Comentario al Evangelio del

José María Vegas, cmf

Tocar las heridas para tener un solo corazón

La fe en la Resurrección de la carne no es una mera variante de la creencia en la inmortalidad del alma, aunque, sutilezas metafísicas aparte, no se trate de posiciones contradictorias o incompatibles. Queremos decir que la fe en la Resurrección de la carne no es la simple creencia en que la vida “continua después de la muerte”. No se trata sólo de un “continuar”, de una mera prolongación de esta vida terrena, por lo menos “del alma”, esto es, de una parte de nuestro ser. Digamos que esta creencia, expresada de modos muy diversos (de los más ingenuos a los más sutiles) en las diversas cosmovisiones filosóficas y religiosas, y apoyada en diversidad de argumentos (para los que los adversarios de la misma encuentran argumentos de peso en sentido contrario), no puede evitar nuestra impotencia total ante la muerte, ni despejar el interrogante sobre cómo nos será posible a nosotros, tan débiles, superar al trance de la muerte y salir airosos del mismo. Este interrogante es el que explica que no pocos tuerzan el gesto con escepticismo ante esta vieja y venerable creencia.

La Resurrección de la carne habla, en primer lugar, de la Resurrección en la carne de Jesucristo. Jesucristo, la Palabra de Dios que se hizo carne, asumió sobre sí la debilidad de la carne y, en consecuencia, sucumbió al poder de la muerte. Pero, por ser Hijo de Dios, su Padre, manifestó la fuerza del amor creador y recreador, restableciendo la vida y restituyendo a Jesús, hombre, a la vida en la carne.

En segundo lugar, la Resurrección de la carne no habla sólo de una prolongación de “esta” vida sino de una transformación de la misma: es una vida nueva. En la muerte y resurrección la vida resurge transformada. No se trata sólo de “seguir viviendo”, sino de “vivir de otra manera”. Y esa transformación que se manifiesta en la humanidad de Jesús (de modo que los discípulos, al verle, con frecuencia, no lo reconocían, y cuando lo reconocían no por eso lo veían siempre físicamente: cf. Lc 24, 31), gracias a su presencia entre los discípulos, él mismo se hace una posibilidad de vida nueva también para ellos.

De esa posibilidad de vida nueva, de esa transformación nos habla hoy el texto de los Hechos de los Apóstoles: “sentían y pensaban lo mismo, lo tenían todo en común”. La comunidad en el mismo espíritu que se expresa en la comunidad de bienes, fruto de una generosidad libre, sin imposiciones, es la comunidad de los que aman a Dios amando a los que han nacido de Él, o, dicho de otra forma, de los que participan en el mismo Espíritu, el Espíritu del amor que Cristo da a sus discípulos.

La comunidad de los discípulos del Resucitado es una comunidad construida sobre el amor. Pero este amor debe ser rectamente entendido: no se tata de una mera unanimidad sentimental; los sentimientos son pasajeros y las comunidades emocionales suelen ser efímeras; pronto aparecen en ellas sentimientos negativos, causa de conflictos y divisiones. Tampoco es, sobre todo, una comunidad de intereses o de ideas. Aunque, al tratarse de una comunidad humana, esas dimensiones no pueden no darse de un modo u otro, pronto se verá que en esta comunidad existen conflictos de intereses y también discrepancias ideológicas. No es ahí, pues, donde reside su fuerza ni su unidad. Si así fuera, la comunidad sería un grupo cerrado y a la defensiva. Como esas dimensiones (ideas e intereses), decimos, están presentes, la tentación de la cerrazón o la sensación de miedo pueden aparecer de cuando en cuando, incluso amenazar siempre a esta comunidad. De hecho, así lo dice el Evangelio de hoy en sus primeras líneas. Pero ese grupo “con las puertas cerradas por miedo a los judíos” está ya viviendo, aun sin saberlo, en “aquel día, el primero de la semana”, el día de la nueva creación, el día del triunfo de la vida, el día en que la vida se ha transformado y se ha hecho posible vivir de otra manera. Es la presencia del Resucitado la que convoca y une, la que recrea el grupo y crea la comunidad que siente y piensa lo mismo y, por eso, lo pone todo en común: vive según un amor que va más allá de los sentimientos y las ideas y pasa a los hechos; como dice Juan en su carta, “cumple los mandamientos”. Y ya sabemos que para Juan “los mandamientos” son “el mandamiento del Señor”, el mandamiento del amor que, antes que un esfuerzo moral, es un don que ha recibido del mismo Dios, en Cristo, en su muerte y Resurrección, de las que participamos en el agua del Bautismo y en la Sangre de la Eucaristía. Es precisamente en la Eucaristía (la reunión de los renacidos por el agua del Bautismo), donde los discípulos (tan distintos por otros motivos) piensan y sienten lo mismo, al escuchar la Palabra, al partir (y compartir) el pan y “ver” así al Señor.

La transformación de la vida en que consiste la Resurrección se percibe inmediatamente: la comunidad pasa del temor a la alegría, de la cerrazón a la apertura; no se guarda para sí la experiencia del Resucitado sino que, enviada por Él, sale y da testimonio “con mucho valor”.

El segundo Domingo de Pascua repite cada año el texto del Evangelio de Lucas en el que Tomás juega un papel central. Se nos dice que “el lugar” propio para “ver” al Señor es la comunidad de los discípulos que se reúne el primer día de la semana en torno a la celebración eucarística. Tomás no pudo ver al Señor porque no estaba en la comunidad. Ante el testimonio de los otros, reaccionó con escepticismo. Sólo cuando se reintegró a la comunidad de pensamiento, sentimiento y bienes (la comunidad eucarística) Tomás vio y tocó al Señor.

El escepticismo de Tomás juega un papel importante en todo lo que estamos diciendo. ¿No provoca un cierto escepticismo este cuadro tan “ideal”, tan “bonito”, de la comunidad que piensa y siente lo mismo, que comparte los bienes, en la que nadie pasa necesidad? La comunidad que se forma y vive de la vida nueva del Resucitado no es una comunidad ideal. Del mismo modo que la humanidad resucitada de Cristo es una humanidad herida en la que se pueden ver las huellas de la pasión, la comunidad que nace de ella no puede cerrar sus ojos a las heridas de Cristo. Por un lado, están las heridas del Cristo que sufre en la humanidad (en sus “pequeños hermanos”) de tantas formas y que hay que saber tocar (Jesús con frecuencia curaba “tocando”, en el contacto vivo). Pero, además, están las heridas del cuerpo de Cristo que es la Iglesia, la comunidad de los discípulos. No cabe aquí idealización alguna. La fuerza y el fundamento de esa comunidad es Cristo, muerto y resucitado y que se nos manifiesta vivo, pero herido. Esto es, Jesús no está simplemente vivo “como si nada hubiera pasado”, no ha vuelto de la muerte a la vida anterior, sino que ha atravesado la muerte con todo su dramatismo, con todo su horror, para salir de ella triunfante y transfigurado. Por ello, para vivir la vida nueva de la Resurrección hay que volver continuamente a la memoria de la muerte, hay que tocar las heridas. Esto significa que hay que mirar de cara a los problemas, reconocer los conflictos, admitir las debilidades, confesar los propios pecados, perdonarnos mutuamente… Sólo así será posible construir la comunidad de un amor que es don, pero también exige nuestro esfuerzo por “cumplir los mandamientos” y pasar de los sentimientos a los hechos, de los buenos deseos a las heridas que el amor verdadero provoca y que vemos en las manos y el costado de Cristo.

No en vano, una parte esencial del envío que Jesús nos confía hoy al darnos su Espíritu habla del perdón. Si hemos de ser testigos y trasmisores del perdón de Dios, no podemos no ser personas que piden perdón y que perdonan. No sólo la capacidad de perdonar, también la de tener la humildad de pedir perdón, reconociendo nuestras culpas y debilidades, es parte esencial de ese testimonio valiente de la presencia del Resucitado entre nosotros, parte de esa fe que no se evade, sino que toca las heridas y pone el dedo en la llaga, en las llagas de Cristo, las que nos han curado (cf. Is 53, 5, 1 P 2, 24).   

Comentarios
Fermin Parra Fermin Parra
el 13/4/12
Es una nueva forma de vida, que se recrea, y que al estar resucitado y estar herido no shace ver el mundo de hoy. Mexico necesita que la misericordia divina sea fuente de esfuerzo de todos y todas. Gracias
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SAULO de tarso SAULO de tarso
el 12/4/12
Gracias por esta herramienta que le propone a uno como cristiano en realidad la necesito pues este domingo celebrare junto a un grupo de oracion el dia de la misericordia y hare una pequeña reflexion sobre el evangelio, de verdad gracias es de gran ayuda para mi.
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jesus garcia jesus garcia
el 12/4/12
Mas claro que el agua , no hay , el arrenpentimiento debe ser sincero . las llagas y heridas de Cristo son nuestros pecados . Debemos saber enmendar con la confesion y el errepentimiento de corazon .
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jjmmrr jjmmrr
el 13/4/12
Aunque no influya para nada en este excelente comentario, convendrá aclarar que el texto lo es de Lucas, sino del cap.20 de Juan, creo. Un fraternal saludo
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jmrjmr jmrjmr
el 13/4/12
Aunque no influya para nada en este excelente comentario, convendrá aclarar que el texto del Evangelio no es de Lucas, sino del capítulo 20 de Juan, creo.
Un fraternal saludo
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victoria victoria
el 14/4/12
En este segundo,domingo de Pascua,el evangelista
San Juán,nos narra la aparición de Jesús resucitado a sus discípulos:Estando todos reunidos,en el primer día
de la semana,y con las puertas cerradas,porque tenían miedo;llegó Jesús,y colocándose en medio de
ello,les dijo:"PAZ A VOSOTROS."Alegrándose mucho de ver a Jesús.Esto significa,que EL,está presente en
toda reunión comunitaria.
Los discípulos,daban testimonio de la resurrección de
Jesús con mucho valor,siendo sus testigos,con toda
humildad y admiración de la gente.
Señor:Ayúdanos,a vivir en tu PAZ y a comunicarla al
mundo.Haz de nosotros,enviados,e instrumentos de
la misma.
Que nuestra fe sea fuerte;y que en los momentos,de
duda,digamos con fuerza,como Tomás:¡SEÑOR MIO Y DIOS MIO!
Que la Alegria,Fe » ver comentario
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José M. Vegas José M. Vegas
el 14/4/12
Gracias a jmrmr por el aviso del gazapo. Iba a escribir ahora mismo indicando el error. Un abrazo fraterno y pascual
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Carlos Eduardo Carlos Eduardo
el 15/4/12
Jesus se identifica mostrando sus llagas que son el signo del dolor redimido en la Cruz. En el Cuerpo Mistico de Cristo que es la Iglesia, sus llagas son los pobres y sufrientes del mundo y la invitacion es a tocarlos, a descubrirlo a El vivo y resucitado en los que sufren. Tocar las llagas de Cristo es vivir la caridad con el hermano que sufre y es lo que nos permite vivir el amor y la comunidad perfecta de la que habla el libro de los Hechos.
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Ignacio Ignacio
el 15/4/12
Durante la Pascua experimento un fenómeno en mi espíritu y en mi fe, de contradicción, respecto al sentimiento unánime del cristiano medio, que exulta ante la Resurrección y ante tantas apariciones de Cristo. No sé... tal vez sea porque me gusta ser cauto ante los
triunfalismos. Tengo miedo de que todo pueda ser verdad, de que ! por fín ! tengamos las suficientes pruebas que descorran el tupido velo del misterio. Toda mi vida tratando de encararme con el rostro de Dios y, en tiempos pasados, con muchas esperanzas de lograr mi propósito, si no de una manera tangible
( alguna aparición en sueños, algún milagro alrededor)
al menos de saborear las migajas de una fe, aunque
pudiera parecer irracional. La ausencia de ello nunca
me hizo doblar la rodilla. Sin embargo, a estas alt » ver comentario
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gustavo gustavo
el 15/4/12
José María es muy largo tu comentario.( crítica constructiva), porque la idea es leer todos los comentarios y si uno escribe mucho, quita el tiempo para leer los otros.
Lo bueno de morir es que cuando uno resucita, no tiene límites, puede lograrlo todo.
Cuando uno estudia de acuerdo a lo que el profesor quiere y estudia muchísimo, la calificación llega al 10.
Uno lee la palabra de Dios y hace todo lo posible por cumplirla, es decir ayuda a la mayor cantidad de gente posible, si pudiera ayudaríamos a todo el mundo, y hacemos todo lo posible por cumplir con esta vocación.
Un abrazo Gustavo
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katyuska katyuska
el 15/4/12
¡ SEÑOR MIO Y DIOS MIO¡ esas fueron las primeras palabras que dijo el apostol TOMAS despues de haber dudado , pero JESUS lo recompenso diciendole mira mis manos y mis pies, mas aun trae tu mano y metela en mi costado .TOMAS lo hizo y devio quedar tan impactado que fue cuando exclamo y ese arrepentimiento le salio de tan adentro que dijo estas palabras desde lo mas hondo de su corazon ¡SEÑOR MIO Y DIOS MIO ¡ pero JESUS tambien lo reprendio , y le dijo : TOMAS porque has visto has creido ,dichosos los que creen sin ver ,SEÑOR QUE YO EN MIS DUDAS PUEDA TAMBIEN DECIRTE ¡SEÑOR MIOY DIOS MIO ¡Y TAMBIEN DECIRTE ,¡CREO SEÑOR PERO AUMENTA MI FE.
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yeral jaki yeral jaki
el 18/4/12
esta bien por que si jesus murio y resusito devesmos creer en el por que el no nos metira por que es nuestro padre y nuestro dios.
dios ayudame hacer mejor persona.
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