Comentario al Evangelio del

Alejandro Carbajo, cmf

Queridos hermanos, paz y bien.
           
Sabemos que para orar, para relacionarnos con Dios, cualquier lugar es bueno. Pero hay lugares en los que especialmente se siente la presencia de Dios. Hoy se nos invita a recordar la Dedicación de la basílica de Letrán en honor de Cristo Salvador, construida por el emperador Constantino como sede de los obispos de Roma. Su anual celebración en toda la Iglesia latina es un signo permanente de amor y de unidad con el Romano Pontífice.

No sé qué texto elegirán en vuestras parroquias como primera lectura, pero yo prefiero la de la carta a los Corintios. En ella se habla de que somos templo de Dios. A primera vista, puede parecer un poco presuntuoso, pero no olvidemos que el Hijo de Dios se hizo hombre, y habitó en un cuerpo como el nuestro. Que tuvo que crecer, aprender a hablar, a andar, a comer y, sufriendo, aprender a obedecer.

Llevar hasta el final el hecho de la Encarnación del Hijo de Dios puede abrirnos alguna perspectiva nueva. Tenemos una llamada (espero que no sea una llamada perdida) para ser hijos de Dios. Tenemos lo que necesitamos, es decir, la promesa de ayuda del Espíritu, para ser santos. Dios es nuestro padre, y Cristo, nuestro Hermano Mayor. ¿Sorprendente? Quizá, pero a la vez motivador. Siempre pensamos que eso de ser santo está fuera de nuestras posibilidades, queda reservado a unos poquitos, curas, monjas y demás gente de ese tipo. Pero ya el Concilio Vaticano II se encargó de recordarnos que «todos los fieles cristianos, de cualquier condición y estado, fortalecidos con tantos y tan poderosos medios de salvación, son llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre» («Lumen gentium» 11. c).

Así que hoy es un buen día para empezar a ser santo. Es verdad que muchas veces necesitamos que nos liberen de muchas cosas. Nuestro templo se llena de mercaderes, de productos, de cosas que, al final, no nos dejan ver a Dios. Por eso Jesús, de vez en cuando vienen con la escoba y nos invita a hacer limpieza. A tirar todo lo que nos impide ser felices y dichosos, (que eso significa ser santo), a adecentar nuestro templo interior y a empezar de nuevo. Lo hace cada día, en la Eucaristía. Lo hace a través del sacramento de la Penitencia. Lo hace cuando tomamos la Palabra de Dios y la meditamos, oramos y reflexionamos.

Todo bautizado tiene ya en sí el germen, la semilla de la santidad. Como toda semilla, hay que prepararle el terreno, hay que regarla, hay que vigilarla para que crezca. Queriendo que Dios actúe, pero dejando actuar a Dios. Sin ponerle obstáculos, sin aferrarnos demasiado a las cosas. Sabiendo de Quién nos hemos fiado, y dejándonos en sus manos. Como un niño en brazos de su madre, que reposa seguro de que nada malo le sucederá.

Por cierto, algunos hemos tenido la suerte de ver en Roma la basílica cuya dedicación hoy celebramos. Tú puedes verla aquí.

            Vuestro hermano en la fe,
            Alejandro, C.M.F.

Comentarios
Manuel Jesús Manuel Jesús
el 9/11/11
Gracias por este maravilloso vídeo.

Saludos a todos y que Dios nos envíe el Espíritu Santo para ser sembradores de su palabra y pescadores de personas.
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Carmen S Carmen S
el 9/11/11
Jesús, como se limpia tu templo, iglesia fisicamente y se embellece, ayúdanos por favor a limpiar nuestro interior,alma... donde tu Espirítu Santo habita sin hacer distinciones.
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vicente condori vicente condori
el 9/11/11
Nosotros somos templos vivos del Espíritu de Dios, Cristo es la piedra angular y el constructor de nuestras vidas al servicio de Dios y de los hermanos más necesitados.
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katyuska katyuska
el 9/11/11
somos templos donde habita el espiritu de DIOS,construidos por con cimientos seguros ¡CRISTO . NO DESTRUYAMOS NUESTRO TEMPLO, AL CONTRARIO REAFIRMEMOS NUESTROS CIMIENTOS CON LA FE Y LAS BUENAS OBRAS.
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MAYELA MAYELA
el 10/11/11
En nuestro cuerpo gravita el espíritu. Un espíritu que debemos presentar al señor libre de la mugre del pecado que lo contamina y nos distancia de Dios. Jesús en el templo reacciona y llama la atención. Igual debemos comportarnos con todo aquello que ofende a Dios. Estamos llamados a la Santidad, desde la cotidianidad de cada día, en nuestras responsabilidades y en el Amor que profesamos a nuestros semejantes...Señor, que en tu doctrina de amor aprenda cada día, para presentarte mi corazón. Amén
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tito aguirre tito aguirre
el 10/11/11
Homilia concreta, muy bien orientada a los actos de un buen día para empezar a ser santos. Gracias Hermano en Cristo, sigue la inspiración que Él te da,,
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