Comentario al Evangelio del

Fernando Prado, cmf

Queridos amigos y amigas,

Aquellos galileos no eran más pecadores, ¡por supuesto que no! Ni lo eran más, ni lo eran  menos. Todos estamos hechos de una pasta similar o parecida. Cuando contemplamos el barro del que estamos hechos, enseguida caemos en la cuenta de que no somos mejores que los demás. Si somos honestos, incluso nos avergonzamos a veces al ver el gran abismo que hay entre lo que decimos ser y lo que somos. Decimos que somos seguidores de Cristo, pero, humildemente, sabemos que esto solo lo podemos decir con la boca pequeña, con temor y temblor. Nuestra incoherencia, tantas veces visible, nos hace ser forzosamente humildes ante los demás. ¡Qué bien nos viene este ejercicio de realismo y verdad a los que nos decimos seguidores de Jesús!

Sin embargo, a pesar de nuestra débil condición, hay alguien que murió por nosotros y nos amó primero. Y esto, de alguna manera, lo cambia todo. Es Jesús. El mismo que desde su presencia resucitada nos sigue susurrando al oído una amorosa y reconfortante confidencia: “te amo tal y como eres y confío en ti”. Es la buena noticia de Jesús que nos hace saber que siempre hay un viñador que espera. La viña, aunque aparentemente estéril, dará sus frutos. Esto nos llena de alegría. Sabernos amados y queridos por Dios, incluso más allá de nuestra débil condición, nos hace abrirnos al futuro con una esperanza viva: nuestros mejores frutos están por llegar. El viñador los espera, porque confía. Es tiempo, pues, de renovar esta confianza y moverse de donde estamos. Es tiempo de nueva evangelización, sí; pero es tiempo también de una nueva conversión. Dios espera con paciencia por nosotros y sigue confiando. Nosotros, también.

Un saludo cordial,

Comentarios

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herminio
herminio

el 22/10/11
orale... gracias
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CARMEN S
CARMEN S

el 22/10/11
gracias SEÑOR POR linpiar pacientemente la viña de mi vida que la fe me recuerde que me amas por encima de mis devilidades que diste tu vida por los pecadores
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MAYELA
MAYELA

el 22/10/11
Cultivar y cavar en lo más profundo de nuestro ser, para dar los buenos frutos que Jesús espera de nosotros...La conversión es buen inicio y signo de cosecha. Jesús se hace camino, en Él todo se gana y nada se pierde...Señor, que en tu paciencia y espera, encuentre el tiempo para el cultivo de las buenas obras de agrado a ti. Amén.
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U.SALDAÑA.M
U.SALDAÑA.M

el 23/10/11
Si hablamos tan fácilmente de los castigos de Dios, esto se debe a menudo quizás a dos errores nuestros:
(a) Por una parte, PENSAMOS que la justicia de Dios es como la de los hombres y CREEMOS saber quiénes merecen Sus castigos.
(b) Por otra parte, no tomamos en cuenta el aspecto de la otra vida, mas allá de la muerte, y PENSAMOS que Dios debe castigar ( o premiar) a los hombres en la vida presente.
En realidad, sólo hay UN castigo de Dios, y éste es, perderlo a El para siempre. (Ref. Biblia Latinoamérica)

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