Comentario al Evangelio del

José María Vegas, cmf
Dadles vosotros de comer
 
El episodio de la multiplicación de los panes prolonga de otra manera el anuncio del Reino de Dios que en las últimas semanas Jesús nos ha explicado por medio de las parábolas. Y es que la predicación no se realiza sólo con palabras, sino también con acciones y signos que encarnan aquellas, y que también hablan de manera elocuente de que el Reino de Dios se ha hecho ya presente.

La presencia del Reino de Dios no excluye las asechanzas del mal (recordemos la parábola del trigo y la cizaña), incluso sus victorias parciales. El arranque del evangelio de hoy se refiere a ello: Jesús se enteró de la muerte de Juan el Bautista y decidió apartarse. No se trata de una huida, sino de un retiro. De hecho, la muerte de un ser cercano pide retiro y soledad. Y Juan no era para Jesús un cualquiera: unidos en el ministerio profético, Juan le abrió el camino, incluso es posible que Jesús hubiera pertenecido a los círculos del Bautista. La muerte de Juan no podía serle indiferente a Jesús, que veía en aquella muerte una profecía de la suya propia. El lugar tranquilo al que se retira Jesús es el desierto (un despoblado). El desierto, lugar de peligros y tentaciones, es también ocasión para experimentar a Dios sin interferencias.

Sin embargo, “la gente” busca a Jesús y él, que buscaba soledad y tranquilidad, no los rehúye, al contrario, los mira y siente compasión, va al encuentro y los cura. Jesús, como vemos, habla y actúa. Es la Palabra encarnada y, por eso mismo, no se limita a predicar, sino que traduce sus palabras en gestos y acciones que confirman la verdad de su predicación. Son acciones cuyo significado aquella gente entendía, pues veía en ellos el cumplimiento de antiguas promesas, que hablaban de curación: “Él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades” (Is 53, 5); pero también de abundancia de alimento: “Oíd, sedientos todos, acudid por agua, también los que no tenéis dinero: venid, comprad trigo, comed sin pagar vino y leche de balde… Escuchadme atentos, y comeréis bien, saborearéis platos sustanciosos”. Y, a través de esos signos, entendían que se cumplía la promesa de una nueva y definitiva alianza, el advenimiento del Reino de Dios.

En estas acciones se descubre la actitud de un Jesús que no evita los problemas más concretos y perentorios de los que acuden a él. Jesús no predica y después despacha a la gente; no les dice, “yo ya os he alimentado espiritualmente, os he ilustrado en la cuestión religiosa; ahora, el pan material y ese tipo de problemas resolvedlos vosotros mismos, a mí no me incumben”. A Jesús le interesa el hombre entero, cuerpo y alma, y es por el hombre entero con sus problemas más concretos por el que siente compasión y trata de encontrar un remedio. Y lo hace, y esto es muy importante, implicando a sus discípulos. Igual que no dice que estos problemas no le incumben, tampoco dice que esos problemas, como el hambre de la multitud, que superan las normales fuerzas humanas, son sólo cosa suya, ya que sólo él tiene el poder de realizar milagros. Los milagros de Jesús no son cosa de magia. Por eso, ante estas necesidades más inmediatas y materiales, Jesús se dirige a sus discípulos y les lanza un desafío: “no los despachéis, dadles vosotros de comer”. Pero, ¿cómo? Se trata de una multitud y nuestras fuerzas y medios son demasiado escasos. Los discípulos han querido que la gente se buscara la vida por su cuenta, pero Jesús los llama a implicarse en un problema que supera sus posibilidades.

Realmente, ante los enormes problemas del mundo en el que vivimos, nosotros, discípulos de Jesús, podemos tener la tentación de pensar que, puesto que nuestras posibilidades son tan limitadas, nos basta con ocuparnos de la parte religiosa, de la oración y el testimonio, mientras que de lo demás es preciso que se ocupen otros, sean los propios interesados, sean los poderes del Estado. Pero, ante esos mismos problemas, Jesús sigue diciéndonos, hoy como ayer, “no, dadles vosotros de comer”. ¿Cómo?, nos preguntamos de nuevo. Jesús, nuestro Maestro, no nos pide imposibles, sino que nos enseña hoy que para poder repartir primero hay que compartir: traerle y darle eso poco que tenemos, que es lo único que nos pide, y ponerlo a su disposición, él tiene la capacidad de multiplicarlo. Por eso Jesús no se limita a hacer un milagro “mágico”, sólo suyo, que no implica a sus discípulos, sino que los llama y hace el milagro de implicarlos, de hacerlos participar en la compasión que siente hacia las gentes, de despertar en ellos la generosidad de entregarle lo poco que tenían (cinco panes y dos peces para los doce, que les garantizaba a ellos solos  y a duras penas su propio sustento) para que Jesús se lo diera a los hambrientos. Cuando le damos a Jesús lo poco que tenemos, ese poco se convierte en mucho, hasta el punto de llegar para todos.

El milagro que Jesús ha realizado es el milagro de la fraternidad, que incluye la voluntad de responder a las necesidades concretas de nuestros hermanos. Y es este milagro que nos une a Jesús, haciéndonos compartir sus propios sentimientos (cf. Flp 2, 5) y nos abre a las necesidades de los hermanos, convirtiéndonos en colaboradores de Cristo en el ministerio de la compasión, lo que establece un vínculo que, como dice Pablo, nadie puede romper: unidos al amor de Cristo de esta manera, como miembros activos de su fraternidad, nada puede separarnos de él. Porque en esta fraternidad las tribulaciones, sufrimientos y necesidades se convierten en ocasiones para experimentar ese mismo amor de Cristo, que nos ve, se compadece, nos cura y nos da de comer, y nos llama a ver, compadecer, curar, compartir y dar de comer.

Entendemos que el pan multiplicado por Jesús en este milagro de la compasión, el compartir y la fraternidad sacia no sólo el hambre del cuerpo. El milagro no es sólo una multiplicación material, sino que establece nuevas relaciones con Dios y entre los hombres. Dios muestra aquí su rostro compasivo en la humanidad de Cristo que llega a la multitud por mano de sus discípulos. Este pan es también el pan de la Eucaristía, como lo muestran los gestos y acciones de Jesús al repartirlo: “alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos”.

Vivimos en un mundo con muchas, demasiadas tribulaciones: se sigue matando a los profetas, como Juan el Bautista, y multitudes de nuestro mundo siguen padeciendo enfermedades y hambre, siguen buscando a quién los cure y sacie. Son muchos los males que amenazan con separarnos del amor de Dios, de la fe en un Dios bueno y providente. Pero nosotros, discípulos de Jesús, sabemos que, en realidad, nada puede separarnos de su amor, y que esa seguridad nos fortalece para mirar a este mundo nuestro con los ojos de Cristo, sentir con él compasión y escuchar hoy, una vez más, su bondadoso mandato, “dadles vosotros de comer”.
Comentarios
Robertino Robertino
el 30/7/11
Gracias P. José. En el lugar en donde trabajo pastoralmente a veces me encuentro con estas situaciones y no se "cómo darles de comer". Su aporte en esta página, es una ayuda muy valiosa.
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Pbro Geovanny Pbro Geovanny
el 30/7/11
Excelente comentario, al leerlo no sólo se "lee" sino que de verdad se va haciendo experiencia del amor de Dios en nuestra propia vida, cuántas veces he necesitado de esta compasión de Jesús? Y, aún hoy Jesús sigue haciéndome el milagro de la multiplicación a través de la Santa Eucaristía.
Gracias José María...
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ORLANDO ORLANDO
el 31/7/11
Me parece un buen comentario a las lecturas, no es propiamente una homilia. Me parece demasiado extenso.
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Ignacio Ignacio
el 31/7/11
Dadles vosotros de comer.-
Pienso que la espectacularidad del milagro del evange -
lio de hoy no tiene sentido para una persona recionalis-
ta como yo. Supongo que el milagro se realizó de otra
forma difícilmente de explicar. De lo que sí estoy segu-
ro es que, de la misma forma en que Jesús contó con
sus apóstoles y con el muchacho de los panes y peces,
para lograrlo, Dios cuenta con nuestras pequeñas apor-
taciones y colaboraciones para atenuar ( nunca erradi -
car ) las miserias de nuestro mundo. Si los paises ricos,
si las personas ricas quisieran abrir un poco las manos
¡ cuántos males quedarían resueltos. Paradójicamente ,
las personas humildes, con sus limitadas posesiones,
son las que más contribuyen a que pueda realizarse el
milagro. Si hay amor hay mila » ver comentario
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karmenfl karmenfl
el 31/7/11
Muy buen comentario. ¿qué podríamos hacer para paliar la hambruna que está cobrándose tantas personas en África?¿Cómo es que no estamos organizados de tal manera que no hubiera uno solo de ellos sin poder llevarse nada a la boca?¿Cómo es que hay problemas para que les llegue el alimento?¿Cómo es que somos tan ineficaces?
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Jhoan M Jhoan M
el 31/7/11
El racionalismo no da cabida a las obras extraordinarias de Dios. La fe en Cristo supera cualquier racionalismo. Cinco panes y dos pecados es la única posesión de la cual tenemos que desprendernos, es la única idea racional que habita pero que puesta en las manos de Jesús se transforma en algo maravilloso: Un Milagro, un hecho de amor, de fe, algo que transforma y sobreo todo abunda... Señor ayúdanos a ofrecerte nuestras racionalidades para que de ellas obtengamos frutos de fe...
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Umberto Umberto
el 31/7/11
muy bonito, gracias!
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amfortas amfortas
el 31/7/11
Ignacio, felicidades primeramente por tu santo, y luego, como sabrás, la razón no es autosuficente. Precisa de la fe para aproximarnos a pasajes como el de la multiplicación de los panes y los peces. Estoy completamente de acuerdo en que son la mayoría de las veces las personas humildes quienes, con lo poco que tienen, más ayudan a los demás. Y, necesariamente, ese privarse de lo poco que se tiene para dárselo a los demás, no se explica si no es desde la fe.
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MAYELA MAYELA
el 1/8/11
El hambre como característica de nuestro cuerpo físico, también es signo que busca saciar un espacio en nuestro espíritu...Satisfacer nuestras necesidades siempre será ocasión para dar Gracias por la obtención de un bien...Jesús vuelve su mirada al Altísimo y el milagro se hace presente para saciar. Multipliquemos a través de buenas obras el pan que realmente alimenta y da vida...Señor haz que el hambre me toque, para sentir la necesidad de saciarme en ti. Amén.
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Claudia Claudia
el 1/8/11
Fraternidad y compasión, me quedo con estos dos propositos a cumplir, la lectura de la multiplicación es maravillosa como el comentario de la misma que hizo el Padre José. Muchas Gracias.
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isaza isaza
el 3/8/11
muy bueno ojala sea asi siempre
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oscar  cortes oscar cortes
el 4/8/11
este avangelio nos sirva para reflexioar atodos ..............
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valentina valentina
el 4/8/11
esta hermoso el evangelio
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valery valery
el 4/8/11
que divino esta el evangelio
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carolina carolina
el 5/8/11
el evangelio no solo los debemos de leer sino tambien de practicarlo
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gabriela gabriela
el 6/8/11
gracias por ponerlo me ayudó en mis tareas gracias :D
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rosalinda rosalinda
el 10/8/11
agradesco qe lo pucieran ayudo en mi tarea ya reflecsionar
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