Comentario al Evangelio del

Pablo Largo, cmf

Queridos amigos:

Ayer mismo señalábamos el juicio de un periodista sobre un tardío autor teatral: había malgastado larga parte de su vida en algo más bien vulgar: ganar dinero. No sabemos en qué empleó el dinero, pero el evangelio nos dice en qué ha de emplearlo el seguidor de Jesús y cómo puede “redimir” la dedicación a ganarlo. El administrador deshonesto se valió de los bienes del dueño para hacer amigos; también nosotros podemos usarlo en una buena causa: la de hacernos grandes amistades cerca de Dios.

Un modelo de buena gestión del dinero es justamente el publicano Zaqueo, que promete repartir la mitad de los bienes entre los pobres. Más adelante (Lc 21,1-4) destacará Jesús el gesto de la viuda que echó al cepillo del Templo todo lo que tenía para vivir. Y la Madre Teresa de Calcuta decía: “Hay que dar hasta que duela”. Son llamadas a superar la mezquindad a la hora de compartir lo que se posee.
El tercer evangelio muestra una preocupación particular por la cuestión de los bienes: no hemos de parecernos al latifundista que tuvo una gran cosecha y se prometía largos años de vida y disfrute, siendo así que a la noche siguiente le pedirían el alma; ni hemos de agobiarnos por el alimento o el vestido; ni ser como el rico anónimo que comía y vestía espléndidamente y se mostraba indiferente ante la miseria de Lázaro; y tampoco como el que había observado todos los mandamientos desde su juventud, pero se retiró entristecido cuando Jesús lo invitó a vender todos los bienes y seguirlo.
El drástico contraste sentado por Jesús entre Dios y el dinero nos hace recordar Col 3,5: “la codicia es una idolatría”. Se nos ha dicho en estos tiempos que la grave crisis económica que padecemos tiene raíces morales; el mensaje de Jesús señalaría las raíces religiosas, tan vinculadas a las morales. En el Magnificat, María canta, de acuerdo con las bienaventuranzas que proclamará Jesús: “a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos”. Añadamos al grupo de los hambrientos a los que usan sus bienes en una buena causa y ganan amistades entre los hijos de la luz.

Vuestro amigo
Pablo Largo

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