Comentario al Evangelio del

Fernando Torres Pérez cmf

 

 

      Zaqueo no era como los de la iglesia de Laodicea, de los que el autor del Apocalipsis escribe que no eran ni fríos ni calientes. Hay algo que inquieta a Zaqueo, aunque probablemente ni él mismo sabía lo que era. Algo por dentro le decía que su vida no iba bien. Había ganado mucho dinero pero se había ganado de paso el odio de sus conciudadanos. No tenía problemas económicos pero estaba más solo que la una. Quizá se estaba comenzando a dar cuenta de que las mejores cosas de la vida no se consiguen con dinero ni con poder. Porque lo mejor de la vida es el cariño, los amigos, la relación con los hermanos, la familia... Y generalmente el dinero destruye esas cosas. Si alguno de los lectores piensa lo contrario, basta con que recuerde algunas de las familias que todos conocemos a las que el reparto de una herencia ha supuesto la división y el conflicto insuperables. 

      Lo malo es cuando no tenemos ninguna inquietud, cuando el dinero ha funcionado como un somnífero que nos deja adormecidos, que nos cierra los ojos y los oídos y nos impide ver la realidad que nos rodea. A veces el dinero es tanto que permite construir materialmente altos muros que impiden ver el mundo de miseria y desamor que existe a veces a la vuelta de la esquina. 

      Pero Zaqueo sentía esa inquietud. Por eso, salió de su casa. Le dio lo mismo que sus vecinos le mirasen con el rencor y el odio propios de quienes se habían sentido ultrajados y robados por aquel que era un sicario de los romanos, el que se encargaba de cobrarles los impuestos que eran el signo del dominio y la opresión del imperio sobre ellos. Y, como era bajito, se subió a un árbol. Desde lo alto podría ver mejor. Y, además, estaba separado de aquella multitud con la que no se sentía bien. Buscaba algo pero no sabía qué.

      Y Jesús pasa por allí y se fija en él. Le dice dos cosas. La primera es que baje del árbol. Su sitio está con sus hermanos. No hay que separarse. No hay que considerarse superior. Hay que bajar en todos los sentidos. A la altura de los demás. Y lo segundo es que Jesús se quiere alojar en su casa. A partir de ahí puede suceder de todo. Dependió de la apertura de corazón de Zaqueo. Por lo que dice el Evangelio, la visita no fue en vano. Volvió a ser hijo de Abrahán y resarció a todos los que había robado. La humanidad perdió un opresor y ganó un hermano. ¿No es eso el reino?

Comentarios
xose luis ponce xose luis ponce
el 16/11/10
convertir al opresor para liberar al oprimido...Leonardo boff.
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Amanecer Amanecer
el 16/11/10
Hola. Como Zaqueo a mí también me gustaría escuchar a Jesús diciéndome que me "baje" del árbol y que viene a mi casa. ¡qué difícil poder decir que sí, que encantada!. Pero eso me obliga a ESCUCHAR de verdad y a obrar en consecuencia tal y como hizo Zaqueo. Cambiar de actitud.
La reflexión me ha resultado muy interesante y clarificadora.
Saludos.
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vicente condori vicente condori
el 16/11/10
Zaqueo era pequeño un signo de humildad. Pidamos a Dios que siempre nos permita mirarlo, aún como Zaqueo subido de un árbol, para descubrir su infinito amor.
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Andrés Andrés
el 16/11/10
¡Que importante es ESCUCHAR! tal vez en algunas actitudes de Zaqueo, pero su persona nos dice que nunca es tarde, para volverse al Amor de un Dios COMPASIVO.
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maria ines maria ines
el 17/11/10
ojala y como zaqueo busquemos a jesus y en las dificultades de las pruebas el nos diga baja que hoy voy a tu casa y ojala estemos preparados y lo esperemos siempre como el lo hace on nosotros siempre con sus brazos abiertos a la espera de sus hijos . volvamos como zaqueo al jesus no esperemos a que sea demasiado tarde jesus siempre nos esta esperando vayamos a el
y escuchemoslo siempre
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