Comentario al Evangelio del

Fernando Torres Pérez cmf

 

      Ya cuando estábamos estudiando teología dedicamos mucho tiempo a dialogar sobre qué significaba dar testimonio, ser testigos de Jesús. Hablábamos de algo muy importante porque en nuestro futuro inmediato, como misioneros, era lo que fundamental que pretendíamos hacer. Ser testigos debería ser el eje central de nuestra vida.
      Hoy sigue estando ese debate muy presente en la vida de la Iglesia. Pero tengo la sensación de que la respuesta ha ido cambiando, de que ya no es la misma. En definitiva, nosotros nos respondíamos algo que ya se decía hace siglos. El cristiano no se diferencia por tener unas leyes o normas especiales. Tampoco por ir vestido de una manera especial. Ni siquiera el rasgo distintivo debe ser el rosario o una liturgia especial. El cristiano, el discípulo de Jesús, se distingue por un estilo de vida. Dicho en otras palabras: el “mirad cómo se aman.” Ahí está la clave. Vivir el amor de Dios en todo momento. Ése es el elemento que debe caracterizar la vida del cristiano. Francisco de Asís, cuando mandó a sus frailes a evangelizar en tierras musulmanas, lo expresó muy bien cuando dijo: “Evangelizad siempre, hablad sólo cuando sea necesario.”
      Estamos llamados a ser luz del mundo. No hay ninguna razón para ocultar esa luz. Pero lo importante es la luz no el candelero. Lo importante es el amor experimentado, vivido, regalado, compartido. Lo que lo adorna es eso, puro adorno. Las palabras, los hábitos, los rezos, todo eso puede estar bien según el momento, la oportunidad. O puede estar mal y sobrar. Según el momento y la oportunidad. Pero el amor de Dios hecho vida está siempre bien. Sin él no hay testimonio.
      Vamos a ser luz para que todos vean la luz, para que todos experimenten el amor de Dios que ha llegado a nuestros corazones. El amor es gratuito, generoso, misericordioso, no impone condiciones, no exige nada. Simplemente se da, se regala, sin medida, sin límite. Cualquier condición, del tipo que sea, no hace más que ocultar y esconder la luz que debe brillar para todos. Dios ha encendido esa luz en nuestros corazones. No podemos ocultarla ni taparla. Dar testimonio es vivir como el que ha experimentado el amor de Dios y lo comparte con todos. Todo eso y nada más que eso.

Comentarios
gustavo gustavo
el 23/9/12
Gracias Fernando
No contamos con mucho tiempo, simplemente contamos con un determinado tiempo en la vida.
Si bien el corazón no es medible, ni programable, si no es mas bien un corazón que se brinda abiertamente, tiene ciertos límites impuestos por la ética de la moral.
El corazón se desvía naturalmente hacia aquello que nos agrada y gusta y como no tenemos suficiente tiempo en la vida, esto nos lleva a decidirnos por el camino recto ya que no hay tiempo que perder en gustos, y esta es una enseñanza maravillosa.
Es como el cuidado del cuerpo, no podemos deleitarnos con cosas ricas si no lo mantienen en buen estado, ya que es limitado su funcionamiento si no lo cuidamos bien y nos desviamos en exquisiteses.
Por algo es que la sencillez, en el corazón, en la comida, en la acció » ver comentario
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Juan Diego Juan Diego
el 24/9/12
Eso es, vivir impregnados del amor de Dios, no alejarnos del amor de Cristo, estar conectados permanentemente a la misericordia; nuestro obrar será luz, no harán falta muchas palabras porque nuestro gestos 'hablarán', trasluciremos entonces la auténtica alegría que sólo emana de la unión con el Señor, y la paz. Así seremos testigos serenos que indicarán una senda clara y segura en el fatigoso trasiego del día a día de nuestro mundo.
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laiko007 laiko007
el 24/9/12
Gracias Fernando,
muy bonito el comentario. Cuando lo leí no me había fijado en el nombre del que lo había escrito, nunca lo hago, cuando termné de leerlo pensé, parece escrito por un claretiano. :) Al final parece q no me equivoqué. Me ha gustado mucho. Un saludo
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Joaquín Joaquín
el 25/9/12
Creo que nos hace mucha falta identificarnos más profundamente con la persona de Jesús, el cual es la luz del mundo, (el es el "parámetro" para nuestra luz, y relativizar el "candelero", pues a veces invertimos las cosas, los valores) y, siguièndolo a él no caminamos en tinieblas. Creo también que muchas veces nos da miedo, o nos da verguenza hacer que nuetro testimonio de fe y de amor salga al público, sea compartido, sea revelado.
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