Comentario al Evangelio del

Jose María Vegas, cmf

Lo que realmente vale

 

La vida humana es elegir, y elegir es renunciar. Los deseos humanos no están dirigidos por los sabios mecanismos de los instintos animales (o lo están en muy débil medida), y en esto estriba la riqueza, pero también el riesgo y el drama de la existencia. El ser humano debe establecer él mismo y libremente la escala de sus preferencias; y como sus necesidades y sus posibles deseos son tantos y tan distintos, a veces tan contradictorios, nuestras decisiones comportan siempre la renuncia a posibilidades atractivas y deseables. Si la libertad es la riqueza del hombre, su ejercicio tiene, hemos dicho, algo de dramático por las renuncias que comporta elegir; y de riesgo, porque nuestras elecciones y preferencias puede ser equivocadas, y contribuir no a nuestro bien, sino a nuestra ruina.

La dificultad de elegir adecuadamente depende además del hecho de que los posibles objetos de deseo venden su producto gritando bondades que no siempre tienen, y prometen formas diversas de felicidad vestidas de mil disfraces, como el placer, el bienestar, el éxito, el poder, la riqueza… Todas esas cosas responden a determinadas necesidades, pero muchas veces tratan de atraer nuestra atención hasta el punto de hacernos olvidar otras necesidades más hondas, más decisivas, aunque aparentemente menos urgentes.

Por todo esto, posiblemente el bien más preciado consiste en saber discernir entre el bien y el mal, y en la capacidad de elegir con tino entre las múltiples posibilidades que se nos ofrecen a diario. Este es el mensaje que brota meridianamente de la primera lectura: Salomón, aunque es rey, se considera un servidor de Dios en favor de su pueblo y, por tanto, en deuda con uno y con otro; por otro lado, se reconoce joven e inexperto. Salomón tenía todas las cartas para pedir a Dios precisamente la capacidad de elegir bien y de discernir entre el bien y el mal. Porque estos bienes no se pueden comprar en el mercado, y sólo hasta cierto punto se pueden adquirir con el estudio: son sobre todo dones y no cuestión de conquista, por eso es necesario pedirlos a Dios en la oración. Pero para recibirlos es necesario desearlos, hacer de ellos objeto de nuestra elección.

Jesús presenta hoy el Reino de Dios como un bien que el hombre puede elegir. Pero, ¿qué es el Reino de Dios, que Jesús ha comparado con semillas que crecen y dan fruto, y que ahora compara con tesoros escondidos y perlas de gran valor? El Reino de Dios no es una “cosa”, un objeto, tampoco un determinado sistema social, un “régimen” de tipo teocrático o laico que se limita a proclamar ciertos valores abstractos. El Reino de Dios hay que entenderlo de manera activa y dinámica: significa “Dios reina”. Dios, la fuente y origen de todo bien, Él es el bien máximo al que el hombre puede aspirar. Por ello, cuando Dios reina en la vida del hombre, éste adquiere la capacidad de discernir el bien y el mal, y la medida que otorga a cada cosa su justo valor. El Reino de Dios es el centro de la predicación de Jesús; es objeto de un anuncio, pero no de una propaganda que nos abruma con sus gritos y sus colores chillones. Jesús lo ha comparado con una semilla que da fruto si encuentra buena tierra, con una palabra respetuosa que busca entablar un diálogo: “No gritará, ni alzará la voz, ni voceará por las calles” (Is 42, 1). Hoy subraya su inmenso valor: es como un tesoro, pero se trata de un tesoro escondido que hay que buscar, por el que hay que esforzarse. Porque su valor es incalculable, es fuente de una alegría que llena al que lo encuentra; pero encontrarlo exige hacer una elección: para obtenerlo hay que estar dispuesto a venderlo todo y comprar el campo en el que se halla. El carácter dinámico e interactivo de la elección del Reino de Dios se refuerza en la segunda comparación: aquí el Reino de Dios se parece, no sólo a una perla de gran valor, sino, sobre todo, al comerciante que la encuentra. Efectivamente, ese enorme valor que descubrimos requiere una actitud activa, una toma de postura, una decisión por nuestra parte. Ser capaces de discernir lo que realmente vale en la vida y elegir en consecuencia, asumiendo las consiguientes renuncias es, al fin y al cabo, lo que decide y discierne la calidad de nuestra vida. A ello se refiere la tercera comparación: la red que, echada en el mar, recoge toda clase de peces, buenos y malos. Esto nos enseña una verdad muy importante: que el tesoro esté escondido, que la perla exija una trabajosa búsqueda, todo esto no significa que el Reino de Dios sea algo esotérico y exclusivo para iniciados o para unos pocos elegidos. El esoterismo, tan de moda en nuestros días, establece divisiones que separan a los hombres según categorías. Pero el mensaje del Reino de Dios se dirige a todos sin distinción. Está escondido, pero en un campo abierto a todos. De ahí la comparación con la red que recoge toda clase de peces. La red es la Palabra que Dios dirige a todos los hombres, sin hacer distinciones entre ellos. Lo que separa aquí a los buenos de los malos depende de nosotros mismos, de la actitud que adoptemos de aceptación o de rechazo de la Palabra.
 
La Palabra es Jesucristo. Él es el que porta en sí mismo el Reino de Dios, porque él es el hombre en el que Dios reina. Él es el tesoro escondido, porque esta Palabra salvadora se ha revestido carne. La carne de Cristo vela y contiene al mismo tiempo ese tesoro por el que debemos estar dispuestos a venderlo todo para comprar el campo. Al tomar esta decisión, aunque comporte renuncias, no renunciamos a nosotros mismos, al revés, en Jesús, primogénito de muchos hermanos, nos descubrimos a nosotros mismos en nuestra verdad más profunda: descubrimos el tesoro de la imagen de Dios escondida en el campo que somos cada uno. La Palabra que nos anuncia el Reino de Dios es salvadora porque rescata lo mejor de nosotros mismos, la originalidad de cada uno; y, al hacerlo, no sólo no nos aísla, sino que, al revés, nos abre de un modo nuevo a los demás, en los que sabemos por fe que habita también, a su manera, la imagen de Dios.

La elección del Reino de Dios, la decisión de dejar a Dios reinar en nuestra vida aceptando en ella a Jesús, es la elección por un bien, el del amor a Dios y a los hermanos, gracias al cual todo nos sirve para el bien. Y es que “el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Rom 14, 17).

Jesús nos llama a tomar una decisión radical en favor un bien incomparablemente más valioso que todos los bienes a los que podemos aspirar en este mundo. Como el tesoro escondido en el campo, este bien no es inmediatamente evidente; pero el que lo encuentra comprende que merece la pena venderlo todo para adquirirlo. Y es que este bien, que es el mismo Jesucristo, hace que todos los demás (viejos y nuevos) adquieran su justo valor, de manera que hasta las renuncias inevitablemente inherentes a toda toma de decisión adquieran un sentido positivo, contribuyan a nuestro bien definitivo y último. ¿Es Jesús y su Evangelio el tesoro por el que estoy dispuesto a venderlo todo?

Comentarios

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Julio Arbusto
Julio Arbusto

el 22/7/11
Muy buena reflexión, muy evangélica, muy cristocéntrica como debe ser. Un saludo enorme desde Uruguay!!
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flor campos
flor campos

el 23/7/11
muy clara la explicacion.- Me ha ayudado mucho para preparar la Liturgia en mi comunidad.- Bendiciones
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karmenfl
karmenfl

el 23/7/11
Muchas gracias.
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Roberto
Roberto

el 23/7/11
Muy buen comentario. Claro. Nada de panfletos. Al grano. Me ayuda a comprender el mensaje de las lecturas de este Domingo que empieza a aparecer.....
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jose abel
jose abel

el 23/7/11
que bueno tener un momento del dia para reflecionar y creer firmemente que jesus es nuestro tesoro saludos desde mar del plata
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daladier
daladier

el 23/7/11
ecxelente muy clara y muy centrada en la realidad que se vive

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Roberto coc
Roberto coc

el 24/7/11
Realmente ayuda a comprender el evangelio, si esto hacemos vida, estamos entrando al campo al que hay que venderlo todo por comprarlo, ojala compremos este campo y luchemos diariamente para vivirla. que dios nos bendiga a todos y a todas.
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Ignacio
Ignacio

el 24/7/11
Hace muchos años, creí haber encontrado el Tesoro
que me haría feliz en la vida. Luché y me entregué por
él. También me asaltó el cansancio de una entrega con
tinuada. Con altibajos fui tratando de sostener el valio-
so tesoro llegando a dudar si merecia la pena luchar por una idea, por una filosofía que, en ocasiones, tan -
to exigía : Ir por la vida denunciando injusticias, adqui-
riendo el adjetivo de persona incómoda para los que de
tentaban el poder y la influencia, renunciado a benefi -
cios adquiridos a través de recomendaciones, antepo -
niendo a mis derechos los de los demás.
Hoy, a través del paso de los años, creo firmemente que ha merecido la pena luchar por ese Tesoro, y aun-
que no me haya reportado beneficios materiales, tengo
la íntima satisfacc » ver comentario
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Pajarito
Pajarito

el 24/7/11
Sobre la predestinación.
San Pablo habló y escribió mucho sobre los predestina-
dos. ¿ Realmente quiso Dios establecer el destino de
los salvados y de los condenados desde la Eternidad ?
Si Dios sabía, debido a su omnisciencia, quien iría al cie
lo y quien al infierno, ¿ por qué no evitó la vida de los
futuros condenados ?. En este caso la libertad no ha -
bría existido, seríamos animales o marionetas.
Misterios y más misterios.
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Araceli
Araceli

el 24/7/11
Gracias por el comentario, me gustaria que algu-
nos sacerdotes lo leyeran en las homilias y no que no se preparen y el mensaje no se entienda. Todos los domingos lo leo.
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Juan Gaete
Juan Gaete

el 24/7/11
Hermosa reflexión. Un abrazo desde Paraguay.
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Laureano
Laureano

el 24/7/11
Gracias hermano por tus aportes. Todo a punto, me encanta tu claridad. Bendiciones.
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Remedios
Remedios

el 24/7/11
Un regalo para hoy este comentario. Gracias.
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Omar Javier
Omar Javier

el 24/7/11
No sólo la reflexión de hoy, sino también las que ha ido realizando a lo largo del presente año han sido sumamente bonitas, cuestionantes y enriquecedoras, me han ayudado para prepararar adecuadamente la reflexión dominical. felicitaciones y gracias.
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reemberto
reemberto

el 24/7/11
Que bella descripcion del reino de Dios, y la responsabilidad del cristiano ante este anuncio. Jesús nuestro Tesoro. Dios le bendiga.
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gladys
gladys

el 24/7/11
Excelente comentario,nos ayuda mucho a comprender
aceptar,a buscar y aplicar la palabra de Dios en nuestra
vida en medio de un mundo tan distraído en la cosas que nos alejan de El.
Dios los bendiga.
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antonio
antonio

el 24/7/11
gracias por el comentario me da luz para la predicacion dominical saludos de mexico
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roque melo
roque melo

el 24/7/11
gregorio magno quien,predicando al pueblo,comenta de este modo la parabola de los obreros de la viña: fijaos en vuestro modo de vivir,querisimos hermanos,y comprobad si ya sois obreros del señor.examine cada uno lo que hace y considere si trabaja en la viña del señor.
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ROQUE MELO
ROQUE MELO

el 25/7/11
jesus que nos invita a reflexionar sobre nuestra vida,a dejar a un lado nuestras ideas preconcebidas para buscar un nuevo sentido a la voluntad de dios,a ir mas alla del simple cumplimiento de la ley a dar PLENITUD a nuestro actos y poner nuestra confianza en el para dejarnos transformar por su amor aconvertirnos y cambiar nuestra vida para que todo en ella tenga un nuevo sentido:cumplir la volutad del padre con la medida del AMOR.
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LUPITA TAPIA
LUPITA TAPIA

el 27/7/11
MUCHAS GRACIAS POR FIN ME QUEDA CLARO DESPUES DE ESCUCHARLO COMO 30 AÑOS
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alexa acosta
alexa acosta

el 30/7/11
estuvo vueno grasias señor
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