Comentario al Evangelio del

José María Vegas, cmf

Fuego en la tierra

¿No es acaso Jesucristo el Príncipe de la Paz? ¿No ha venido al mundo a reconciliarnos con Dios y entre nosotros, a extender el perdón, a renovar nuestras relaciones por medio del mandamiento del amor? ¿Cómo entender entonces las expresiones tan duras y aparentemente contradictorias con esos ideales que resuenan en el evangelio de hoy?

En realidad, no hay aquí contradicción alguna, sino, al contrario, una lógica profunda. Todas las enseñanzas de las semanas pasadas sobre la oración, la verdadera riqueza, la responsabilidad, la fidelidad y el servicio desembocan hoy en la llamada apremiante de Jesús a realizar una decisión radical relativa a su propia persona. Y es que no se pueden reducir aquellas enseñanzas a una “doctrina moral”, sobre “valores” en general, sino que son aspectos y dimensiones de un mensaje de Verdad y Salvación que se concentra en la persona de Jesús. Por eso, la decisión fuerte a la que nos llama es a elegirlo a él como Señor y Mesías, a hacer de él y del seguimiento de su persona el eje real de nuestra existencia. Se trata de una decisión radical porque no admite medias tintas: si no lo elegimos, entonces lo estamos rechazando. Es una elección de fe, pero que se expresa y refleja en todas las facetas esenciales de nuestra existencia: la relación con el prójimo, la existencia consciente y en vela, la responsabilidad y la disposición al servicio. En todas ellas se expresa la actitud de escucha y acogida de su palabra y su persona (de la Palabra encarnada que es su persona), por la que no insertamos en su relación filial con el Padre. La decisión es radical porque, en definitiva, todas estas actitudes se resumen en una: la disposición a dar la vida. Eso es precisamente lo que está haciendo Jesús: una vida consagrada a su Padre y al bien de sus hermanos, y que culmina en un “bautismo”, que no puede no generar tensión y angustia: su muerte en Cruz, el fuego purificador de un amor total que vence al pecado y a la misma muerte.

Jesús no es un Maestro “blando”, que ha venido a traernos azúcar para edulcorar falsamente las durezas de la vida. Realmente, edulcorando la imagen que nos hacemos de él, estamos falseándolo, a él y a su mensaje. Jesús, Maestro y Mesías, es un hombre de decisiones fuertes, que comportan renuncias difíciles. Eligiendo el camino de la Cruz, no eludiendo las dimensiones más duras y oscuras de la vida humana, consecuencia del pecado y del alejamiento de Dios, Jesús está haciendo suyas esas renuncias que suponen rechazar los falsos caminos de salvación, esos que con tanta insistencia se nos proponen cada día: el mero disfrute de la vida, como el único bien posible, y, en consecuencia, la riqueza, el egoísmo, exclusión de los “otros”, y, si se tercia, la violencia como medio eficaz de defensa y autoafirmación. Igual que existe una imagen blanda (y falsa) de Jesús y del cristianismo, que quiere evitar todo conflicto por medio de un irenismo imposible, que evita molestar a nadie, existe un pacifismo igualmente blando, el pacifismo de los débiles lo llamaba el filósofo católico E. Mounier, que tras el “no a la guerra”, el “no quiero matar” y “la paz a cualquier precio”, deja oír la voz temblorosa que dice: “a mí que no me maten” y “mi vida a cualquier precio”. Aquí la paz significa, más o menos, “que me dejen en paz”, no estoy dispuesto a dar la vida por nada.

Si Jesús es el Príncipe de la Paz lo es, ciertamente, de otra manera, encarnando el ánimo sereno de morir sin matar, como también decía Mounier, el pacifismo de los fuertes. Porque la disposición a dar la vida por la Verdad y el Bien supone un ánimo fuerte y la capacidad de tomar decisiones difíciles, incluso si eso provoca conflictos y riesgos para la propia tranquilidad y bienestar. De esos conflictos habla Cristo hoy, cuando se refiere a la división y la espada que ha venido a traer a la tierra. La elección de fe, la decisión de seguirle hasta el final implica con frecuencia ir contra corriente, atraerse la enemistad del entorno, pues esas decisiones son, al mismo tiempo, una denuncia difícil de soportar. No es raro escuchar voces prudentes (falsamente prudentes) que nos dicen que no hay que tomarse las cosas tan a pecho, que no hay que exagerar, que hay cosas que todo el mundo hace, que no hay que ir dando la nota y distinguiéndose de los demás. Son invitaciones a adaptarse, a acomodarse, a no ser fiel a uno mismo y a la propia conciencia, sino a seguir los criterios del mundo circundante, dominado por opiniones comunes, con frecuencia vulgares, dictadas además por intereses más o menos escondidos y no siempre limpios.

Es natural que Jesús hable hoy de fuego, de espada y de división. Nos está llamando a una libertad suprema, capaz de realizar esa decisión de fe, que supone tantas veces romper con el ambiente que nos rodea, caminar contra corriente y afrontar la enemistad incluso de los más cercanos.

Puede ser que ante una encrucijada semejante sintamos vértigo y temor. Pero tenemos que saber que en este camino no estamos solos: como nos dice el autor de la carta a los Hebreos, una nube ingente de testigos nos rodea, nos da ejemplo, nos ayuda a desembarazarnos de lo que nos estorba (el pecado de egoísmo, de pereza, de vulgaridad, que nos ata) para correr en la carrera que nos toca (precisamente a cada uno, pues cada cual tiene si propio camino y su propia cruz), sin retirarnos, siendo fieles a nuestra auténtica vocación, aunque ello comporte sinsabores, dificultades, incomprensión o conflictos. Uno de esos testigos es el profeta Jeremías, que hizo de su vida entera un testimonio de compromiso con una verdad incómoda, que sus compatriotas no estaban dispuestos a aceptar, seducidos como estaban por falsas seguridades. Jeremías fue fiel hasta la muerte en medio de muchas incomprensiones y persecuciones. Jeremías y toda la ingente nube de testigos (todos los patriarcas, profetas, apóstoles, mártires, todos los santos a lo largo de toda la historia) apuntan a Cristo, que renunciando al gozo inmediato soportó la cruz. Jesús, y con él todos los que dan testimonio de él, nos anima y da fuerza para no temer, pues, como dice de nuevo la carta a los Hebreos, “todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado”, que es lo mismo que decir, que no debemos hacernos los mártires antes de tiempo, pero debemos estar dispuestos a serlo si llegara el caso.

De todos modos, pueden surgir dudas en nosotros: ¿cómo tomar decisiones, incluso si se trata de la decisión de fe, contra los más cercanos, a los que más queremos? A esto hay que oponer que la decisión por la fe y el seguimiento de Cristo, si bien puede resultar conflictiva con el entorno, no es una decisión contra nadie, sino a favor de todos, hasta de aquellos con los que chocamos. Pues quien sigue a Jesús está dispuesto a dar la vida también por los enemigos. Tomar la decisión de seguir a Jesús es beneficioso no sólo para el que la realiza, sino también para los que se oponen a ella. En esta semana hemos celebrado la memoria de los beatos mártires claretianos de Barbastro y del P. Maximiliano Kolbe: dieron su vida por Cristo y por sus hermanos, perdonando a sus verdugos y orando por ellos; y, aunque no sepamos cómo, podemos estar seguros que ese perdón y esa oración fueron eficaces también para aquellos. Por tanto, la decisión radical y difícil a favor de Cristo, de su Palabra y de su persona, es, al mismo tiempo, una decisión a favor de la autenticidad de la propia vida y de los valores que ennoblecen y salvan la vida humana, una decisión que aumenta el caudal de Verdad, Bien y Justicia en nuestro mundo y que redunda en bien de todos, incluso de los que, por los más variados motivos, se oponen a nuestra elección.

Comentarios

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mairavalera
mairavalera

el 17/8/13
valla q si es asi cuando decidimos seguir a Cristo surge 1 desplazamiento de los q mas amas con 1 mismo, por pensar contrario a lo q ellos ven normal y comun?
decidir x seguir a Cristo n es facil, pero soportar ese desplazamiento vale la pena xq vale much mas y dio mas q nosotros, dio su vida y el desplazamiento es nada comparado con su amor a nosotros q su vida dio
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victoriasnchez
victoriasnchez

el 17/8/13
En este Domingo XX del Tiempo Ordinario, Jesús nos dice: "He venido a prender fuego en el mundo; y ojalá estuviera ardiendo!" (Lc.12,49) y, ¿Pensáis que he venido a traer al mundo la Paz?". Nos gusta imaginar a Jesús como un mensajero de la Paz; por ello, nos escandalizan estas palabras. Y habrá que preguntarnos que pueden significar. Fuego en acción e intesidad de Vida. Jesús nos trajo el Amor, y tal vez, en ciertas ocasiones hayamos preferido el odio. Nos trajo la Luz, y hemos preferido las tinieblas. Nos trajo la Vida y hemos preferido la muerte. Intentemos mantenernos fieles al evangelio; sin ocultar nuestra fe, y sin avergonzarnos de confesarla. El mismo Jesús pronunció estas palabras: "El que no me confiese ante los hombres, yo tampoco lo confieso delante de mi Padre". (Lu » ver comentario
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Joselito H
Joselito H

el 18/8/13
El Senor nos habla en el Evangelio de este domingo, de las contrariedades y las desavenencias, que se les presentan a todo el que sigue al Senor. El Senor no vino a traer paz sino Guerra, pero la Guerra en contra del pecedo y la tibiesa, vino a revolucionar las leyes que estaban en contra de los pobres y a favor de los ricos.
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Juan Cedeño
Juan Cedeño

el 17/8/13
Me estaba deseperando, no le hallaba sentido al texto del Evangelio, pero aqui lo encontre, muy bueno! muchas gracias!
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Patrica
Patrica

el 18/8/13
Creo que el Evangelio de hoy es bastante claro en el sentido de ser radicales cuando se trata de seguir a Jesús. Seguir a Jesús implica seguirlo hasta dar la vida poe él, por su mensaje y por su causa. Me pregunto: ¿Nos estamos preparando para ese momento? ¿Cómo?.
Esto mismo pregunto yo.
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alonso
alonso

el 18/8/13
esta muy bien
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ClaudiaHurtado
ClaudiaHurtado

el 18/8/13
Gracias Papito Dios sabes cuánto lo necesitaba por lo de precisamente ayer y hoy nos bendices con tu palabra, en tu santa y divina voluntad pongo el que las palabras de ayer tu sabes los detalles sean escuchadas y acogidas para que guiada por ti, cubierta con el Santo Manto de la Virgen Maria, la protección de los Santos y de su Santo Ángel de la guarda y especialmente en suplica a de quien soy devota Santa Rita por su mediación ante el Sagrado Corazón de Jesús, ella alcance la sabiduría que necesita para seguir creciendo físicamente pero por sobre todo en Ti papito Dios que seas su guía y evites que sin tomar mejores elecciones y decisiones perturbe su hermosa vida. GRACIAS DIOS!!!
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Nohemi Herrera
Nohemi Herrera

el 19/8/13
creo que jesus es muy recto, o es negro o es blanco no hay termino medio, damos todo o nada. debemos servir, amar como él lo manda.
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paulo cesar
paulo cesar

el 21/8/13
esta muy bueno
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laura castro
laura castro

el 25/8/13
me parece o es negro o es blanco no hay termino medio, damos todo o nada. debemos servir, amar como él lo manda. y si amamos maso menos no esmos cumpliendo lo que dios manda
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luis antonio
luis antonio

el 25/8/13
no se sabe el color verdadero de jesús pero si se sabe el gran amor que tiene él hacia nosotros
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luna estrella
luna estrella

el 26/8/13
el evangelio habla de la desigualdad que tendrán las familias en tiempos de tristezas. cada uno coge para su lado sin llegar a un acuerdo que los una
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carolina
carolina

el 1/9/13
me gusto
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checolin_mx
checolin_mx

el 2/9/13
Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,49-53):

Quede fuera de onda con estas palabra:

Jesús a sus discípulos: En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.


Ese domingo fui dos veces a misa para tratar de entender en la explicación de los sacerdotes. Pero no escuche nada claro.

En mi búsqueda fue como di con esta página. Que por cierto: felicito al o los creadores.

Lo que mi razonamiento entiende es:

Que si esto esta bien traducido por lo tanto: "Nunca habrá paz" y "Si nunca habrá paz" entonces es bueno también ser malo. Porque si siempre » ver comentario
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Sergio A.
Sergio A.

el 1/9/13
Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,49-53):

Quede fuera de onda con estas palabra:

Jesús a sus discípulos: En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.


Ese domingo fui dos veces a misa para tratar de entender en la explicación de los sacerdotes. Pero no escuche nada claro.

En mi búsqueda fue como di con esta página. Que por cierto: felicito al o los creadores.

Lo que mi razonamiento entiende es:

Que si esto esta bien traducido por lo tanto: "Nunca habrá paz" y "Si nunca habrá paz" entonces es bueno también ser malo. Porque si siempre » ver comentario
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Luis A.
Luis A.

el 22/10/13
Amigo Sergio, la paz verdadera, como el amor, es un don de Dios. Se definen dos clases de paz: está la paz que da el mundo que no es segura ni perdura por mucho tiempo porque se rompe en cualquier momento por cualquier motivo, pues el hombre, en sí, no es un ente de paz porque no está en paz consigo mismo. Y, en segundo lugar está la paz que viene de Dios, la verdadera, totalmente contraria a la que da el mundo. La paz, como don de Dios, es la que llega al corazón del hombre quien es responsable de atesorarla. La paz que viene de Dios es capaz de transformar al hombre en un ser comprensivo, amoroso, tolerante y abierto a vivir en armonía con los demás. Quien tiene paz verdadera, tiene a Dios en su corazón, y eso basta para que existan las buenas relaciones entre los seres humanos. » ver comentario
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