Comentario al Evangelio del

José Maria Vegas, cmf

Soy yo, no tengáis miedo

El evangelio de hoy nos presenta tres escenas sucesivas: Jesús despidiendo a la multitud; Jesús orando en soledad; Jesús caminando sobre las aguas al encuentro de los discípulos.

La primera escena cierra el episodio de la multiplicación de los panes: tras haberse compadecido de la gente, curado a los enfermos y saciado a la multitud hambrienta, Jesús se ocupa de ellos hasta el final, y permanece con ellos para despedirlos. Así se muestra la verdadera solicitud del que se ha definido como el buen pastor de su rebaño.
En la segunda se retoma algo que quedó en suspenso a causa de la gente que lo buscaba. Jesús renunció a su retiro para atenderla, pero, una vez que se ha marchado, vuelve a la soledad, el silencio y la oración. Si la oración no puede ser una huida, una excusa para evitar los problemas acuciantes de los hombres, la dedicación a estos problemas tampoco puede excusarnos del trato personal con Dios en el silencio y la soledad. Compromiso y oración se reclaman mutuamente; no pueden subsistir de verdad el uno sin la otra. La oración sin compromiso con las necesidades de los demás está vacía; el compromiso sin oración en la soledad puede ser algo ciego, un altruismo encomiable, pero carente del sello distintivo de la fe cristiana. Precisamente es la fe en Jesús lo que vincula estas dos dimensiones, y lo que las une con la tercera escena.
La fe puede ser a veces producto del temor. Existe una cierta inclinación a pensar que Dios ha de manifestarse por medio de signos que, como el huracán o el terremoto, expresan su fuerza irresistible, su poder, ante el que el hombre no puede hacer otra cosa que temer y someterse. Pero el Dios Padre de Jesucristo se manifiesta más bien en la amabilidad tenue de la brisa, en la cercanía solícita de su propio Hijo. Esta forma de manifestación no quiere inducir al temor sino a la confianza: en medio de la tormenta, de la oscuridad de la noche y con el viento en contra Jesús va al encuentro de sus discípulos. Podemos entender que la barca zarandeada por el viento es una imagen de la Iglesia, que con frecuencia se mueve en medio de un ambiente hostil y contrario, en circunstancias amenazantes que parecen poner en peligro su supervivencia. Los discípulos son presa del miedo, sienten que pueden hundirse, y no tienen ojos para reconocer a Jesús que, confortado y fortalecido por la oración en soledad, es capaz de caminar sereno sobre las aguas embravecidas, por encima de peligros y turbulencias. La fe basada en el temor ve fantasmas inexistentes o percibe en los acontecimientos adversos amenazas y castigos por parte de Dios. Pero no es ese el modo de actuar de un Dios que en la solicitud de Jesucristo hacia las masas enfermas y hambrientas ha revelado su rostro paterno. No es, pues, una voz de amenaza lo que nos dirige Jesús, sino de ánimo y de confianza: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!»

En los tiempos que vivimos, de crisis de fe, de abandono masivo de la práctica religiosa, de hostilidad creciente hacia la Iglesia, podemos sentir también nosotros la tentación del temor y el pesimismo, incapaces de ver a Jesús caminando con señorío en medio de la tormenta. Es importante que sepamos retirarnos a la soledad para aprender a percibir la voz de Jesús que nos da ánimo y nos invita a disipar el temor. Ahora bien, lo que ha de sustituir al temor no es una arrogancia pretenciosa que ignora los peligros y confía sólo en las propias fuerzas. En la actitud de Pedro hay una curiosa mezcla de fe verdadera y de arrogancia. Por un lado, la petición que dirige a Jesús («Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua») tiene algo de desafío y desconfianza («si eres tú»), que recuerda la tentación que los sumos sacerdotes lanzaron a Jesús en la cruz: «si eres Hijo de Dios, baja de la cruz» (Mt 27, 40). A veces exigimos que Dios nos muestre sus credenciales haciendo cosas extraordinarias. Pero hay también algo auténtico en esta petición de Pedro: en tiempos de turbulencias y viento contrario no es de recibo esconderse y buscar refugio en la barca. Esta es también una tentación que debe ser evitada. Cuando pintan bastos algunos cristianos prefieren esconderse, evitar el conflicto, cerrarse sobre sí, aceptando que la fe es sólo una «opción privada», y buscando en la Iglesia un lugar seguro frente a la intemperie. Pero Jesús camina sobre las aguas, en medio de la tormenta, en medio del mundo al que ha venido a salvar a pesar de la hostilidad que le muestra. Como Pedro, hay que estar dispuesto a salir de la barca incluso cuando los peligros acechan. Pero hay que hacerlo con una fe confiada en Jesús, que nos salva de la arrogancia, nos tiende la mano e impide que nos hundamos, enseñándonos que es sólo en Él, y no en nuestras fuerzas, en quien debemos depositar toda nuestra confianza. Sólo así podremos caminar también sobre las aguas de la adversidad y alcanzar la paz que sólo Jesús nos puede dar. Esta tercera escena del Evangelio de hoy nos evoca estas otras palabras de Cristo: «Os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo» (Jn 16, 33).

Estas son las tres llamadas que resuenan con claridad en el Evangelio de hoy: solicitud hasta el final hacia las gentes necesitadas, encuentro con Dios en la soledad de la oración y, por fin, lo que une indisolublemente el primero con la segunda: la profesión de fe de los Apóstoles («los de la barca»): «Realmente eres Hijo de Dios».
 

Comentarios
Norma Norma
el 5/8/11
Si me gusto y mucho para mi como cristiana es un gran desafio porque es en esos momentos dificiles que en la adversidad donde nos debemos aferrar a él y que no nos ciegue el dolor, pero debo reconocer yo personalmente que aveces nos toma tiempo darnos cuenta que sin él no vamos a salir de la tormenta
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enrique alberto enrique alberto
el 7/8/11
excelente...
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Cecilia,Chile Cecilia,Chile
el 7/8/11
fortalece escuchar de boca de Jesús " no temas soy yo",en esos momentos en que la tormenta parece volcar nuestra barca pues al mirarle y oirle sabemos que aferrados a su mano nada malo pasará.
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david mexico david mexico
el 7/8/11
"Del encuentro con Cristo a la solidaridad con todos", dos actitudes esenciales en el discípulo que los obispos mexicanos nos han recordado en nuestros tiempos tan complicados y de grandes exigencias!
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anonimo anonimo
el 7/8/11
Este pasaje evangélico es muy hermoso, nuestro señor quiere hacernos una prueba de fe. Nosotros tenemos que estar preparados para la venida de nuestro señor.
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lorenzo chavez lorenzo chavez
el 7/8/11
muy interesante y analitico. la verdad es que me motivo mucho leerlo.
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anonimo anonimo
el 7/8/11
Es vivificante y revitalizante las palabras de Jesús para la Iglesia de hoy: " soy Yo, no tengan miedo ", que el Espíritu de fe y discernimiento nos acompañe para dar respuestas asertivas en cada momento. Gracias
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mercedes mercedes
el 7/8/11
debemos tener la seguridad de que jesus esta con nosotros en medio de las turbulencias que se nos presentan en la vida.... con la lampara encendida de la fe podemos avanzar sin temor confiando solo en el y en las personas que el nos quiera enviar para ayudarnos .... oremos siempre sin desanimarnos.. y pasemos por este mundo haciendo el bien... como el.... bendiciones para todos......
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mercedes mercedes
el 7/8/11
confiemos siempre en el señor que nunca nos abandona por mayores que sean las pruebas por las cuales tenemos que pasar ... orando sin desanimarnos.. haciendo el bien ... bebiendo en las fuentes de la eucaristia... sacramento del amor.. que el nos dejo para alimentarnos y recobrar nuevas fuerzas cada dia .... dios les bendiga a todos....
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mercedes mercedes
el 7/8/11
debemos de tenr en cuenta que jesus nunca nos abandona por mayores que sean la pruebas de la vida y por lo que tengamos que pasar..confiando siempre en el pasaremos por esta vida serenos y tranquilos.. orando siempre .. y haciendo el bien.. a ejemplo de el... dios les bendiga a todos...
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laura laura
el 8/8/11
esto que acab de escribir en mi cuaderno es muy hermoxo porque enseña a ir a misa y sobretodo a como partir enlla eucaristia
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sheila sheila
el 9/8/11
la vida solo la tenemos una vez en la vida y hay que saber manejarla y esa vida le debemos a Dios nuestro señor
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aidaperu aidaperu
el 10/8/11
si eres tu hazme caminar sobre el agua, cuantas veces le pedimos imposibles esperando que los cumpla y, luego cuando las cosas no salen como quisieramos nos preguntamos por que a mi no me escucha?
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 rosario rosario
el 10/8/11
el señor no nos abandona jamas pero depende de nosostros creer en el ya que la fe es convencimiento de lo que vamos a recibir
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tu prima tu prima
el 11/8/11
masomenos ta el comntario
le pongo un11
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