Comentario al Evangelio del

José María Vegas, cmf

La verdadera riqueza


Cuentan de un hombre, que era tan pobre, que sólo tenía dinero. Tremenda situación, pues si perdía su único bien se quedaba sin nada. La crisis mundial que padecemos nos refresca esta sencilla verdad. De repente nos hemos dado cuenta de lo pobres que somos si fiamos toda nuestra esperanza, todos nuestros valores, a la volátil economía. La dimensión económica de esta crisis es como la envoltura de otra más profunda, que afecta a nuestra escala de valores, al sentido de nuestra existencia. Pero esta, como todas las crisis, es una ocasión para revisarnos en profundidad y poner en cuestión nuestro modo de vida. “Salir de la crisis” no puede significar sólo estabilizar la economía, sino también y, sobre todo, rehacer nuestra escala de valores. Hay valores necesarios, que nos ayudan a sobrevivir: los medios de subsistencia; y hay valores esenciales que nos permiten vivir en sentido pleno, que nos salvan. Pese al desconcierto existente sobre los verdaderos valores, y la extendida idea de que todos ellos son relativos, en realidad, descubrir esa escala de valores no es tan difícil, aunque haya obstáculos que nos cieguen.

De esto habla hoy el evangelio. La pregunta es ¿en qué consiste la verdadera riqueza? ¿Qué bienes hacen que nuestra vida no se malogre? ¿Qué hemos de hacer para heredar la vida eterna? El joven rico es, ante todo, un joven, alguien que tiene toda la vida por delante y anda buscando su vocación, es decir, una vida con sentido, capaz de saciar el deseo de plenitud. Su pregunta es esencial, pues todos sabemos que nuestra vida se puede malograr. Y ha elegido bien al interlocutor: un Maestro y un maestro bueno, alguien que sabe, pero que además inspira confianza e irradia bondad. La verdad que procede de Dios no es un sistema abstracto de ideas, ni un conjunto de obligaciones desnudas, sino una verdad amable, cordial y amiga. Es una verdad encarnada en la persona de Jesús y, por eso mismo, una verdad con la que se puede dialogar, plantearle dudas y preguntas, buscar orientación y sentido. Gracias a la encarnación del Logos de Dios en la humanidad de Jesús, las respuestas que podemos obtener en diálogo con él no son respuestas estandarizadas, producidas a gran escala para la masa anónima, sino que tienen el sello personal del que responde (Jesús) pero también del que pregunta (el joven del evangelio, cada uno de nosotros). Y así ha de ser también el magisterio del cuerpo de Cristo, de la Iglesia, que tiene que tratar de ser siempre una maestra buena que anuncia la verdad que ha recibido de Dios; al mismo tiempo, a partir del común depósito de fe, ha de traducir esa verdad a las múltiples situaciones concretas y variadas en las que seres humanos de carne y hueso le plantean sus preguntas vitales. Y la bondad de ese magisterio debe reflejarse en el rostro humano y amable de quienes transmiten la buena noticia del Evangelio: los evangelizadores, sacerdotes, religiosos, catequistas, seglares, todos y cada uno de los creyentes deberíamos tratar de ser el rostro bondadoso que traduce la verdad que salva. Ello, como muestra el evangelio de hoy, no está reñido con el carácter exigente de esa verdad.

Jesús responde dando una primera indicación sobre la fuente y el origen de todo bien: todo lo bueno que hay en el mundo procede de Dios. No rechaza el título de maestro “bueno”, sino que recuerda que esa bondad reconocida con justicia en su persona y en su magisterio tiene su fuente en la paternidad de Dios. Y Dios no está lejos de nosotros. Por eso, acto seguido, le sugiere al joven que, en realidad, él sabe ya la respuesta: “ya sabes los mandamientos”. Decíamos antes que no es tan difícil rehacer la escala de valores que está en el fundamento de una vida con sentido, de una vida lograda. Por mucho que se insista en la relatividad de la verdad y de los valores, al final están las verdades del barquero a las que se aferran todos, incluyendo al más cínico y al más escéptico. Podremos discutir en teoría todas las normas, pero nadie quiere que le maten, ni siquiera que le peguen, ni que le pongan los cuernos, que le roben, le difamen o que le mienten a sus padres… Y en ese “no querer” se esconde el deseo de ser respetado, reconocido amado… Ahí, en esos mecanismos tan sencillos, se revelan verdades elementales sobre las que se levanta el edificio de la vida humana y de las relaciones sociales. Y lo que no queremos para nosotros no debemos hacérselo a los demás (cf. Tb 4, 15; Mt 7, 12). Mirándonos a nosotros mismos (“ya sabes…”) podemos entender con facilidad qué es lo que debemos hacer (“…los mandamientos”). Atenerse a ellos ya no será siempre tan fácil, pero ahí está la tarea de cada uno.

Esta respuesta de Jesús es una respuesta de mínimos, que nos indica un primer estadio del camino que lleva a la vida eterna. Lo primero es no hacer el mal y hacer el bien a los más próximos (padre y madre, pero podemos añadir, hermanos, hijos, los “nuestros”). Ya lo decían los romanos con su típica concisión: “Primum, non laedere!”: el primer bien es no hacer mal.

Pero, puesta la base mínima, es normal que nuestro corazón pida más. No estamos llamados sólo a no hacer esto o lo otro. Aunque evitar el mal es una verdad de Perogrullo (si bien no siempre resulta fácil en la práctica), una ética y una religión basada sólo en prohibiciones nos resulta árida y estrecha. Estamos hechos para algo más. Sin embargo, no conviene despreciar este primer estadio. No sólo porque por debajo del mínimo imprescindible nos hacemos malos y desentonamos de nuestra humanidad. También porque quien cumple o se esfuerza por cumplir, al menos, ese mínimo, está ya reconociendo a Dios (la fuente de toda bondad), lo sepa o no; y, lo que es más importante, tratando de seguir en conciencia eso que “ya sabemos”, Dios nos mira con los ojos de Jesús, nos mira con cariño, nos ama.

La insistencia del joven rico expresa ese deseo de “algo más”, de no limitarse a un cumplimiento de mínimos. Si ese nivel ya lo ha cumplido “desde niño”, parece que el joven quiere avanzar hacia una vida de grandes ideales, no quiere quedarse en una permanente infancia o adolescencia moral y religiosa, sino que quiere alcanzar la madurez.

Ante tal disposición, Jesús no puede sino invitar a la entrega total de su vida a Dios y a los hermanos. Es importante indicar que aquí cambia el tono de su respuesta: del imperativo que prohíbe hacer mal, a la apelación a la libertad que llama a ir más allá del deber, hacia la perfección del amor. Para ello subraya primero la relatividad de los bienes materiales, que no son un fin sino sólo medios, que son pasajeros por definición. Ser ricos sólo de esos tesoros, “que la polilla y la herrumbre corroen”, significa vivir en lo efímero, y por ahí no es posible alcanzar la vida eterna. Jesús invita al joven a adquirir una riqueza superior, a “amontonar tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben” (Mt 6, 20-21). Los medios materiales son necesarios, pero se gastan, lo queramos o no. Ahora bien, podemos gastarlos sólo en nosotros mismos, de modo egoísta; o podemos gastarlos también en los demás, con generosidad, que es, además, una forma superior y perfecta de justicia.

Hablando de la crisis y de rehacer nuestra escala de valores Jesús nos da una indicación valiosísima. Para salir de la crisis económica, y de esa otra que nos corroe el alma y nos seca el corazón, tenemos que mirar a los pobres, a los que carecen de lo más elemental, y compartir con ellos nuestras riquezas. Realmente, esta es la cosa “que nos falta”, no más bienes materiales, sino mayor generosidad, la capacidad de mirar más allá de lo nuestro y de los nuestros, para descubrir que en la perspectiva de la paternidad de Dios, fuente y origen de toda bondad, todos los seres humanos son “nuestros” y, por ello, “honrar padre y madre” (y al resto de nuestros familiares) significa extender nuestra mirada superando todo límite, para descubrir en cada ser humano a un hermano nuestro. Estamos en la época de la globalización, también en lo que hace a la crisis. Una crisis “global” requiere respuestas globales, sin exclusiones. Superar la crisis significa aprovechar la oportunidad para incluir en los parámetros de la vida digna a todos los excluidos.

En este sentido, hemos de entender la invitación de Jesús como dirigida a todos, no sólo a los que han recibido una vocación especial de dejarlo todo. Todos estamos llamados en una u otra medida a dar de nuestros bienes (materiales y no) a los pobres. Pero, por otro lado, parece que, en el caso del joven rico, Jesús sí que lo invita al desprendimiento total y a un seguimiento radical. Y es aquí donde entendemos que este hombre no sólo era joven, sino también rico. Las riquezas pecuniarias, los medios necesarios, por ser relativos, tienen que someterse a las riquezas que la polilla no corroe. Si no sucede así, los bienes materiales se apoderan de nuestro corazón, se convierten en un obstáculo y en un peligro: los medios convertidos en fines nos esclavizan y nos pierden, nos alejan de la vida eterna y nos encierran en la relatividad de lo efímero. Es lo que Jesús constata con tristeza cuando el joven se marcha pesaroso (bajo el peso de sus riquezas).

La crisis de nuestro tiempo es en la Iglesia también crisis de vocaciones sacerdotales y religiosas. Tal vez haya que entender esta crisis, a la luz del evangelio de hoy, como una crisis de generosidad entre los cristianos. A lo mejor, si rehiciéramos el orden de prioridades y la jerarquía de bienes en nuestro corazón (el “ordo amoris” de San Agustín) sería posible superar también esta otra crisis.

Todos sentimos de un modo u otro el vértigo de la entrega total. Parece que renunciar en todo o en parte al bienestar material significa perderse a sí mismo. A eso suena el espanto de los discípulos ante la advertencia de Jesús por el peligro de las riquezas. Pero, como dice Jesús, la salvación definitiva es cosa de Dios. Sólo Él la garantiza y la ofrece gratuitamente, si estamos dispuestos a escucharle. Puede parecer que lo que nos exige es mucho, demasiado. Pero, si lo pensamos bien, en realidad no es tanto. Es Pedro el que cae en la cuenta. Es como si dijera: “¡Anda! Si resulta que nosotros ya estamos dejándolo todo para seguirte”. Y es que el seguimiento de Jesús no se inicia con el desgarro de la renuncia, sino por la fascinación ante el maestro bueno, que comunica palabras que dan vida y enriquecen por dentro y por fuera: nos sanan y nos abren a la humanidad entera, en la que descubrimos a la multitud de nuestros hermanos y hermanas reales y potenciales. Se trata de un riqueza perdurable acompañada en esta vida de dificultades y persecuciones (las que experimentó el mismo Jesús, hasta la Cruz), pero que nos encaminan (y Él mismo es camino) a la vida eterna.

Comentarios
victoria victoria
el 11/10/12
El evangelista Marcos,nos presenta hoy el texto evangélico del "Joven Rico".Probablemente,era un chico bueno que buscaba saciar la sed de algo muy
importante que sentía dentro de su corazón.Tal vez,
fuera una de las personas privilegiadas en la vida;que
materialmente lo tienen todo.
Dice;que Jesús lo miró con satisfacción e ilusión.
Deseando,que le dijese:Quiero,dejarlo todo y seguirte.
Pero...no fué así.Porque,estaba muy apegado a sus
riquezas.¡Qué lástima!.Dejó escapar esa ocasión de
colaborar en la evangelización y difusión del "REINO DE Dios".
También por nuestras vidas;pasa Cristo,y tal vez no
hacemos caso a su invitación.Y todo,porque estamos
muy apegados a pequeñeces; que sin duda ,con el
tiempo desaparecen.Y es entonces,cuando nos damos cuenta que » ver comentario
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talita talita
el 11/10/12
sn. marcos narra de un modo muy sencillo el evangelio,para comprender por que el joven rico no pudo seguir a jesus en ese momento ay que conocer un poco las leyes judias, lo que un sacerdote comento sobre eso es que los ricos de ese tiempo no podian vender de un golpe todas sus´propiedades.
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Orlando Orlando
el 12/10/12
Hace muchos años tuve la oportunidad de gozar de una estabilidad económica aceptable, tiempo durante el cual ni siquiera levante mi ojos para agradecer a Dios cada dia de vida, Hoy, vivo en una ciudad muy lejos de mi pais de origen y tengo nada, tan solo el dia que vivo y el amor y el apoyo de personas cuya generosidad me sorprende, hoy a pesar de mi precaria economía, soy catequista y lo hago con el pleno convencimiento de la existencia de Dios en cada minuto de mi vida y en cada palabra que expreso y siento como la accion del Espiritu Santo se manifiesta en cada una de mis acciones y en cada una de las clases de catequesis. La riqueza de servir en las cosas de Dios me hace sentir el hombre más afortunado del universo.El comentario anterior me ha hecho entender que para seguir a Jes » ver comentario
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Emérito Emérito
el 12/10/12
Esun comentario profundo, pero toca demasiados aspectos. Prefiriría que fuera más breve.
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gustavo gustavo
el 14/10/12
Orlando, me emocioné con tu ejemplo, seguí asi!!
Lo que puedo hacer es poquito hoy, es un pasito.
Valorarme profesionalmente,y dejarme tiempo para hacer las cosas de Dios!!
Que tontos somos no? darle tanto tiempo a cosas que en el momento de morirnos nos damos cuenta que no sirvieron de nada salvo para mantenernos en un status absurdo!!
Démosle tiempo a las cosas de Dios!!
Es decir a la misión que pensamos fuimos designados por Dios., probemos pro lo menos!!
Un saludo grande a los lectores y a los que aportan sus valiosos pensamientos, en este sitio de Ciudad Redonda
Gustavo dde argentina
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sergio sergio
el 13/10/12
el evangelista san marcos nos presenta una lectura reflexiva sobre cumplir los mandamientos (refiriendose a todos en general) para que nos sea mas facil entrar a la vida eterna.
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dominguez dominguez
el 13/10/12
Una vez le oí decir a un cura que las homilías tenían que ser como la minifalda de la mujer corta y que enseñe.
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Americaelena Americaelena
el 13/10/12
Gracias por su explicacion. Desde hace algunos dias me estoy preparando pues mañana domingo debo coordinar una celebración en ausencia del sacerdote y me toca explicar las lecturas.
Sus ideas me aclaran y ayudan mucho.
Les escribo desde San Miguelito, Panama
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Miguel Miguel
el 14/10/12
Gracias. Muy interesante, con muchas pistas para la reflexión.
Y a los que dicen que es muy largo el comentario, recuerden que es eso: Comentario a las lecturas. No se trata de una homilía...
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Harumi Harumi
el 14/10/12
El evangelista Marcos,nos presenta hoy el texto evangélico del "Joven Rico".Probablemente,era un chico bueno que buscaba saciar la sed de algo muy
importante que sentía dentro de su corazón.Tal vez,
fuera una de las personas privilegiadas en la vida;que
materialmente lo tienen todo.
Dice;que Jesús lo miró con satisfacción e ilusión.
Deseando,que le dijese:Quiero,dejarlo todo y seguirte.
Pero...no fué así.Porque,estaba muy apegado a sus
riquezas.¡Qué lástima!.Dejó escapar esa ocasión de
colaborar en la evangelización y difusión del "REINO DE Dios".
También por nuestras vidas;pasa Cristo,y tal vez no
hacemos caso a su invitación.Y todo,porque estamos
muy apegados a pequeñeces; que sin duda ,con el
tiempo desaparecen.Y es entonces,cuando nos damos cuenta que n » ver comentario
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katiuska katiuska
el 14/10/12
HOY en la eucaristia me impacto el testimonio del sacerdote que la celebraba. el evangelio del joven rico le hizo ver clara su vocacion , y lo dejo y se puso en marcha , que le costo , pues claro ¡hojala ¡ fuera tan facil desprenderse de todo lo que nos sobra para seguir a JESUS estamos muy sujetos a todo el comfor que nos rodea y nos cuesta ,desprendernos y nos alejamos tristes como el joven rico.
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Zelita Zelita
el 16/10/12
Hermano José María, muy profundo y hermoso, mil, mil bendiciones al Padre Todopoderoso, por esa sabiduría que nos trasmites y por ese conocimiento que tienes, gracias, muchos tenemos el alma corroida todavía, difícil del desprendimiento, incluso de las horas, para darsela a nuestros hermanos, que tan opaco y turbio se ve actualmente el cumplimiento de ¨LOS DIEZ MANDAMIENTOS¨, es difícil pero no imposible, siempre incluyo en mis oraciones por las vocaciones sacerdotales, religiosa y de los seminaristas, gracias nuevamente Hermano Jose María Vega, que Dios te cuide y te proteja.
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valeria valeria
el 17/10/12
Me ayudan con mi tarea de religion?
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Anto Ramírez Anto Ramírez
el 30/10/12
por favor, pueden hacer una reflexión más pequeña????
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Por favor escriba las letras como se muestran.