Comentario al Evangelio del

Carlos Latorre, cmf

A estas alturas del sermón del monte el discípulo de Jesús podría sentirse sobrecogido ante las exigencias tan radicales que plantea el reinado de Dios, pues desbordan  nuestra capacidad humana. En este texto Jesús nos viene a decir que dicha enseñanzas no se pueden cumplir a través del sólo esfuerzo humano, sino que tanto el  comprenderlas como el ponerlas en práctica son un don de Dios a través de la oración.

    El texto de Mateo que leemos hoy recoge la enseñaza de Jesús sobre la confianza absoluta que el discípulo ha de tener en el Padre, porque el Padre celestial sabe lo que necesitamos. ¿Qué padre sería capaz de dar una piedra a su hijo que le pide pan? Cuánto más el Padre del cielo nos dará cosas buenas a sus hijos más pequeños que le pedimos con toda sencillez lo que necesitamos.

    Como es natural pedimos el pan y el pescado, es decir el alimento  de cada día y lo que necesitamos para vivir. Pero sin olvidar que no sólo de pan vive el hombre: la vida espiritual es el desafío más profundo al que todo cristiano debe enfrentarse sobre todo en este tiempo de cuaresma.

    Guardo con mucho cariño el recordatorio de defunción de una persona muy querida que nos regaló como despedida este texto:

    ¿Estás en paz? Reza. La oración te conservará
    ¿Eres tentado? Reza. La oración te sostendrá.
    ¿Has caído? Reza. La oración te levantará.
    ¿Estás desanimado? Reza. La oración te fortalecerá.
    ¿Está abandonado? Reza. La oración hará que Jesús se acerque a ti.
    ¿Te ves perdido, no sabes ya qué va a ser de ti? Arrójate en la oración: no razones, no     pienses, es decir, reza, porque el Padre del cielo nunca te abandona.


    Estamos adentrándonos en el tiempo de Cuaresma. La vida espiritual es un don que hay que pedir y no se nos dará sin esfuerzo por nuestra parte, sin una búsqueda consciente y constante de las cosas de arriba.

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