Comentario al Evangelio del

Rosa Ruiz, rmi
La Iglesia celebra hoy a Santa Catalina de Siena, canonizada por Pío II el 29 de junio de 1461, nombrada doctora de la Iglesia junto a Teresa de Jesús por Pablo VI en 1970 (reconocimiento dado hasta ese momento sólo a varones); y finalmente, declarada Patrona de Europa junto a Brígida de Suecia y  Edith Stein por Juan Pablo II. Maestra de espiritualidad, acompañante y directora de todo tipo de personas, desde los más sencillos a los más alto cargos, cardenales, obispos…, en continua búsqueda de la paz y la renovación para la Iglesia. Todo esto en una mujer analfabeta que sin más conocimientos que su experiencia de Dios, fue sacando luz de sus propias tinieblas y mediocridades.
 
“Dios es luz sin tiniebla alguna”, dice la 1ª lectura hoy. ¡Qué gran noticia! ¡Un lugar donde no hay sitio para la oscuridad! Ese lugar es el regazo de Dios, su corazón, lugar luminoso y de reposo, como un “área de descanso” permanente en la autopista de nuestra vida.
 
Y desde luego, lo necesitamos. ¿Acaso alguno de nosotros es luz y solo luz? Nadie… Nos engañamos si decimos que nada hay oscuro en nuestra vida, tibio, frío… ¿Pero será esto acaso motivo de tristeza y culpa? ¡No! Tenemos un abogado defensor a tiempo completo, más allá de honorarios (¡no tiene precio!), más allá de cláusulas y condiciones… El salmo de hoy lo expresa muy bien:
 
Dios perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades,
rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura.
Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por nosotros
porque él conoce nuestra masa, se acuerda de que somos barro.
 
Sí, somos de barro. Pero un barro modelado por el mejor de los Artistas; Aquel que sabe plasmar hombres y mujeres de un puñado de arena y agua: “hijos en el Hijo”, moldeados por Sus Manos, llamados a vivir en la transparencia del propio barro, dejando traslucir la Luz que nos habita, esa Luz que Dios mismo prende en nosotros y crece entre nuestras tinieblas.
 
Esta es la gran noticia, ¡el secreto de nuestro descanso!… ¡Venid a mí!, dice Jesús. ¡Vayamos a Él!, responde nuestro corazón… Y entonces podemos cargar con su yugo sin que el peso quiebre nuestras fuerzas. Más aún, podremos compartir la carga de los demás, alumbrados por su Luz y su Presencia. Él se acuerda que somos de barro, no lo olvides tú; no lo desprecies tú, que Dios lo ama y lo convierte en portador de su Luz.
Vuestra hermana en la fe,
Rosa Ruiz, misionera claretiana
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