Comentario al Evangelio del

Enrique Martinez, cmf

 

UNA ORACIÓN EMOCIONADA


 

          Las palabras de Jesús, en forma de oración, están cargadas de emoción, y nos descubren su intimidad. No es la única vez que Jesús se emociona en el Evangelio. Podemos recordar cómo se le saltaron las lágrimas al saber la muerte de su amigo Lázaro, o su profunda tristeza al contemplar la ciudad de Jerusalem que se cierra a su mensaje y mata a los profetas. En nuestro caso, la emoción de Jesús se convierte en oración agradecida al Padre porque ha revelado las cosas del Reino a los sencillos (entiéndase especialmente a los discípulos) y se las ha escondido a los sabios y entendidos. 

          No es que esté ensalzando la ignorancia, la falta de formación, el desconocimiento de la doctrina.  Pero  comprueba que los pobres, los sencillos, los que menos pintan a los ojos de los poderosos de todos los tiempos, y en particular ese grupo de «pequeños» discípulos que le siguen... tienen el corazón mucho más cerca de Dios. Y el gozo de comprobar esa apertura al amor de Dios, le provoca una profunda emoción, y siente la necesidad de agradecerlo: «Sí, Padre, así te ha parecido mejor».

        Esos «sabios y entendidos» a los que se refiere el Maestro son los escribas, fariseos y príncipes de los sacerdotes, que lo están rechazando. Ellos no saben dar gracias. Están tan seguros de sí mismos, y de lo que consiguen con su propio esfuerzo, con su sabiduría, con su «conocimiento» de las Escrituras, con su verdad dogmática e indiscutible, que no saben agradecer: todo se lo merecen, se lo ganan a pulso. En cambio, el pequeño, el pobre, el que se ha fiado de Él, el que se sabe sin méritos propios, se emociona con la novedad de Jesús, les hinchan lo pulmones y el corazón este Dios Padre que ha optado por ellos, que la escuchado su necesidad y su pobreza, y no les da vergüenza alabar y cantar tanto amor derrochado.

      También hoy podría decir algo parecido: cuántos hombres tan «cultos», tan intelectuales, tan  racionales, que absolutizan tanto lo que se comprueba y demuestra... que se pierden todo lo demás y les resulta incomprensible, cuando no absurdo, todo lo que tiene que ver con la fe, con el Evangelio, con lo espiritual. 

      Y cuántas veces, también hoy, mucha gente sencilla tiene una experiencia y conocimiento de Dios seria y profunda. Quizá no sepan explicarla, quizá no puedan discutir con «los entendidos», pero la viven, les hace bien, les llena de esperanza, de fuerza interior para seguir caminando cada día. Bastante más que no pocos especialistas que no consiguen pasar su «fe» de la cabeza al corazón, y a la vida. Aquéllos se han sentido transformados. Éstos dan muchas lecciones, corrigen, enseñan, incluso desprecian a esos pequeños... pero no se sienten «atrapados» por la fuerza del Amor de Dios. 

        Y si hoy te mirase a ti, ¿qué sentimiento le provocaría? ¿Descubriría en ti a un «enterado», a uno que «sabe» cosas sobre la religión, a alguien que realiza prácticas religiosas? ¿O a alguien que tiene una experiencia personal de Dios, que lo siente, lo vive y lo transmite con su vida? ¿Estallaría también en una oración alegre y agradecida, o sentiría pena por lo que te estás perdiendo?

       También las palabras de oración de Jesús nos revelan lo que ocupa el centro del corazón y de su vida: su estrecha relación con el Padre. Algunos opinan que esta palabra «Padre» (Abbá) resume todo el mensaje y la misión de Jesús. Él mismo nos dice que nadie conoce mejor al Padre, y que nadie conoce al Hijo mejor que el Padre. Una relación muy estrecha que se construye, se alimenta y profundiza en sus ratos de oración: a veces noches enteras, a veces breves momentos como el del Evangelio de hoy para comentar al Padre las cosas de la vida cotidiana.

      Su gran preocupación fue descubrir, asumir y llevar a la práctica siempre la voluntad del Padre. Para Él fueron sus últimos palabras en la cruz. Y sobre él versa la oración de sus discípulos: el Padrenuestro. Parece como si no pudiera dar un paso sin tener presente a su Padre. De hecho, el Padre está continuamente con él... aunque a veces, como en la cruz, parezca que no está.

    Pero hoy «toca» emocionarse al descubrir el trabajo callado, sorprendente y fantástico que el Padre va haciendo en tantos hermanos (y en mí mismo) y dejar que se escape una oración espontánea, alegre, de alabanza.

Enrique Martínez cmf. 

Comentarios
Luis Gasco Luis Gasco
el 14/7/10
Es verdad que Dios se oculta en el corazón del hombre y el descubrirlo amerita un espíritu de humildad y de fe.
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marco a marco a
el 14/7/10
Si nos ponemos a pensar que representa Dios para el hombre, primero tenemos que definir que ha hecho Dios al hombre.
Ser su creador, hacer el planeta tierra en donde puede respirar, comer, disfrutar de la compañía de las personas, poder disfrutar de las bellezas naturales de bosques, cascadas, playas. etc. etc. etc.
Y lo más importante mandar a su hijo único, para que por medio de su sacrificio perdonara nuestros pecados.
Ahora, si hemos meditado esto, debemos o no, darle culto a Dios, cumplir sus mandamientos y ayudar a la Iglesia en su misión.
Pero cuando las personas se vuelcan por las riquezas, las atracciones del mundo como sexo, poder u orgullo i falta de respeto a la vida, se están colocando una venda que les impide ver la verdad que da Jesucristo nuestro señor
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Luis Morel Luis Morel
el 14/7/10
Acabo de predicar un retiro sobre la infancia espiritual, tema, tampoco muy apreciado por los "doctos", y agradezco mucho este comentario evocando las palabras de Jesús: "Si no se convierten en niños..."
tal como lo fue el mismo Jesús. No es camino fácil, supone mucho heroísmo de confianza y de estar preguntándose siempre como agradar a Dios Padre.
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J.Fco. Murcia J.Fco. Murcia
el 14/7/10
No cabe duda que la oracion es un dialogo intimo de corazon a corazon entre el padre que me ama y yo que reconozco amado.
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