más que ella, así se acuerda de nosotros.

Pero, podemos preguntarnos de nuevo, ¿en qué se revela esa preocupación, cuando es un hecho que tantos hombres y mujeres del mundo padecen necesidad? Esa preocupación se revela en Jesucristo que nos comunica la sabiduría de la vida, la que nos permite satisfacer nuestras necesidades y las de los demás. Si la búsqueda obsesiva de bienes materiales (dinero, comida, vestido…) se enseñorea de nosotros y nos esclaviza, esto nos aleja también de los demás, pues cuando esos bienes necesarios se convierten en los únicos o los más altos, se produce inmediatamente un ansia insaciable, nunca estamos satisfechos, todo nos parece poco, y los otros se convierten en objeto de comparación y envidia, surge la rivalidad y la competencia, pues lo que tiene otro no puedo tenerlo yo. Pero si, a diferencia de “los gentiles”, siervos de Mammón, el dios dinero, nos hacemos servidores del Dios autor de los bienes del cielo y de la tierra, entonces nos convertimos en dueños de nosotros mismos, capaces de apreciar con agradecimiento y alegría lo que tenemos, aunque sea poco, lo que cubre nuestras necesidades básicas; y al hacernos servidores de Dios y dueños de nosotros mismos, como ya hemos dicho, nos convertimos también en servidores libres de los que padecen necesidad. Los bienes materiales adquieren una importancia y un valor nuevos: no sólo no son objeto de codicia, competencia y conflicto, sino ocasión para ayudar, compartir y encontrarse con los otros. Esta es la justicia del Reino de Dios.

El evangelio de Jesús, como vemos, nos concede una verdadera sabiduría para la vida cotidiana, un criterio para juzgar y apreciar todos los bienes, nos da un auténtico “orden del corazón” (un ordo amoris, como decía San Agustín) que nos hace libres (señores) y, además, nos enseña a disfrutar de la vida, del cada día que ella nos regala, es verdad que con sus agobios y afanes, pero que, en virtud de la confiada apertura a la providencia del Padre (y Madre, nos recuerda Isaías), no nos ahogan, pues se limitan a ser el afán de cada día. Es decir, Jesús nos enseña a dosificar las necesidades y también los afanes, sin por ello renunciar a los grandes ideales que deben llenar nuestro corazón (el Reino de Dios y su justicia). Y es que si somos servidores de Dios y de los hermanos (administradores de los misterios de Dios, nos recuerda Pablo), el día a día de nuestra vida es el banco de pruebas de nuestra fidelidad: el lugar en el que, en el trato con los asuntos (agobios y afanes) cotidianos, vamos encarnando el Reino de Dios, el ideal evangélico.

Comentarios

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eleazar
eleazar

el 1/3/14
No estéis agobiados por la vida, porque nadie puede estar al servicio de dos amos; nuestro amo es el Señor, busquemos su reino y justicia, y lo demás se nos dará por añadidura.
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Joselito H.
Joselito H.

el 2/3/14
Gracias, Padre de amor, de bondad y misericordia, por permitirme un dia mas de vida y en este Domingo, que esperamos la llegada de la Cuaresma, tiempo de Penitencia, pongo Senor las palabras del Evangelio de hoy, donde nos dice, que no podemos server ados senores, al mismo tiempo, oservimos a Dios, o al dinero, porque llegara el momento en que serviremosw a a uno y al otro lo aborreceremos; quiero, Senor, servirte a Ti, y dejar a un lado las cosas materiales, que no me llevan a nada bueno llegada la muerte, todo desaparece, pero si estoy a tu servicio, morir,es llegar a la verdadera vida, te pido, Senor que me ayudes a no preocuparme de las cosas materiales porque estas cosas se quedan en el mundo.
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victoriasnchez
victoriasnchez

el 2/3/14
En este VIII Domingo del Tiempo Ordinario Mt6,24- 34
nos presenta a Jesús,que nos dice: "Buscad, sobre
todo,el Reino de Dios y su justicia,que lo demás se os
dará por añadidura.
Nos invita a no preocuparnos,ni agobiarnos,por los
bienes materiales."A cada día le basta con sus propios
problemas".
Tal vez,en alguna ocasión,nos hemos encontrado con
personas que confian plenamente en la Providencia
de Dios;se les nota una sonrisa serena y contagiosa...
Aún a pesar de la carencia de bienes materiales...
La confianza que debemos tener en la Providencia,no
debe ser un canto a la irresponsabilidad,ni tampoco a
la de no intentar establecer un orden de prioridades
en nuestra vida.
Jesús,sabe muy bien, que el alimento y el vestido son
necesarios...
Pidamos al Señor, nos a » ver comentario
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Jose del Carmem
Jose del Carmem

el 2/3/14
Saludos a todos los Santos de la comunidad claretiana los santos que trabajan en la santa Sede que reunidos estan y tambien a los de mi parroquia. Hoy quiziera detenerme en rexordar el primer dia que escribi en este site luego de sentirme conquistado por el Amor de Cristo en aquel dia de mi sacramento MATRIMONIAL donde Doio me hacia participe de su Santa alianza con el puenlo Santo que el eligio desde nustro Padre Abrahan
si yo un pecador.. Aaun apesar de lo k vivia veia y oia me lanze junto con mi esposa a la confianza de que EL tomaria nuestras vidad y la iria haciendo segun su corazon.

confiado en ello hasta el dia de hoy no dejo de pensar es esa fidelidad de EL que siempre eata ahi para hacer xe mi familia su morada, y entonces que mas podria yo hacer aante semejante FIDELIDAD?.. » ver comentario
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moralito
moralito

el 2/3/14
Dios siempre presente en el dia a dia del hombre y de la mujer. Nuestro Padre Celestial nos ama tanto que Nunca, Nunca, Nunca!!!!!!!!!!!!!nos deja solos. Aunque aveces sintamos que nos a abandonado como dice Jesus en su palabra: Padre, porque me has abandonado? Dios es siempre fiel a sus hijos. Hay momentos rn nuestras vidas que Dios nos pone pruebas de diferentes clases y eso es precisamente para ayudarnos a descubrir en nosotros mismos de que tan Fuertes o debiles estamos hechos. Estas cosas pueden llegar a nosotros de distintas formas: una muerte, una enfermedad, una perdida de trabajo, un accidente, o posiblemente ganandote la loteria, o teniendo abundancia de todo. Y muchas veces es en la abundancia donde el hombre descubre que tan poquito amamos a Dios. Por eso, es imporatante escuch » ver comentario
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PEDRO ANIBAL
PEDRO ANIBAL

el 2/3/14
Queridos hermanos, Dios nos advierte que somos lo mas interesante de su creación, somos seres que debemos íntegramente dedicarnos a sus leyes, por eso no nos debe preocupar la comida o el vestido por que eso nos provee El Señor, vivamos comprometidos en las cosas que Dios quiere, en este mundo globalizado donde la prioridad son los bienes materiales y nos interesamos básicamente en nuestro bienestar social, material y Dios donde queda?, Hoy Jesús nos llama a la reflexión y es claro que nos abandonamos a las cosas del mundo, pero pensemos que solo servimos al dinero y nos quejamos cuando nos agobia las calamidades y tantas cosas negativas (guerras, hambruna, sequías etc, etc), así que pongamos en primer plano a Dios nuestro creador y salvador que es quien nos insta a seguir su ruta » ver comentario
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akatzulla 17
akatzulla 17

el 5/10/14
jesus nos habla de la sabiduria y de las bienaventuranzas
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