Comentario al Evangelio del

Silvia Ugarte

Queridos amigos:

Hace unos días comentábamos sobre nuestra comprensión del poder, la forma de ejercerlo o imponerlo, y su relación con el servicio. Cuando nos referimos al poder como la facultad de gobernar, establecemos un vínculo con la autoridad. La escena evangélica que nos propone la liturgia para hoy nos presenta un diálogo entre Jesús y los letrados de su tiempo sobre la autoridad. El transcurso del mismo no muestra mucha afabilidad. A Jesús le piden explicación por sus acciones (revuelta provocada en el Templo: Mc 11,15-17) y no parece que sea en tono muy agradable. Y Él responde con nuevas preguntas, quizá porque intuye las segundas intenciones de sus interlocutores. Y acertadamente consigue que estos últimos se queden sin argumentos, de modo que no logran llevar a término la reclamación que pretendían.

A diario todos tenemos algún tipo de contacto con la autoridad, ya sea porque la ejercemos o porque debemos obedecerla. Una situación u otra nos lleva a reflexionar sobre nuestro rol en ambas.

Pensemos en un momento que somos nosotros los letrados. Hemos visto lo que ha hecho “ese hombre” ¿cuál sería nuestra reacción? Seguramente muy similar. Lo que está constituido como norma debe ser acatado y, por ende, quien lo transgreda tiene que dar  explicaciones, o mejor, recibir un castigo. Si no fuera de esa manera, no habría un mínimo de orden en la sociedad. Del otro lado, situémonos en la perspectiva de Jesús. Hemos manifestado públicamente nuestro desacuerdo con el orden reinante y ahora se nos exige responsabilidad. ¿Seríamos capaces de sostener nuestra postura, incluso “desafiando” a la autoridad?

No es sencillo percibir la necesidad de cambios en la sociedad, a menos que la autoridad sea abiertamente contraria al bienestar de aquellos a quienes sirve. Es más cómodo permanecer como siempre porque “más vale malo conocido que bueno por conocer” (con lo cual estaríamos en la edad de piedra). Es decir, el discernimiento constante sobre lo que debe ser mejorado o eliminado, fomentado o disminuido, no es tarea fácil y automática. También es aplicable a nuestra vida personal, no sólo a escala social.

Que el Señor nos conceda la sabiduría para distinguir entre lo que nos pueda convertir en “rebeldes sin causa” y lo que nos lleve a ser “esclavos de la ley”.

Vuestra hermana en la fe,
Silvia Ugarte

Comentarios

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Carmen
Carmen

el 5/3/11
Gracias Silvia, me ha ayudado.
Escribes muy bien.
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macadenen
macadenen

el 5/3/11
hola, disculpen todos pero no entiendo en la totalidad el evangelio. Me lo pueden explicar por favor.
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sofi pulido
sofi pulido

el 5/3/11
Es difìcil aplicar la autoridad cuando se desconoce la ley y la inseguridad la reflejas.
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JACKY.
JACKY.

el 5/3/11
CUANDO LEEMOS LA PALABRA DE DIOS, DEBEMOS HACERLO PENSANDO QUE ES DIOS HABLANDONOS, POR LO QUE JAMAS DEBEMOS HACERLO APRESURADAMENTE, DEBEMOS DETENERNOS ALLI DONDE NUESTRO CORAZON SE SIENTE CAUTIVADO Y PERMITIR QUE EL ESPIRITU FLUYA Y NOS DEJE COMPRENDER LO QUE NOS DICE A NOSOTROS, PERO TAMBIEN ES NECESARIO ESCUCHAR LAS INSPIRACIONES DE OTROS PUES ALLI TAMBIEN PUEDEN HABER RAYITOS DE LUZ PARA NOSOTROS, HOY ESPECIALMENTE, ME ENCANTA CUANDO DICE: "Doy gracias y alabo y bendigo el nombre del Señor" SIEMPRE CREO QUE ES NECESARIO COMENZAR A ORAR ASI, DANDO GRACIAS AL SANTO NOMBRE DE JESUS QUE TANTO NOS HA CONCEDIDO...Y EN EL EVANGELIO CUANDO DICE: "No sabemos"...ME LLAMA A LA ATENCION EL CINISMO QUE ASI COMO ANTES, HOY ENCONTRAMOS A NUESTRO ALREDEDOR, ES POR ESO QUE JESUS NOS DICE QUE SEAN MAN » ver comentario
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damaziitoh
damaziitoh

el 9/6/11
graciias mee hee ayudadoo mucho ..!
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